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La salud mental no puede esperar

Por: Mtro. Jorge Alejandro Torres Garza El Día Sabado 14 de Marzo del 2026 a las 16:24

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Autor: Mtro. Jorge Torres Garza
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La salud mental se ha convertido en una de las crisis más profundas del siglo XXI.

Hoy, una de cada ocho personas en el mundo vive con algún trastorno mental, mientras que los trastornos de ansiedad y depresión se han convertido en la principal causa de discapacidad a nivel global, según la Organización Mundial de la Salud.

No se trata de un problema marginal.

El impacto de la salud mental ya no es solo médico.
Es social, económico y generacional.

El suicidio es el indicador más doloroso de esta crisis.

En 2023 se registraron 8,837 suicidios en México, (81.1% hombres y 18.9% mujeres) según datos del INEGI. Entre jóvenes de 15 a 29 años, el suicidio ya figura entre las principales causas de muerte.

Tamaulipas tampoco está ajeno a esta realidad.
Entre 2018 y 2023 se registraron alrededor de 1,190 suicidios en el estado, una cifra que refleja la presión emocional que atraviesan miles de familias.

Pero el suicidio es solo la punta del iceberg.

Ansiedad, depresión, estrés crónico, burnout laboral, consumo problemático de sustancias y soledad prolongada forman parte de un fenómeno mucho más amplio que atraviesa la escuela, el trabajo, la familia y la comunidad.

Hoy sabemos además que la soledad se ha convertido en uno de los principales factores de riesgo para el deterioro de la salud mental, especialmente entre jóvenes. Por eso cada vez más especialistas hablan de una epidemia silenciosa.

En México, el desafío es aún mayor si consideramos la capacidad del sistema de atención. De acuerdo con el INSP, el país cuenta con menos de 0.4 psiquiatras y 1.5 psicólogos por cada 100,000 habitantes, lo que evidencia la necesidad de fortalecer estrategias de prevención, atención comunitaria y acompañamiento temprano.

La salud mental, en ese sentido, se ha convertido en una especie de infraestructura invisible del desarrollo.

Un estado puede invertir en carreteras, industria o comercio internacional. Pero si ignora el bienestar emocional de su población, inevitablemente pagará el costo en violencia, abandono escolar, baja productividad y deterioro del tejido social.

En este contexto, el propio gobierno del estado ha planteado la necesidad de avanzar hacia una sociedad más colaborativa y participativa, basada en el humanismo mexicano y en la participación ciudadana para la construcción de soluciones públicas.

La visión impulsada por el gobernador Dr. Américo Villarreal Anaya apuesta precisamente por integrar a la sociedad en la toma de decisiones, el diálogo público y el análisis colectivo como herramientas para fortalecer el bienestar y el desarrollo sostenible.

Si esa visión logra consolidarse, la salud mental puede convertirse en uno de los espacios más importantes para materializarla.

En los últimos meses, Tamaulipas ha comenzado a abrir esta conversación.

El 4 de noviembre pasado se realizó el Primer Foro de Salud Mental e Integrativa en el Congreso del Estado, convocando a especialistas y actores sociales para reflexionar sobre la necesidad de fortalecer la política pública en esta materia.

Con ese mismo espíritu de colaboración, el 28 de noviembre se ingresó formalmente ante el Congreso del Estado una solicitud para instalar una mesa técnica de trabajo hacia una futura Ley de Salud Mental.

Posteriormente, en diciembre, la Secretaría de Salud instaló la Mesa Estatal de Salud Mental y Prevención de Adicciones, reconociendo la importancia de coordinar esfuerzos institucionales.

En enero, también se solicitó participar en la mesa estatal para presentar propuestas y ofrecer apoyo técnico desde la sociedad civil.

Hasta ahora, esas solicitudes no han recibido respuesta.

Hoy sabemos que la prevención en salud mental requiere nuevas herramientas. Programas de educación emocional, actividad física, arte, comunidad y prácticas como el mindfulness están siendo integrados cada vez más en políticas públicas de bienestar en distintos países.

En diversas experiencias internacionales, programas basados en mindfulness ya se utilizan en escuelas, hospitales y espacios laborales como herramientas para la prevención del estrés y el fortalecimiento del bienestar emocional.

