"Mamá le pidió a la Virgen vivir para verme alcalde": Carlos de Anda
Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Carlos de Anda tenía apenas nueve años cuando le prometió a su madre que algún día sería presidente municipal. No conocía todavía el peso de un cargo público ni entendía cómo se gobernaba una ciudad. Solo sabía que aquella mujer caminaba largas distancias para llegar a su trabajo y que él quería evitarle ese sacrificio.
“Un día voy a ser presidente municipal y te voy a comprar un carro para que ya no batalles”, le dijo.
La frase nació con la sinceridad de un niño, pero permaneció durante décadas en la memoria de ambos. Para él pudo haber sido una promesa pronunciada frente al cansancio de su madre; para ella se convirtió en una esperanza que guardó durante toda la vida.
Hace unos meses, aquella conversación volvió a presentarse con una fuerza inesperada.
Su madre, de 86 años, enfrentó una delicada operación. Las horas de incertidumbre mantuvieron en vilo a la familia. Cuando despertó, buscó a Carlos y le confesó que había pedido a la Virgen una oportunidad más.
“Le pedí a la Virgencita que me dejara vivir para verte presidente municipal”, le dijo.
Carlos de Anda guarda silencio antes de recordar ese momento.
“Fue un momento muy emotivo. Yo creía que aquella había sido solamente una frase de niño, pero entendí que ella nunca la olvidó. La guardó durante toda su vida”.
Esa historia explica una parte importante de sus aspiraciones políticas. El actual secretario de Obras Públicas del Ayuntamiento de Nuevo Laredo participa en el proceso interno de Morena por la candidatura a la Presidencia Municipal, pero sostiene que su proyecto no nació únicamente de una coyuntura electoral.
Su aspiración, afirma, está vinculada con una vida de trabajo en el servicio público, con los años dedicados a estudiar y planear la ciudad, pero también con aquella promesa que hizo cuando comenzaba a comprender el significado del esfuerzo.
De su madre aprendió que el sacrificio cotidiano no requiere reconocimiento. De su padre heredó una sentencia que asegura haber respetado a lo largo de su trayectoria: “Nunca agarres un centavo que no te pertenece”.
“Fueron muy estrictos con nosotros, pero hoy entiendo que esa disciplina nos formó el carácter. Gracias a mis padres aprendí que uno puede equivocarse, puede caer, pero jamás debe perder sus principios. Esos valores son los que me han acompañado toda la vida, tanto en lo personal como en el servicio público”, recuerda.
Carlos de Anda habla de Nuevo Laredo como el lugar al que pertenece. Llegó a los cinco años, cuando su padre fue invitado a dirigir un periódico local. La familia se instaló primero de manera provisional, sin imaginar que aquella frontera se convertiría en su hogar definitivo.
Aquí creció, estudió, formó una familia y desarrolló una carrera profesional ligada a la planeación urbana y a la construcción de infraestructura.
“Nuevo Laredo me dio absolutamente todo. Aquí hice amigos, aquí nacieron mis hijos y aquí descubrí que quería dedicar mi vida a servir”, expresa.
Después de continuar su preparación académica, regresó en 1999 para incorporarse al servicio público. No llegó, afirma, con la intención de ocupar cargos políticos, sino con la convicción de que una ciudad podía transformarse mediante la planeación.
Durante más de 25 años ha participado en el diseño, desarrollo y supervisión de proyectos urbanos. Esa experiencia le permitió conocer los problemas técnicos de Nuevo Laredo, pero también las historias humanas que existen detrás de cada obra.
“Un técnico puede pensar que construye una calle, pero cuando recorre una colonia entiende que está construyendo el camino por donde un niño llegará a la escuela sin llenarse de lodo”.
Esa relación con la ciudadanía, asegura, modificó su manera de entender el servicio público. Los planos y los proyectos dejaron de ser documentos para convertirse en soluciones que impactan directamente en la vida diaria.
“Cuando sales a la calle y conoces a la gente, dejas de trabajar para los planos y comienzas a trabajar para las personas”, señala.
Carlos de Anda sonríe cuando se le pregunta si los técnicos suelen ser aburridos. Responde con una frase que mezcla su perfil profesional con el lenguaje de la lucha libre.
“En esta vida hay técnicos y hay rudos. Yo siempre he preferido ser técnico. Los técnicos construimos; los rudos normalmente destruyen. Nosotros pensamos en la próxima generación, no solamente en la próxima elección”.
Después de años recorriendo colonias y supervisando obras, sostiene que su principal aprendizaje no se encuentra en el concreto ni en las cifras de inversión, sino en las personas que recuperan una parte de su vida cuando reciben un servicio digno.
“He visto madres que por fin pueden llevar seguras a sus hijas y a sus hijos a la escuela. He visto familias que dejaron atrás problemas de drenaje que durante años parecían no tener solución. Ahí entiendes que las obras no cambian únicamente las ciudades; cambian vidas”.
Esa experiencia, asegura, es la que desea poner al servicio de Nuevo Laredo desde la Presidencia Municipal. Su intención es competir por la candidatura de Morena y continuar el proyecto de transformación encabezado por la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas.
De Anda afirma que no pretende llegar a improvisar ni a comenzar nuevamente cada tres años. Su propuesta parte de dar continuidad a los proyectos que han funcionado y atender los problemas que todavía permanecen pendientes.
“Los buenos gobiernos no empiezan de cero. Los buenos gobiernos construyen sobre lo que funciona. Conozco los proyectos, conozco los retos y conozco las colonias porque llevo muchos años caminándolas”.
La entrevista está por concluir cuando surge una última pregunta: si su madre estuviera observándolo, ¿qué le diría?
Carlos vuelve a guardar silencio.
“Le diría gracias. Gracias por enseñarme a trabajar, por enseñarme a respetar a los demás y por convertir la honestidad en una forma de vida. Le diría que he tratado de mantener las manos limpias y de actuar siempre conforme a los principios que me inculcó”.
Hace una pausa y vuelve, inevitablemente, a aquel niño que observaba a su madre caminar para poder llegar al trabajo.
“Y le diría algo más: que aquel niño que un día caminaba a su lado y le prometió que sería presidente municipal nunca olvidó esa promesa. Que más allá de un cargo, lo que siempre he querido es que se sienta orgullosa del hombre en el que me convertí”.
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