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El otro rostro de Estados Unidos

Por: David Vallejo El Día Jueves 05 de Noviembre del 2026 a las 07:50

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Cerca de 123 millones de estadounidenses acudieron a las urnas. Si se confirma la estimación preliminar, será la mayor cantidad de votantes registrada en una elección intermedia en Estados Unidos.

El dato merece una precisión. El electorado es hoy más grande que en el pasado, por lo que más votos no necesariamente significan una mayor tasa de participación. El Laboratorio Electoral de la Universidad de Florida calcula que votó el 48.76% de los ciudadanos elegibles, por debajo del 50.05% de 2018. Aun así, apunta a la segunda tasa más alta en unas elecciones intermedias desde 1914.

Las cifras pueden cambiar. Todavía se cuentan votos y algunos resultados dependen de estimaciones estatales. En 2022 votaron alrededor de 112 millones de personas. Esta vez, la estimación supera los 122 millones.

También creció la votación anticipada. Los registros recopilados por la Universidad de Florida suman hasta ahora más de 65 millones de sufragios emitidos antes de la jornada electoral, frente a casi 46 millones contabilizados en 2022.

Los resultados dibujan una derrota amplia para Donald Trump. Los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes y el Senado. Conquistaron gubernaturas en Georgia, Iowa, Nevada, Ohio y Texas, con lo que tendrán mayoría entre los gobernadores por primera vez desde 2010. Las contiendas de Kansas y Alaska siguen pendientes.

En el Senado, el bloque demócrata tiene asegurados, según las proyecciones, 54 escaños, incluidos dos independientes que trabajan con el partido. Los republicanos cuentan con 44. Las elecciones de Misisipi y Alaska definirán el tamaño final de la mayoría.

La ventaja demócrata en el voto nacional para la Cámara podría rondar los 13 puntos. Si el escrutinio confirma una diferencia de esa magnitud, sería la mayor en unas elecciones intermedias desde 1974.

La elección también amplió los rostros, las historias y las voces que llegarán a ejercer el poder.

En Texas, Gina Hinojosa derrotó al gobernador Greg Abbott y será la primera latina al frente del gobierno estatal. Su victoria devuelve a los demócratas una gubernatura que habían perdido desde que Ann Richards dejó el cargo en 1995. En el mismo estado, el exmaestro James Talarico ganó el Senado frente a Ken Paxton, en la primera victoria demócrata en una elección senatorial texana desde 1988.

En California, Xavier Becerra será el primer latino elegido gobernador. La precisión importa. Romualdo Pacheco, nacido cuando California todavía era territorio mexicano, ocupó el cargo en 1875 tras suceder al gobernador. Más de siglo y medio después, Becerra llegará respaldado por las urnas al gobierno del estado más poblado del país.

La presencia latina creció en la Cámara. En el sur de Texas, el cantante Bobby Pulido derrotó a la republicana Monica De La Cruz. Ambos son latinos y pertenecen a partidos distintos. En California, Randy Villegas, hijo de inmigrantes mexicanos, ganó el distrito 22. En Nevada, Teresa Benitez-Thompson será la primera latina elegida para representar al estado en esa cámara.

El Caucus Hispano del Congreso, integrado por demócratas, espera superar los 50 miembros por primera vez. A ellos se suman los legisladores latinos republicanos. Sus trayectorias y posiciones recuerdan que ninguna fuerza puede atribuirse la representación exclusiva de esa comunidad.

Su peso electoral aumenta. Pew estimó que este año había 39 millones de latinos con derecho a votar, alrededor del 16% del electorado potencial y 5.2 millones más que en 2022. La mayor parte del crecimiento corresponde a jóvenes nacidos en Estados Unidos que alcanzaron la edad para votar. El dato se refiere a quienes podían participar, no a los votos emitidos.

La encuesta poselectoral de ABC y SSRS estima que el 64% de los votantes latinos apoyó a los demócratas para la Cámara y el 34% a los republicanos. Otra encuesta, de UnidosUS y BSP, sitúa el respaldo demócrata cerca de dos tercios. Son mediciones distintas y preliminares, pero ambas muestran una ventaja demócrata y un segmento republicano considerable.

También existen diferencias internas. En la encuesta de ABC, el 68% de las mujeres latinas apoyó a candidatos demócratas, frente al 58% de los hombres latinos. Las preferencias varían por edad, ingresos, origen familiar y lugar de residencia. El voto de Florida no puede explicarse automáticamente con lo que ocurre en California o en la frontera de Texas.

Las mujeres alcanzaron otro hito. De acuerdo con el Centro para las Mujeres y la Política Estadounidense de Rutgers, al menos 17 gobernarán estados a partir de 2027, frente al máximo anterior de 14. Son demócratas y republicanas. Aún hay contiendas pendientes para determinar si habrá un récord general de mujeres en el Congreso.

En Georgia, la exalcaldesa de Atlanta Keisha Lance Bottoms será la primera mujer negra elegida gobernadora de un estado estadounidense. En Nuevo México, Deb Haaland, integrante del pueblo Laguna, será la primera mujer indígena elegida gobernadora. En Ohio, Amy Acton será la primera mujer elegida para ese cargo. En Tennessee, la republicana Marsha Blackburn será la primera gobernadora del estado.