Al mismo tiempo, la tecnología está comenzando a abrir nuevas posibilidades. Plataformas digitales, herramientas basadas en datos y sistemas de inteligencia artificial pueden contribuir a ampliar el acceso a información, facilitar la detección temprana de señales de riesgo y ofrecer acompañamiento inicial a personas que de otro modo no buscarían ayuda.

Sin embargo, estas herramientas deben utilizarse con responsabilidad. La tecnología no puede sustituir la atención profesional ni el acompañamiento humano, y su desarrollo debe ir acompañado de marcos éticos claros que protejan la privacidad y eviten el mal uso de datos sensibles.

La innovación puede ser una aliada importante, pero no puede reemplazar la política pública ni la construcción de sistemas de atención sólidos.

En distintos países, esta conversación ya se conecta con un concepto cada vez más influyente: la economía del bienestar. La idea es simple pero poderosa: el desarrollo de una sociedad no puede medirse únicamente por el crecimiento económico, sino también por el bienestar emocional, social y mental de su población.

Desde esa perspectiva, la salud mental deja de ser un tema periférico y se convierte en una pieza central del desarrollo sostenible.

Mientras tanto, desde la sociedad civil continúan surgiendo iniciativas. En febrero se lanzó Vibra App, una herramienta digital orientada a fortalecer el bienestar emocional y acercar recursos de apoyo a la población, que explora el uso responsable de tecnologías digitales y herramientas basadas en inteligencia artificial.

La innovación social puede ayudar.

Pero no puede sustituir a la política pública.

Recientemente se presentó en el Congreso del Estado una nueva iniciativa de Ley de Salud Mental para Tamaulipas, un paso importante para avanzar hacia un marco institucional más sólido.

A nivel nacional, 17 estados de la República ya cuentan con una Ley de Salud Mental, lo que refleja que este tema ha comenzado a consolidarse como una prioridad en la agenda pública del país.

En los últimos años, diversos estados han incorporado en sus legislaciones enfoques preventivos, comunitarios, interculturales e intersectoriales, reconociendo que la salud mental es un componente esencial del bienestar colectivo y del desarrollo social.

Tamaulipas tiene ahora la oportunidad de sumarse a ese esfuerzo.

No es la primera vez que se plantea un esfuerzo legislativo en esta materia. En la última década se han presentado diversas propuestas, aunque ninguna ha logrado consolidar una política pública integral.

La discusión que hoy se abre representa, por tanto, una oportunidad histórica.

Una ley verdaderamente transformadora no puede limitarse a la atención clínica. Debe incorporar prevención, educación emocional, atención comunitaria, acompañamiento familiar y coordinación interinstitucional.

Debe también reconocer el papel de la innovación tecnológica y de la sociedad civil en la construcción de soluciones.

La salud mental ya no puede seguir siendo el tema pendiente de la política pública.

Porque cuando hablamos de salud mental, cada año que se pospone una estrategia integral no se mide en trámites legislativos, sino en vidas que pudieron haberse salvado.

La conversación finalmente ha comenzado.

Jorge Alejandro Torres Garza

Es internacionalista con una maestría en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Durante su carrera realizó un intercambio en España y ha trabajado en los tres niveles de gobierno tanto en México como en Estados Unidos, incluyendo en un consulado de México en la zona de Los Ángeles, California. También ha participado en campañas políticas en México, colaborando con candidatos a alcaldes, diputados locales y gobernadores, así como en la campaña del senador de la República y precandidato presidencial del Partido Demócrata, Bernie Sanders, en Estados Unidos.

Recibió el reconocimiento "30 Under 30 Award" por la Asambleísta Eloise Gómez Reyes del Congreso del estado de California, un galardón que distingue a jóvenes líderes menores de 30 años por su dedicación, innovación y servicio a la comunidad.

Su pasión por el bienestar y la transformación social lo llevó a fundar Vibra/TAM, una asociación civil que promueve la salud mental de jóvenes a través de la música y las artes. Actualmente, brinda consultoría en desarrollo económico, turismo y salud mental, integrando enfoques holísticos y sostenibles.

Es amante de la música, disfrutando géneros como el rock clásico, jazz, electrónica, folk e indie. También es un practicante comprometido de yoga, meditación y senderismo, actividades que inspiran su conexión con la naturaleza y el bienestar integral.

Correo electrónico: jatorresgarza@gmail.com

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