Otro conflicto emocional aterriza en escenario judicial
Desde el confinamiento hogareño obsequiado por el periodo vacacional que nos impusimos, no pudimos ser ajenos al caso Dafne, que cimbró las estructuras emocionales de un país, porque la naturaleza del acontecimiento impacta las fibras más sensibles del ser humano por un factor de identidad nato. ¿Y si algo similar le pasara a mi hija, hermana o amiga? Ese sentimiento de posible identidad inundó la mente de los tamaulipecos y llegó más allá de las fronteras de esta entidad.
También impactó en las estructuras institucionales, al grado de generar un análisis para reordenar y supervisar las actividades en instituciones similares.
Este suceso, como tantos otros que se han generado en los últimos tiempos en diferentes puntos del país, nos refiere la problemática que vive hoy el ser humano. No es normal la ira que casi cotidianamente se refleja en sucesos que difunden los medios; por ejemplo, hijos que golpean a la madre. Obviamente, lo más común son los casos de cólera de un cónyuge masculino sobre su pareja, aunque también hay casos a la inversa, es decir, de ella hacia él.
La ansiedad y la depresión, que en muchos de los casos derivan en el consumo de alcohol y de sustancias adictivas, constituyen el problema más persistente. Por otra parte, las instituciones de salud estiman que el 25 % de las personas padecen uno o más trastornos mentales a lo largo de su vida.
¿Qué nos dice esto? Estamos frente a una parte de la sociedad que sufre algún problema emocional y que explota sin medir las consecuencias. En el caso de la jovencita Dafne, repetimos, de 13 años de edad, ¿qué habrá hecho o dicho para despertar la ira de su agresor(a), hasta el grado de provocarle la muerte?
El problema no está en la organización administrativa de una institución, en este caso la Academia Militarizada de Marina Doenitz-Cuartel Escuela, sino en las condiciones emocionales de su personal. Reconocemos que es muy difícil detectar esta clase de conflictos en las personas, porque las reacciones solo afloran por circunstancias muy precisas.
Porque el tema del que nos ocupamos es, indudablemente, un conflicto emocional. Fue un acto que no solo dañó a la hoy occisa, sino que el autor de la agresión también se autodestruyó. Quien comete un delito de ese nivel sabe que tiene consecuencias, aunque en un momento de ira no midió la trascendencia y, al cumplirse la ley, estará echando a perder su propia vida.
Hace más de 30 años, el Dr. Joaquín Cravioto Muñoz, en esos tiempos director científico del DIF Nacional, respondió a una pregunta de quien esto escribe sobre el problema de salud mental en el país. Nos dijo que el 40 % de la población tenía, en mayor o menor grado, un problema de salud mental. Obviamente preguntamos qué se hacía para atender estas circunstancias y la respuesta, franca, fue que muy poco, comparado con la demanda de las necesidades. Actualmente, el 30 % de los mexicanos sufre, en alguna medida, un trastorno mental o de conducta. Líneas abajo presentamos un reporte elaborado por la IA (Inteligencia Artificial).
Esa es la realidad: tenemos un problema de salud mental que, en muchos casos, aflora con actos de violencia y de ira desmedida, donde se percibe la incapacidad humana para administrar y dirigir esas emociones, las cuales cotidianamente se reflejan en las áreas de urgencias de los nosocomios, a donde llegan los lesionados.
DENTISTA MUERTO TRAS DISCUSIÓN CONYUGAL.— Otra historia con signos de violencia la encontramos en un reciente acontecimiento que relata la muerte de un médico dentista, encontrado sin vida en una vivienda del Fovissste del 22 Oaxaca, de esta ciudad capital, tras una discusión con su cónyuge, quien se encuentra detenida mientras se realizan las averiguaciones del caso. La ira nuevamente estuvo presente en este hecho.