La elección apunta a un récord de cinco gobernadores negros de estados ejerciendo al mismo tiempo. Entre ellos estarán Bottoms y el republicano Byron Donalds, primer gobernador negro de Florida. Sus posiciones políticas son distintas. La representación no determina una ideología y la diversidad tampoco pertenece a un solo partido.

En Minnesota, Peggy Flanagan, integrante de la comunidad White Earth Ojibwe, llegará al Senado. En Míchigan, Abdul El-Sayed será el primer senador musulmán. En Nuevo Hampshire, Chris Pappas se convertirá en el primer hombre abiertamente gay elegido para esa cámara. En Iowa, el medallista paralímpico Josh Turek llevará al Senado una trayectoria marcada por el deporte, la vida pública y la experiencia de vivir con espina bífida.

La fotografía del electorado también es reveladora. Según ABC y SSRS, el 73% de los votantes de entre 18 y 29 años apoyó a los demócratas para la Cámara, frente al 25% que eligió a los republicanos. Entre las mujeres, la relación fue de 59% a 40%. Entre los hombres, de 50% a 48%.

La educación muestra otra diferencia. Los demócratas aventajaron por 63% a 35% entre quienes tienen licenciatura, mientras que entre quienes no la tienen la competencia fue de 48% a 50% a favor de los republicanos. Entre los blancos sin licenciatura, los republicanos conservaron una ventaja amplia. Entre personas no blancas sin ese título, la ventaja fue demócrata.

Son estimaciones de encuesta, no resultados oficiales desagregados. Tampoco conviene identificar a todas las personas sin título universitario con la clase trabajadora. La ocupación, el ingreso, la afiliación sindical y la forma en que cada persona se identifica cuentan historias relacionadas, pero distintas.

Los datos ayudan a entender el desafío que los demócratas enfrentan desde hace años. Entre 2007 y 2023 perdieron terreno en identificación partidista entre los estadounidenses sin licenciatura. El partido que durante buena parte del siglo pasado construyó su fuerza junto a sindicatos, trabajadores industriales y comunidades populares empezó a ser percibido por muchos electores como una fuerza más cercana a las universidades, las grandes ciudades y los sectores de mayor prosperidad.

Mientras tanto, Trump encontró una audiencia entre quienes sentían que la economía y la política habían dejado de escucharlos. Su discurso hizo visible una frustración que sus adversarios no siempre supieron reconocer.

Esta vez, los demócratas mostraron capacidad de recuperar parte del terreno. En la encuesta de ABC y SSRS obtuvieron el 62% entre personas afiliadas a sindicatos y el 57% entre quienes reportaron ingresos familiares inferiores a 50 mil dólares. Son señales relevantes, aunque todavía no demuestran una recuperación permanente de la clase trabajadora. Para entender el cambio habrá que estudiar tanto a quienes modificaron su voto como a quienes acudieron o dejaron de acudir a las urnas.

El costo de vida, la vivienda, la salud y el empleo ocuparon un lugar central. En la misma encuesta, el 44% dijo que la situación económica de su familia había empeorado frente a dos años antes. Dentro de ese grupo, tres de cada cuatro apoyaron a candidatos demócratas a la Cámara. La relación es contundente, aunque una encuesta no permite reducir cada decisión electoral a una sola causa.

El aprendizaje para los demócratas debería ser claro. Una coalición puede defender los derechos de las minorías, abrir espacios a nuevos liderazgos y hablar de salarios, precios, empleo y oportunidades. Millones de estadounidenses viven todas esas realidades a la vez. La mujer latina que busca una vivienda accesible, el trabajador negro que necesita atención médica y el joven de una comunidad rural preocupado por su futuro no caben en una sola casilla.

Sería apresurado concluir que la polarización terminó. Los resultados muestran diferencias profundas entre estados, generaciones y grupos sociales. La elección no borró las disputas sobre migración, aborto, seguridad o el papel del gobierno. Sí demostró que esas divisiones no impiden que los ciudadanos cambien la distribución del poder ni que aparezcan liderazgos capaces de construir coaliciones distintas.

La democracia estadounidense pasó por una prueba importante. Los electores acudieron a las urnas, evaluaron al gobierno y enviaron un mensaje que modifica el equilibrio en Washington. Lo hicieron en un país que sigue dividido, pero donde una latina puede ganar Texas, una mujer negra puede gobernar Georgia y un musulmán puede representar a Míchigan en el Senado.

La diversidad de quienes ganaron es una noticia para Estados Unidos. La responsabilidad de quienes gobernarán será convertir esa pluralidad en resultados y escuchar al país más allá de las fronteras de su propio partido.

¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y las fronteras del perjuicio 
lo permiten.

Placeres culposos: From the dark de Tony Lommy y Jorn. Calzón de máscara, primera, segunda y tercer caída. 

Buñuelos para Greis y Alo.

David Vallejo


Politólogo y consultor político, especialista en temas de gobernanza, comunicación política, campañas electorales, administración pública y manejo de crisis. Cuenta con posgrados en Estados Unidos, México y España. Ha sido profesor, funcionario estatal y federal, así como columnista en Veracruz, Tamaulipas y Texas. Escritor de novelas y cuentos de ficción. Además, esposo amoroso, padre orgulloso, bibliófilo, melómano, chocoadicto y quesodependiente.

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