¿A qué aspira la seño?
Dicen que no es correcto que las mujeres escribamos o hablemos mal de las mujeres. Puede ser. Pero tampoco puedo detener las ideas ni los dedos cuando una mujer decide exponerse públicamente y sus actividades quedan, precisamente, a la vista de todos.
Y es que la Seño Cendy Yarelly Robles Méndez parece tener muy claro a dónde quiere llegar. Supongo que lo suyo es ser plurinominal. De lo que sea. El caso es llegar.
Seguramente sus tres cargos partidistas, que se los ha ganado a pulso, producto de una larga trayectoria en la defensa del pueblo y de sus grandes batallas dentro de la izquierda (¡¡Ajá!!) Al menos eso es lo que habría que suponer cuando alguien se presenta con semejantes credenciales.
Porque, de otra manera, ¿cómo explicar tanto cargo y tanta aspiración?
La verdad es que el PT tiene una larga tradición de dirigentes que son vividores de la política. Y ahí es donde la historia se pone interesante.
¿Por qué anda en la frontera realizando conferencias de prensa? ¿A título de qué? ¿Qué representación tiene realmente? Sus tres puestos partidistas podrán darle membrete, pero no necesariamente autoridad frente a una ciudadanía que ni la conoce ni le debe explicación alguna.
Y si tanta preocupación existe por Tamaulipas, ¿por qué en Victoria no recorre las colonias, las dependencias, las escuelas, la SET, la UAT? ¿Por qué las conferencias de prensa en lugar de caminar las calles?
Aquí, Seño, conocemos hasta el color de la raíz de su cabello.
Cendy fue amiguísima de Egidio Torre Cantú, según se ha señalado públicamente, y durante ese periodo llegó a ocupar un puesto en la máxima casa de estudios. Sumó cinco años de experiencia en la dirección de Televisión Universitaria en línea (InterUAT) , puesto que finalmente dejó en medio de diferencias que no pasaron precisamente desapercibidas.
Antes, Robles Méndez —y en esto guarda cierto parecido con la infumable Katalyna Méndez— era conocida, si acaso, en su propia casa.
Después vino la política, los reflectores y las relaciones que, según las versiones que han circulado durante años en los corrillos de la SET, fueron abriéndole puertas.
Luego apareció Memo Martínez, “El Metro”, señalado en el pasado como cercano a Torre Cantú, y Cendy comenzó a entrevistar al entonces gobernador. De ahí pa’l real, como dicen en el rancho: los reflectores hicieron su trabajo y llegó la fama.
¿Y de ahí también nació la izquierda?
Esa es otra historia.
El Partido del Trabajo y sus dirigentes Alejandro Ceniceros y Arcenio Lozano la incorporaron como “Comisionada Política Nacional de Asuntos Electorales del Partido del Trabajo en Tamaulipas”.
Aquí sí permitan que una servidora se eche una sonora carcajada.
Porque María de la Luz Martínez Covarrubias —Maru, de cariño—, una de las mujeres que durante años ha sostenido al PT, ha visto pasar una y otra vez a personajes –Como Cendy-que llegan desde arriba para ocupar espacios que la militancia construyó desde abajo.
Y eso tiene un nombre muy sencillo: decisiones tomadas por la nomeklatura.
Sin trabajo político suficiente, sin contacto real con la militancia y, muchas veces, sin sensibilidad social. Pero con la bendición de quienes tienen la última palabra.
Ahora resultará que Blanca “Porfiria” Valles, Lourdes Puente, Lupe Gómez y hasta Valentina Cota pueden ser presentadas como mujeres de izquierda y, llegado el momento, colocadas en candidaturas como diputaciones uninominales o plurinominales.
Porque en estos tiempos basta con ponerse un sombrero, echarse un paliacate al cuello, cantar una canción de la vieja trova o rascarle a la jarana o al cuatro venezolano para que, por arte de magia, aparezca el certificado de izquierda.
Otra vez me meo de la risa.
De hecho, todas las mencionadas son de izquierda… jocoque.
Eso sí: una cosa es ocupar un espacio político y otra muy distinta representar a las mujeres de Tamaulipas.
Y ninguna de ellas, al menos desde esta mirada, representa a las mujeres de izquierda que llevan años trabajando, organizándose, resistiendo y haciendo política sin necesidad de una candidatura plurinominal como premio de consolación.
La Seño Cendy puede recorrer el mundillo político, acudir a conferencias, aparecer en fotografías y utilizar las prerrogativas que correspondan al PT. Todo eso es parte del juego político.
Pero una cosa es tener un cargo y otra tener una trayectoria.
Una cosa es saberse el discurso de izquierda y otra muy distinta haber construido una historia de lucha.
Una cosa es llegar a una posición y otra representar a quienes llevan años esperando que la política deje de ser un asunto de cuates, cuotas y recomendaciones.
Porque eso de que las mujeres de izquierda no se prepararon para gobernar puede ser cierto en algunos casos. Lo que no se les enseñó en aquellas viejas escuelas de cuadros fue que el catre también podía convertirse en escalera política.
Y ahí está el verdadero problema: cuando la militancia pone los ladrillos y otros llegan a inaugurar el edificio.
Así que, Seño Cendy, la pregunta sigue en el aire:
Porque en política los cargos se pueden conseguir. La representación, en cambio, se tiene que ganar.
Y para eso no bastan ni sombrero, el paliacate, la jarana, el cuatro… ni las credenciales que vienen impresas desde arriba.
Ya siéntese Seño, no ande haciendo desfiguros, por fi.
Desde Mi Trinchera…
María Jaramillo Alanís.
Periodista desde 1987. Con Diplomado en periodismo impartido en la Facultad de Derecho de la UAT. Participante del Taller de narrativa, guiones radiofónicos realizado por el Colegio de la Frontera Norte, dado en la casa del Arte en Cd. Victoria. Curso de Apreciación Musical dado en el CCT por el Mtro. José Luis Pariente Fragoso. Cofundadora de diversos medios de comunicación en Tamaulipas. Desde hace dos décadas mi trabajo se ha publicado en mis propios medios webs, radio y algunas colaboraciones en Televisión.
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