Retomando el hilo del tema central de este comentario, donde la figura principal es el homicidio de la jovencita Dafne, en el análisis del caso siempre se parte de un móvil que, en esta ocasión, no es ostensible y, diríamos incluso, resulta incomprensible: que una persona cambie su vida con tal de arrancarle la vida a otra. Ese acto solo ocurre cuando el enojo ciega el razonamiento, cuando la inteligencia queda aplastada por un acto irracional del pensamiento, sin medir consecuencias y sin tomar en cuenta el precio que habrá de pagarse por un desahogo momentáneo de ira.
Porque en este caso no se percibe ningún móvil de tipo material, al menos no hasta este momento, de acuerdo con lo mucho que se ha puesto a la vista de la opinión pública. Quizá por eso no existe todavía una explicación formal, dentro del marco penal, sobre el motivo que pudo originar la agresión, que consistió en sumergir a la occisa en tinacos o depósitos de agua, sin que hubiera indicios de la existencia de una alberca o chapoteadero.
No hay posibilidades de un accidente; no hay ninguna otra salida, salvo la que hasta ahora consignan las autoridades: muerte por sumersión, es decir, ahogamiento provocado.
El propósito de este comentario es hacer ver a padres de familia y a las autoridades educativas la necesidad de asumir prácticas y políticas formativas para enseñar, desde la niñez, a controlar las emociones de los niños y niñas de hoy, que mañana serán adultos. Que comprendan que no todo les será dado; que aprendan desde siempre a aceptar las derrotas, igual que los triunfos, y a respetar la vida, porque el niño que hoy mata con facilidad a un pájaro o a un gatito, jugando, y no es reprendido —incluso hay quienes lo festejan—, mañana puede ver con facilidad terminar con la vida de un ser humano. Obviamente, en este caso el o la homicida no fue un estudiante, sino un adulto, docente o instructor.
Que la vida de Dafne sea una ofrenda para iluminar el camino, principalmente de los jóvenes, cuya atención ha estado centrada en este suceso por el factor de identidad escolar que representa. De igual forma, para los docentes e instructores, que sea inspiración para un ejercicio de autoevaluación que confirme sus aciertos o reoriente sus procedimientos en aras de obtener mejores resultados en la formación de nuevas generaciones, para satisfacción de ellos y reconfortamiento de la sociedad.
LA IA NOS REPORTA LAS SIGUIENTES ESTADÍSTICAS.— “Actualmente, el 30 % de los mexicanos padece o sufrirá algún trastorno mental o de conducta a lo largo de su vida. Adicionalmente, se estima que hasta un 19.3 % de la población adulta presenta síntomas severos de ansiedad y/o depresión, siendo estas las condiciones más frecuentes”.
Por otra parte, el INEGI y la Secretaría de Salud indican que la ansiedad afecta a casi una quinta parte (20 %) de los adultos con intensidad severa, mientras que los síntomas depresivos alcanzan a más del 16 % de la población.
Brecha de atención: Más del 60 % de las personas que presentan un problema de salud mental no reciben ningún tipo de tratamiento o apoyo profesional.
En cuanto a la población joven, se establece que “cerca del 13.4 % de los casos atendidos corresponden a menores de 20 años, sobresaliendo los problemas de conducta, el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y la ansiedad”.
Hasta aquí lo aportado por la IA (Inteligencia Artificial).
Ana Luisa García García
(15-Nov-1950) es licenciada en Periodismo por la Universidad Veracruzana generación 1969-1973.
Ejercicio profesional en los siguientes medios: El Dictamen de Veracruz, El Diario de Cd. Victoria, El Universal y Ovaciones en la Cd. de México, El Heraldo de Tampico. Autora de la columna Argot Político en El Mercurio de Tamaulipas (1988-1989) y de la columna Presencia publicada en La Verdad (1987-2016) y en diferentes portales informativos.
Para que HOYTamaulipas siga ofreciendo información gratuita, te necesitamos. Te elegimos a TI. Contribuye con nosotros. DA CLIC AQUÍ