Ebrard y la lógica sistémica del T-MEC
En una entrevista publicada esta semana en el programa Fuera de Tono, conducido por Hernán Gómez, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, abordó uno de los temas más importantes para el futuro económico de México en un momento particularmente significativo. La conversación coincide con el inicio de una nueva ronda de negociaciones para la revisión del T-MEC en Estados Unidos, un proceso que influirá en el desarrollo nacional durante los próximos años. Sin embargo, la entrevista trasciende los términos de una negociación comercial y permite comprender la transformación que está modificando la manera en que las naciones construyen prosperidad, competitividad y capacidad de influencia.
Una de las ideas centrales planteadas por Ebrard consiste en que la economía mundial dejó de organizarse exclusivamente alrededor de la eficiencia y comenzó a hacerlo alrededor de la seguridad económica. Durante décadas, la lógica dominante parecía inamovible. Las empresas producían donde encontraban menores costos, los gobiernos promovían apertura comercial y las cadenas productivas se extendían a través del planeta siguiendo criterios de rentabilidad. China construyó buena parte de su ascenso económico dentro de esa arquitectura y el comercio internacional alcanzó niveles de integración que parecían destinados a profundizarse indefinidamente. Sin embargo, la pandemia, las disrupciones logísticas, la crisis energética europea, la competencia tecnológica entre Washington y Beijing y la disputa por sectores estratégicos demostraron que la eficiencia pierde valor cuando una nación depende de terceros para producir medicamentos, semiconductores, minerales críticos o componentes indispensables para sostener su actividad económica.
Durante años se sostuvo que los mercados terminarían organizando la economía global con criterios de eficiencia cada vez mayores. Sin embargo, Estados Unidos comenzó a subsidiar industrias estratégicas, restringió exportaciones tecnológicas hacia China, impulsó programas para recuperar manufactura avanzada, promovió la relocalización de cadenas productivas y convirtió sectores completos en asuntos de interés nacional. Europa avanzó en una dirección similar y China fortaleció todavía más su capacidad de coordinación entre política industrial, financiamiento, innovación y desarrollo tecnológico. Lo que para algunos observadores aparece como una colección de decisiones independientes, visto desde una perspectiva sistémica forma parte de un mismo proceso orientado a fortalecer capacidades consideradas esenciales para competir en una nueva etapa de la economía mundial.
Ebrard explica la lógica que conecta esos acontecimientos. La mayoría de los análisis suelen concentrarse en un arancel, una inversión específica, una planta industrial o una disputa comercial determinada. El pensamiento sistémico parte de una lógica distinta que busca comprender cómo interactúan variables aparentemente independientes y de qué manera los cambios en una de ellas terminan modificando el comportamiento del conjunto.
La diferencia resulta fundamental porque la economía contemporánea funciona cada vez menos a partir de sectores independientes y cada vez más a partir de redes altamente integradas. La producción de un semiconductor depende de minerales estratégicos extraídos en distintos continentes, de energía suficiente para alimentar procesos industriales complejos, de universidades capaces de formar ingenieros especializados, de centros de investigación que generen innovación, de infraestructura logística que conecte mercados, de financiamiento disponible para sostener inversiones de largo plazo y de estabilidad geopolítica que garantice suministro. Cuando uno de esos elementos se altera, las consecuencias terminan propagándose a lo largo de toda la cadena.
Por esa razón China logró construir una posición dominante en numerosos sectores industriales. Su transformación económica nunca descansó exclusivamente en manufactura barata, ni en salarios competitivos. Descansó en la capacidad para coordinar infraestructura, educación, financiamiento, energía, innovación, desarrollo científico y política industrial dentro de una misma arquitectura. Cada avance fortalecía capacidades adicionales y ampliaba las posibilidades de crecimiento. La fortaleza surgió de la interacción entre todos esos componentes y de la disciplina para sostener una visión estratégica durante décadas.
La lectura que hace Ebrard de Estados Unidos parte exactamente de esa lógica. Washington intenta reconstruir capacidades consideradas fundamentales para competir con China durante las próximas décadas y para lograrlo necesita coordinar tecnología, energía, manufactura avanzada, financiamiento, innovación y seguridad económica dentro de una misma estrategia. Observadas por separado, muchas decisiones estadounidenses parecen contradictorias. Observadas en conjunto, responden a una visión de largo plazo donde la política industrial, la seguridad económica, la innovación tecnológica y la relocalización productiva forman parte de un mismo proyecto nacional.
