Por: Ricardo Hernández 27/08/2012 | Actualizada a las 10:21h
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Durante
la mañana de este domingo estival me he
puesto a leer bajo los árboles de almendras, y de vez en cuando cae el fruto
maduro al suelo y se escucha un ruido seco.
La sombra es agradable, y el murmullo del aire provoca una atmosfera apacible.
A mi alrededor hay pasto verde, y en frente una plazoleta con cuatro faroles que forman un
cuadrado… es un bello jardín. Mientras leo algo de Freud sobre los sueños, y
hojeo como en un comercial a Goethe su obra literaria “Fausto”, el tiempo se me
pasa muy de prisa, y, solo volteo a mi
lado cuando oigo ese ruido seco de las almendras que caen precipitadamente por
la gravedad, enseguida me detengo en observar el color purpura de algunas de ellas, pues otras,
en cambio, son verdes y amarillas.
Las hojas grandes y gruesas del almendro, son de color verde y rojas. Al tener
un fruto en mi mano, me hace recordar cuando tenía ocho años de edad, por aquel
entonces, vivía en ciudad Mante, -ahí se dan en abundancia éstos árboles-, ydisfrutaba comiendo muchas almendras. Desde
hacía ya muchos años que no había vuelto a comer un fruto de éstos, mucho menos
cobijarme bajo su sombra, aunque he de decir que a ésta sombra le ayuda mucho
la paredalta de la escuela que está a
mis espaldas, y que es donde cuidamos
Alejandro y yo.
El primer día que nos tocó trabajar aquí, platicamos con máscalma durante la noche, ya que de tanto ver estudiantes y trabajadores pasearse por los
pasillos, el día se hizo como un instante. Alejandro cuida en una caseta por el
lado del estacionamiento y yo en la entrada principal de la institución. Por la
noche cuando ya no hay nadie deambulando por la escuela, nos reunimos en la
plazoleta a platicar alumbrados por la tenue luz de los faroles, descansando en
las bancas grises de concreto, bañados a veces por el resplandor de la luna.
Cuando nos presentamos le dije:
Me llamo Polo a secas y me apellido Luna, mi madre tiene la costumbre de
decirme polito de cariño a pesar de que ya soy todo un hombre. Me gusta observar
la luna, las estrellas… creo que soy muy soñador, eso me mantiene despierto
durante la noche. ¿Y tú?
Yo me llamo Alejandro Malacara, me dicen el “Cachetes” ¡ya sabrás por qué! –Se
carcajeó mi compañero en tanto veía inquisitivamente a su alrededor y continuó:
-Me gustan los animales, como los perros por ejemplo, que por cierto no los veo
cerca de aquí…
Esas conversaciones se prolongaron noche tras noche, por cierto, muy calurosas
noches de verano. Con el tiempo, nos dimos cuenta que no éramos los únicos que
cuidábamos la escuela, había alguien más: “El manchas”, “Polar” y “La
negra”.Tres perros que según versiones
de los trabajadores, llegaron solos, cada uno por su lado. Al preguntarle a
alguien sobre el nombre de un perro, no hubo tal respuesta, así es que se me
ocurrió ponerle un nombre a cada uno y a falta de saber a ciencia cierta a qué
raza pertenecen, solo me limitaré a describir lo que veo en ellos:
“La negra” es una perrita chaparra, color negro, por lo general siempre anda
escondida y donde quiera se anda echando, su pelo es liso; “El manchas” es de
color blanco salpicado de puntos negros, complexión delgada y su pelo (al igual que la
negra) es liso. Cuando corre es ligero, hábil, tiene la capacidad de ser atento,
es dinámico, juguetón y muy abusado,
pues al menor ruido siempre está alerta. “Polar” es un perro grande, su figura
se parece a la de un lobo; tiene abundante pelo blanco, su nariz es rosada y
sus ojos son cafés claros.
“Polar” siempre permanece vigilante, está alerta durante la noche. No se
distrae fácilmente y ladra por cualquier ruido cercano que escuche. “El manchas”
y “Polar” son muy juguetones, juegan cada vez que se encuentran. Mientras leo
bajo la fresca sombra de las ramas de los almendros, me doy cuenta que “Polar” se
encuentra en la entrada principal de la escuela, y “El manchas” a mi lado,
de“La negra” ni sus luces. Esas han
sido hasta ahora sus costumbres. Todo parece perfecto en este día cálido: el
tibio aire, el susurro de las hojas de los árboles; el canto de los pájaros, el
ruido seco de las almendras cuando caen; el claro azul del cielo; las montañas
azules, sobre todo, disfruto de esta paz
inmóvil.
Pienso continuar leyendo hasta que caiga la noche y se enciendan los faroles
del jardín, es entoncescuando nos
podemos reunir el “Cachetes”los perros
y yo… Polo.
Ricardo Hernández Hernández
Poeta y columnista
Colaborador del portal:” Hoy Tamaulipas” hasta la fecha.
Actualmente estoy cursando un “Diplomado en Creación literaria” en la Biblioteca del Centro Cultural Tamaulipas, con el maestro José Luis Velarde.
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