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Cuando la justicia se improvisa; la suspensión de Vega y Ávila

La eleccin judicial llev a magistrados sin experiencia al tribunal. El resultado: decisiones improvisadas que ponen en riesgo la credibilidad de la justicia
Por: Marco Esquivel El Día Jueves 12 de Marzo del 2026 a las 14:08

Magistradas Dulce Yanet Vega Camacho, Lourdes Guadalupe vila Tovas y Guillermo Cuautle Vargas durante sesin virtual
Autor: HT Agencia
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La reciente suspensión de las magistradas Dulce Yanet Vega Camacho y Lourdes Guadalupe Ávila Tovías por parte del Tribunal de Disciplina Judicial no solo abre un debate jurídico sobre el caso del exgobernador Eugenio Hernández Flores. También vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda que muchos prefirieron ignorar cuando se impulsó la elección judicial: ¿qué ocurre cuando la justicia se somete a la lógica de las urnas sin garantizar experiencia ni carrera judicial?

La respuesta empieza a asomarse.

Las magistradas suspendidas habían llegado al cargo tras la elección judicial celebrada en junio de 2025. Sin trayectoria sólida dentro del Poder Judicial, sin el largo aprendizaje que exige interpretar la ley y resolver conflictos complejos, se encontraron de pronto sentadas en un tribunal colegiado donde cada decisión puede alterar el destino de una persona, de un proceso penal o incluso de una relación internacional como la extradición.

El problema no es menor.

Durante la sesión en la que se discutió el amparo que terminó frenando la extradición de Hernández Flores a Estados Unidos, el magistrado de carrera Guillermo Cuautle Vargas advirtió irregularidades que revelan un manejo poco ortodoxo del procedimiento. Entre ellas, que el proyecto discutido modificaba sustancialmente la resolución original, que no se circuló previamente el documento para su análisis y que se resolvió un asunto de competencia sin el estudio formal que exige una ponencia.

En otras palabras: se discutía y votaba sobre la marcha.

El propio magistrado lo dejó claro durante la sesión. Señaló que en más de una década dentro del Poder Judicial nunca había visto que se resolviera un impedimento y el fondo de un asunto en la misma sesión, sin el trámite ordinario que marca la ley. En un tribunal colegiado, explicó, las decisiones se toman por mayoría, pero eso no significa que puedan ignorarse las formas que garantizan la legalidad.

Y en el derecho, las formas son fondo.

Aquí conviene hacer una precisión indispensable: esto no tiene nada que ver con género. No se trata de que las magistradas sean mujeres. Podrían ser hombres, mujeres o demonios; el punto es otro. En el Poder Judicial no deberían pesar las cuotas ni las simpatías políticas, sino tres condiciones básicas: experiencia, imparcialidad y respeto irrestricto a la ley.

Cuando cualquiera de esos elementos falta, la justicia se vuelve frágil.

La elección judicial se vendió como una democratización del sistema, como una manera de acercar la justicia al ciudadano. Pero la justicia no es un concurso de popularidad ni un cargo que pueda aprenderse sobre la marcha. La impartición de justicia requiere años de formación, conocimiento profundo de los procedimientos y una cultura institucional que se construye con tiempo.

La toga no se improvisa.

El riesgo de llevar al Poder Judicial a personas sin la preparación suficiente no es solo cometer errores técnicos. El riesgo real es erosionar la confianza pública en las decisiones judiciales. Cuando los procesos se perciben improvisados, cuando los procedimientos parecen torcerse en la mesa de discusión, lo que se pone en juego no es solo un caso: es la credibilidad del sistema entero.

Y recuperar esa credibilidad siempre cuesta más que perderla.

La suspensión de las magistradas es apenas un síntoma. El problema de fondo sigue ahí: convertir la justicia en un experimento político puede terminar debilitando la única institución que debería mantenerse al margen de la improvisación.

Porque cuando la justicia deja de ser oficio y se convierte en ensayo, el Estado de derecho empieza a caminar sobre hielo delgado.

En lo particular, a mi se me caería la cara de vergüenza si el magistrado Cuatle me dijera “Lo que buscamos los jueces de carrera judicial es precisamente que no se dude de nuestra imparcialidad”, y al parecer a doña Lourdes Guadalupe y Dulce Yanet esa poderosa frase se la pasaron por el arco del triunfo.

Por cierto ¿Eugenio Hernández Flores ya les agradeció? ¿Ya les ofreció un local a bajo precio en su plaza comercial por si acaso las destituyen del cargo?

Que quede claro, no soy juez para juzgarlas, ojalá que solo sea una reprimenda en privado la que reciban y para la otra, espero que estén al nivel del magistrado Cuatle que les fue tendiendo la cama y ellas sin darse cuenta.

 

Marco Esquivel

Valle Hermoso, Tamaulipas 1973
Periodista, Agente de Seguros y Consultor Político

Tiene una maestría en Gobierno y Política Pública; un Máster en Gestión de Riesgos y un Máster en Consultoría Política. Es director general del periódico digital HOYTamaulipas.

Como agente de Seguros, en 2024 obtuvo la designación como Máster en Seguros Personales, concluyendo su carrera con el Diplomado en Finanzas Personales y Familiares en el ITAM; cuenta con cédula para intermediar seguros personales, empresariales y agrícola y ganado, en 2025 otuvo su cédula para intermediar Fianzas. Es miembro de la Million Dollar Round Table (MDRT) que congrega a los mejores agentes de seguros internacionalmente.

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