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Sección: Editoriales / En la Remington

Diario de un loco

Por: Ricardo Hernández 15/08/2012 | Actualizada a las 21:49h
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Observo  la desnudez de mi cuerpo  ante el viejo espejo del ropero para escribir sobre algo en especial, quizá de un lunar, una mancha, o, alguna cicatriz; pero al reflexionar que nada de todo esto me motiva, me vuelvo a vestir poniéndome el short rojo y una playera blanca; camino descalzo por mi cuchitril, a veces no encuentro temas de que escribir y sin embargo, ¡hay tantas cosas de las que uno puede hablar!
 
Se me ha ocurrido, de pronto, hacerme un auto retrato, describiéndome tal cual soy, esa fue la idea de verme frente al espejo (solo que el viejo espejo miente), de momento se me ocurre  pensar en las esculturas de Miguel Ángel como el “David” o en algunos de sus cuadros: ¿admiraba ese genio del Renacimiento la desnudez humana? Su obra parece indicar que sí.
 
Mi áspera mano no es capaz de entonar el lápiz con delicado pulso para realizar un buen boceto, sin embargo, puedo referirme a cualquier parte de mí aunque solo sea como una tontería. Por medio de palabras, soy capaz de pintarme sin mucho esfuerzo, ya que para ello, abundan los adjetivos. Podría comenzar mi descripción diciendo: “Soy chaparro, ojos negros, panza abultada…”, y,  aunque me siga observando me detengo en pensar en qué más de los tantos defectos que poseo de naturaleza, debo mencionar, bueno, tal vez decir que tengo una manchita en el lado izquierdo  del estómago, a un lado del ombligo, con la forma de una mariposa, la mancha es oscura.
 
Poco me detengo en curiosear sobre alguna seña particular de mi madre, pero hace unos días, me percaté que en su chamorro derecho, tiene una mancha igualita a la mía y sin que ella lo notara, estiré la vista para examinarla con detenimiento, entonces no hubo duda que heredé esa mariposa dormida que posa sobre mi cuerpo: ¿Qué misterio encerrará esa figura?,  ¿Cuál su significado esotérico? Tal vez por eso me veo volar por el cielo y que aquellas imágenes oscuras y oníricas  en que me veo como una hoja arrastrada por el viento, es en todo caso, esa mariposa que lleva mi espíritu a deambular por lugares ignotos, ¡gracias a Dios que no al averno!.
 
Tengo muchas preguntas que hacerle a mi madre con respecto a esa mancha oscura. Para empezar saber si ella reconoce que ese lunar o mancha o lo que sea  es una mariposa -si dice que no-, le sujetaré de su pantorrilla,  le repintaré con un marcador o con una pluma el contorno de esa figura de carne para que se convenza de que efectivamente es una mariposa, si antes de que haga tal pretensión dice que sí es una mariposa, la cuestionaré, entonces: ¿De quién la heredó? ¿Y a su vez? ¿Y a su vez? ¿Y a su vez?… de tal suerte que lleguemos con ello a un resultado.
 
¿De todo mi distorsionado cuerpo solo osé en hablar de esa mancha? Bueno, ahora que me veo las manos, me fijo en las cicatrices de los dedos,  así como de la rodilla derecha, del antebrazo, y  una más en el centro de la cabeza,  tal vez por eso me volví un poco loco con aquel desafortunado golpe, y con respecto a mi demencia ésta tiene sus épocas como las estaciones del año (que por lo general los 365 días del año).
 
Cuando me encierro en mi cuchitril,  platico con las cucarachas, con las arañas, y cuando llueve ligeramente y se ve el agua como una cortina, comienzo a danzar en círculo en el patio trasero, donde hay un árbol de plátano, unos nopales y un rosal. En una de esas ocasiones de lluvia, solté al perrito de la vecina, que yacía amarrado al pie de un árbol de donde me encontraba danzando al son del aguacero y tal vez de agradecimiento, el perrito comenzó a dar vueltas en círculos de tras de mí, después se me vino el deseo de escribir en mi Diario esas paranoias; luego  me pregunté para mi sorpresa y asombro sobre qué  genio pudo haberlas escrito.
 
Mi madre por ser mi madre, siempre me concede la razón (aunque yo nunca la tenga) y a la gente no la entiendo cuando se me queda mirando como si yo fuera un bicho raro, o como una especie en extinción, bueno, me ponen en duda: ¿no me habré convertido en una cucaracha?, ¿en una araña, acaso? ¿Por mi barba negra, larga y espesa? ¿Por mi gorro rojo de pana? Bueno, ¡qué diablos importa lo que piense la gente! A mí me agrada  tal cual soy, no sé quien sería de no haberme dado ese golpe en la cabeza que por poco pierdo la vida.
  Esta noche, en el interior del baño, mientras mastico un mendrugo de pan escribo sentado en el piso y apoyo mi Diario sobre la tapa del sanitario. Se me ocurre la idea de bajarle a la palanca de vez en cuando para desechar  las ideas inconexas que no me llevan a nada bueno, que de bueno no he escrito nada hasta el momento, me quedaré por un momento más, hasta que mi cerebro haya evacuado toda la materia fecal, porque me da la sensación de que aquí huele a mantillo.

Ricardo Hernández Hernández
Poeta y columnista

Colaborador del portal:” Hoy Tamaulipas” hasta la fecha.

Actualmente estoy cursando un “Diplomado en Creación literaria” en la Biblioteca del Centro Cultural Tamaulipas, con el maestro José Luis Velarde.
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