La guerra de las encuestas…
Aspirantes a candidatos y partidos políticos intensifican la difusión de encuestas rumbo al proceso electoral de 2027, en una batalla por posicionarse ante la ciudadanía, aunque los números no siempre reflejen la verdadera intención del voto.
A todo lo que da está la guerra de las encuestas. Partidos políticos en solitario, alianzas y aspirantes a candidatos le apuestan a estos documentos como si quisieran convencer al electorado de que representan la verdad absoluta y que los escenarios que presentan se cumplirán tal como los anuncian.
Claro que en tiempos electorales todo parece válido. Si bien es cierto que las encuestas no votan, no necesariamente determinan la decisión del electorado y muchas veces sus números no cuadran, también es verdad que son utilizadas mediáticamente y pueden generar confusión. En una elección, la percepción juega un papel muy importante y quizá a eso le apuestan muchos candidatos y sus partidos políticos.
Son los morenos, los del partido guinda que quieren dirigir los destinos de sus pueblos queridos, quienes en estos tiempos traen una verdadera encuestitis. Algunos todavía ni siquiera se registran para contender por la coordinación de la defensa de la 4T en sus municipios, pero ya se mandaron hacer sus encuestas a la medida, como si eso garantizara que la ciudadanía les otorgará su voto de confianza.
Definitivamente, las encuestas reales, bien hechas, son una fotografía del momento. Los sondeos de opinión son herramientas válidas para medir las preferencias electorales, siempre y cuando se realicen con seriedad, responsabilidad y credibilidad, sin inducir las respuestas.
Su verdadera utilidad debería ser ofrecer parámetros confiables para que los aspirantes puedan visualizar dónde están parados, hacia dónde deben caminar y qué necesitan hacer para alcanzar sus objetivos.
El problema es que, por lo general, algunos únicamente las solicitan para generar ruido mediático, con resultados a modo. Lo peor es que ellos mismos, los aspirantes a un puesto de elección popular, terminan creyéndose sus propias mentiras y los sondeos confeccionados a su medida.
Más grave aún es que muchas de las encuestas que hoy circulan en redes sociales parecen estar hechas desde un escritorio, únicamente para satisfacer egos y generar confusión. Sin una metodología verificable, carecen de elementos suficientes para considerarse confiables.
Incluso cuando son realizadas por casas consultoras que presumen cierto prestigio, sus resultados deben revisarse con cuidado, pues hoy en día muchas enfrentan cuestionamientos sobre su credibilidad y metodología.
Sin duda alguna, la mejor encuesta, la verdaderamente definitiva, es la que se realiza el día de las elecciones, cuando el pueblo expresa su voluntad al emitir su voto por el candidato o candidata de su preferencia.
Un punto que deberían tomar en cuenta los aspirantes es que la ciudadanía también ha aprendido a jugar sus cartas. Hay quienes dicen una cosa y hacen otra; responden los cuestionarios de los encuestadores de acuerdo con sus conveniencias o circunstancias, pero eso no significa necesariamente que vayan a votar conforme a lo declarado.
Por supuesto que no se trata de desacreditar las encuestas serias, porque tienen una función importante. Sin embargo, en estos tiempos en los que la tecnología también genera desconfianza y muchas personas sienten que sus datos son vigilados, las encuestas telefónicas pueden enfrentar dificultades para obtener respuestas representativas.
Aunque, bueno, también sirven para intentar posicionar el nombre de determinado aspirante en cada llamada.
Y hasta pueden resultar contraproducentes, porque en ocasiones terminan dando mayor notoriedad al candidato opositor. La repetición de un nombre, ya sea en comentarios positivos o negativos, puede contribuir a que permanezca en la memoria de las personas. Entre más se mencione a un personaje, mayores posibilidades tiene de ser recordado, aunque eso no necesariamente se traduzca en votos.
Respecto a las encuestas que aparecen en redes sociales, tampoco son motivo suficiente para que los aspirantes favorecidos echen las campanas al vuelo. Muchas veces los resultados dependen de la capacidad de movilización digital de los equipos de marketing y operación política de unos y otros, más que de una muestra representativa de la ciudadanía.
El problema, su problema, es que buena parte de la gente ha perdido confianza en este tipo de ejercicios. Entre encuestas cuestionables, respuestas poco sinceras y resultados que parecen diseñados para favorecer a quien paga, algunos sondeos terminan funcionando más como instrumentos publicitarios que como herramientas de medición electoral.
En fin, el caso es que está a todo lo que da la guerra de las encuestas. Los aspirantes a coordinadores de la defensa de la 4T, sobre todo en el ámbito municipal, ya comenzaron a presumir mediciones que los colocan en posiciones privilegiadas.
Muchos parecen convencidos de que aparecer arriba en una gráfica será suficiente para que los tomen en cuenta, superar la criba interna y conseguir un lugar en la boleta electoral de 2027, en busca de la Presidencia Municipal.
Pero una cosa es ganar una encuesta difundida en redes sociales y otra muy distinta conquistar la confianza de los ciudadanos.
Porque, al final, las encuestas podrán generar titulares, alimentar egos y construir percepciones, pero quienes deciden una elección no son las gráficas ni los porcentajes: son los ciudadanos con su voto.
Rosa Elena González
Es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha colaborado con editoriales en El Mercurio.
Actualmente su columna Vida Diaria se publica en el Portal HOYTamaulipas y los periódicos La Verdad de Tamaulipas, Expreso, La Extra, La Voz de Tula, El Tiempo de Mante y Astronoticias, El Bravo de Matamoros y Canal 10
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