Rumores que dañan
En redes sociales se observa una andanada en contra del gobierno estatal que amerita ser reprobada por al menos su secretaría general de gobierno y los poderes Legislativo y Judicial, pues desde el anonimato se pretende estigmatizar no sólo al mandatario, sino a las instituciones y, de paso, a la sociedad entera.
Pero ninguna de esas tres instancias se ha pronunciado al respecto, lo que llama la atención porque dicen trabajar en un mismo proyecto para que en Tamaulipas se concrete el segundo piso de la cuarta transformación, en base a tres principios fundamentales: no robar, no mentir, no traicionar.
A últimas fechas, las publicaciones nocivas contra la entidad han sido, son, reproducidas en diversos canales de la internet. Y a pesar de que son mentira (en su gran mayoría) la Policía Cibernética tampoco ha actuado en consecuencia, pese a que una de sus obligaciones es realizar un patrullaje preventivo (investigación de oficio) cuando no medie una denuncia formal.
Como fuere, este tema amerita ser atendido puntualmente, puesto que cada día suben de tono las descalificaciones y empiezan a reproducirse en los diferentes segmentos sociales, como quizá lo marca la estrategia de los cobardes que actúan en el anonimato, bajo el principio acuñado por el nazi Paul Joseph Goebbels --quien fuera el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945--, de que “una mentira, repetida mil veces, se convierte en verdad”.
Y es ahí, precisamente, donde asoma el riesgo de que la población se contamine con falsedades y empiece a crear rumores malintencionados en base a mentiras.
Hace tiempo, en este mismo espacio le comenté que el rumor es arma política de la derecha tendiente a desestabilizar un régimen gubernamental en su ambición enfermiza de arribar al poder.
Suele ser utilizado por quienes acostumbran propagar versiones con la aviesa intención de distorsionar la realidad, pues solamente de esta forma los antropófagos contienen su rabia por no acceder a las posiciones que por méritos propios les están negadas.
Es también, el rumor, un mecanismo de comunicación que se reproduce con rapidez entre los grupos formales e informales, llegando incluso a sembrar inquietud y, en ocasiones, obligando al afectado a desmentirlo públicamente.
Por lo general provoca vacilación y viene a llenar el vacío que genera la falta de información objetiva en torno a un trance o tema.
Su desplazamiento por el tejido social es paulatino --y en ocasiones efectivo--, por lo que una vez que ha prendido tiene que ser aclarado mediante una estrategia contundente que lo sitúe en su justa y real dimensión.
La fijación de los rumorólogos consiste en acuñar un mensaje o una serie de versiones que tengan consistencia y algo de credibilidad –hasta lógica, según sea el caso--, aunque partan de supuestos y sean contrarios a la verdad, ya que ellos tratan de ganar la atención de la opinión pública. De manipularla y hacerla copartícipe de sus intereses oscuros, sin el menor pudor de que en ello va implícito el engaño, porque es precisamente la hablilla malintencionada su mejor arma para buscar poder.
De ahí que los servidores públicos y políticos, como sus operadores y algunos profesionales de la comunicación, tengan que estar alertas ante cualquier expresión que falte a la veracidad y trate de dañar una imagen pública tergiversando hechos.
Surgido de mentes perversas, el rumor se convierte en un arma que incluso puede llegar a afectar un proyecto político y a la persona que lo encabeza.
Habitualmente el rumor no tiene autoría en lo individual, pero se incuba y reproduce entre los grupos de interés que lo magnifican.
Sobre todo, cuando se trata de nulificar a ‘la presa’ y trazar una ruta hacia el logro de un propósito, normalmente relacionado con el poder.
De esta manera los funcionarios públicos son un excelente caldo de cultivo para que se propaguen verdades a medias o mentiras completas y fluyan de boca en boca hasta prender en el conjunto social.
Más cuando los caníbales desempleados van en pos de huesos con carnita pa’ tener ofrendas qué llevarle a su rey.
Eso lo saben y bien en Palacio de Gobierno.
Así que lo mejor es dar la cara. Y desmentir claramente las falsedades sin importar su origen, pues al ser incubado se reproduce y magnifica.
Por cierto, el diputado federal Mario Alberto López Hernández (PVEM) alias ‘La Borrega’, obligado está a presentar una denuncia formal, pero con pruebas, si acaso las tiene, sobre su señalamiento.
¿O acaso sólo habló porque tiene boca… y fuero?
Correo: jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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