Es precisamente allí donde aparece la dimensión estratégica de México. La revisión del T-MEC debe dejar de ser una discusión limitada a reglas de origen, aranceles o balanzas comerciales y pasa a formar parte de una conversación mucho más amplia relacionada con la capacidad de Norteamérica para consolidarse como un sistema económico integrado capaz de competir frente a los grandes polos de crecimiento asiáticos. La cuestión central no debe consistir en determinar cuánto obtiene cada país dentro de una negociación específica, sino en fortalecer la capacidad regional para innovar, producir, atraer inversión, asegurar energía y desarrollar cadenas de valor cada vez más complejas.
Dentro de ese contexto adquiere importancia uno de los conceptos desarrollados durante la entrevista, el llamado cuarto de datos. Su relevancia radica tanto en la información que genera como en la filosofía que representa. Gobernar a partir de información integrada implica observar simultáneamente movimientos industriales, patrones de inversión, cambios regulatorios, tendencias tecnológicas y transformaciones geopolíticas para identificar relaciones que muchas veces pasan inadvertidas. La ventaja surge de reconocer tendencias antes que los demás y de anticipar cómo determinados cambios pueden modificar el comportamiento del conjunto.
Esta visión también permite comprender con mayor claridad varias de las iniciativas impulsadas por el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. El Plan México, los Polos de Desarrollo para el Bienestar, la expansión ferroviaria, la modernización de puertos, los proyectos energéticos, la estrategia asociada a semiconductores y la atracción de inversiones vinculadas con la relocalización industrial responden a una lógica común. Cada proyecto tiene valor por sí mismo, aunque su verdadero potencial aparece cuando comienza a conectarse con los demás y a generar capacidades acumulativas que fortalecen la competitividad nacional.
La entrevista también ofrece una lectura particularmente interesante sobre Donald Trump y su forma de negociar. Ebrard identifica una metodología basada en presión constante, incertidumbre calculada y generación deliberada de tensión alrededor de los procesos de negociación. Su análisis permite entender que detrás de muchas decisiones aparentemente disruptivas existe una lógica orientada a modificar incentivos antes de alcanzar acuerdos concretos. Frente a ello plantea una estrategia basada en información, preparación, claridad de objetivos y comprensión profunda de los intereses involucrados.
La ronda de negociaciones que inicia esta semana en Estados Unidos representa una manifestación visible de una discusión mucho más amplia relacionada con la reorganización económica internacional. Lo que está en juego es la posición que ocupará Norteamérica dentro de una economía mundial donde tecnología, energía, manufactura, inteligencia artificial, logística, innovación y seguridad económica forman parte de una misma ecuación.
Escuchando a Marcelo Ebrard se percibe una visión capaz de conectar con claridad los detalles con el panorama completo. Esa combinación de conocimiento, claridad y capacidad negociadora explica buena parte de la confianza que transmite.
¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto, si la IA y la complejidad de nuestros tiempos lo permiten.
Pd. Hace años te vi en un ultrasonido, del tamaño de un frijol, y aun así tu corazón latía con una fuerza capaz de cambiar mi vida para siempre. Desde pequeña, quienes te conocían coincidían en que había algo especial en ti, una alegría contagiosa y una autenticidad que iluminaba cada espacio al que llegabas. Hoy sigues siendo esa niña extraordinaria que llena de sentido mis días. Junto con tu mamá, eres lo más importante que tengo. Eres mi mayor orgullo y la inspiración detrás de cada esfuerzo. Cumples doce años y, aunque una parte de mí quisiera conservar para siempre a aquella pequeña que me decía Api y tomaba mi mano para descubrir el mundo, también me emociona ver en la persona maravillosa en la que te estás convirtiendo. Deseo que la vida te regale motivos infinitos para sonreír, aprender, soñar y ser feliz. Te amo, princesa.
David Vallejo
Politólogo y consultor político, especialista en temas de gobernanza, comunicación política, campañas electorales, administración pública y manejo de crisis. Cuenta con posgrados en Estados Unidos, México y España. Ha sido profesor, funcionario estatal y federal, así como columnista en Veracruz, Tamaulipas y Texas. Escritor de novelas y cuentos de ficción. Además, esposo amoroso, padre orgulloso, bibliófilo, melómano, chocoadicto y quesodependiente.
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