12/12: símbolos, comunidad y reconciliación
Cada 12 de diciembre, México entra en una pausa extraña. No es feriado oficial del alma, pero se siente como tal. Hay peregrinos caminando de madrugada, familias encendiendo veladoras, música, flores… y al mismo tiempo, personas hablando de cierres de ciclo, alineación y sentido. Dos lenguajes distintos nombrando una misma necesidad.
Para el catolicismo popular, el 12 de diciembre es el día de la Virgen de Guadalupe. No la Virgen del poder, sino la de la cercanía. No aparece en Roma ni en Jerusalén, sino en el Tepeyac; no a un emperador, sino a Juan Diego. Su mensaje no es teológico, es profundamente humano: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”
Esa frase no exige fe para ser entendida. Es contención emocional. Es refugio. Es hogar simbólico.
Desde la psicología profunda, la Virgen puede leerse como el arquetipo de la Gran Madre: la figura que protege cuando el mundo se vuelve hostil. Jung diría que no importa tanto creer o no en ella como dogma; importa reconocer que habita el inconsciente colectivo. En tiempos de crisis —social, económica, emocional— estos símbolos resurgen porque ayudan a integrar el caos interno. No es religión: es la psique intentando no fragmentarse.
En otros ámbitos, esta fecha se asocia al llamado 12/12, entendido como un momento simbólico de cierre y reordenamiento. El número 12 ha acompañado a la humanidad desde siempre: doce meses, doce signos, doce notas musicales. Representa orden, totalidad, sistema. Más que un evento místico, funciona como una metáfora compartida: antes de avanzar, hay que acomodar lo vivido.
No es casualidad que el 12 de diciembre ocurra a las puertas del solsticio de invierno, el periodo de mayor oscuridad del año. Las culturas antiguas lo sabían: antes del retorno de la luz, era necesario atravesar la noche con sentido. Por eso los rituales, las narrativas y las figuras maternas. No como evasión, sino como forma de sostenerse.
Desde una lectura histórica más amplia, la aparición guadalupana también puede entenderse como un proceso de sincretismo cultural. El Tepeyac no era un cerro cualquiera: ahí se veneraba a Tonantzin, la madre tierra. La figura de la Virgen no borró ese símbolo; lo resignificó. En lugar de desaparecer, la espiritualidad indígena encontró otro lenguaje para sobrevivir en un nuevo orden. Más que sustitución absoluta, hubo adaptación, negociación y persistencia.
Hoy, con el lenguaje de la ciencia, podemos decir algo más: el ritual —religioso o simbólico— cumple una función concreta. Regula emociones, calma el sistema nervioso, da marco al dolor. La fe, entendida como sentido y pertenencia, actúa como un factor protector frente a la ansiedad, el estrés y la fragmentación emocional. En medio de una crisis silenciosa de salud mental, estas fechas vuelven a cobrar relevancia.
En estados como Tamaulipas, donde la resiliencia no es discurso sino experiencia cotidiana, este tipo de pausas colectivas también recuerdan que la comunidad sigue siendo un refugio posible. No porque todo esté resuelto, sino porque cuidar el sentido compartido es, en sí mismo, una forma de resistencia.
En una sociedad emocionalmente cansada, donde la conversación pública se ha vuelto ruido y sospecha, el 12 de diciembre puede leerse como una pausa necesaria. No para evadir la realidad, sino para recordar que ningún estado, ninguna ciudad y ningún país se sostienen solo con leyes o discursos, sino con vínculos, símbolos compartidos y una mínima capacidad de cuidado mutuo.
Tal vez la lección más profunda de esta fecha no esté en la fe ni en los símbolos, sino en la urgencia de reconciliarnos: con nuestra historia, con nuestras diferencias y con la fragilidad que compartimos. Porque sin contención emocional no hay comunidad posible, y sin comunidad, ningún proyecto colectivo logra florecer.
Rola del día: Says de Nils Frahm https://www.youtube.com/watch?v=dIwwjy4slI8
Jorge Alejandro Torres Garza
Es internacionalista con una maestría en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Durante su carrera realizó un intercambio en España y ha trabajado en los tres niveles de gobierno tanto en México como en Estados Unidos, incluyendo en un consulado de México en la zona de Los Ángeles, California. También ha participado en campañas políticas en México, colaborando con candidatos a alcaldes, diputados locales y gobernadores, así como en la campaña del senador de la República y precandidato presidencial del Partido Demócrata, Bernie Sanders, en Estados Unidos.
Recibió el reconocimiento "30 Under 30 Award" por la Asambleísta Eloise Gómez Reyes del Congreso del estado de California, un galardón que distingue a jóvenes líderes menores de 30 años por su dedicación, innovación y servicio a la comunidad.
Su pasión por el bienestar y la transformación social lo llevó a fundar Vibra/TAM, una asociación civil que promueve la salud mental de jóvenes a través de la música y las artes. Actualmente, brinda consultoría en desarrollo económico, turismo y salud mental, integrando enfoques holísticos y sostenibles.
Es amante de la música, disfrutando géneros como el rock clásico, jazz, electrónica, folk e indie. También es un practicante comprometido de yoga, meditación y senderismo, actividades que inspiran su conexión con la naturaleza y el bienestar integral.
Correo electrónico: jatorresgarza@gmail.com
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