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Las nuevas formas de consumo

Por: Clara GarcÝa Sßenz El Día Lunes 15 de Noviembre del 2021 a las 20:59

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Finalmente me decidí a comprar la campana para la cocina, así que, seducida por el capitalismo, esperé el Buen Fin para ver ofertas; como aun no estoy totalmente convencida de las ventas en línea, vi algunas promociones locales en internet y encontré el modelo que quería en una de las más grandes mueblerías de la ciudad.

Cuando llegué a la tienda había un montón de empleados en la entrada, libreta en mano esperando, tal vez a la multitud de clientes que aún no llegaban para aprovechar las grandes ofertas, aquello estaba totalmente desolado. La persona que me recibió en el filtro fue la misma que me preguntó que buscaba y me acompañó hasta donde estaban los muebles de línea blanca.

Antes de que le dijera qué marca y modelo buscaba, se adelantó mostrándome la primera campana que estaba en el pasillo de exhibición, le dije que no quería una así porque ya había tenido una parecida y que los botones de encendido y apagado se descomponían fácilmente, que buscaba un modelo que fuera de swich; me dijo que no, que ya no había, que no las fabricaban, seguí caminando hasta llegar al fondo del pasillo donde se encontraba el modelo que había visto en internet, le dije que sí había, que las había visto en la página web de la tienda y que eran como las que estaban al fondo. Molesta me preguntó “¿cuál página?”, “pues la de ustedes” le dije.

Le hice algunas preguntas técnicas, las cuales me respondió con varios “no sé”, “así vienen” “no sabría decirle”; tantos no, me hicieron sentir incomoda con su trato, noté hostilidad, molestia y enfado en sus respuestas. La gota que derramó el vaso fue cuando le pregunté por unas manchas negras que traía el supuesto acero inoxidable del que decía estaba fabricada. Con la uña le empezó a rascar y me dijo, “pues es mugre, lávela cuando se la entreguen” le respondí con asombro “pero es nueva” a lo que replicó en tono de regaño “pues todo lo que llega a su casa tiene que lavarlo”.

Entonces entendí que su hostilidad hacia mí era real, le dije que no me estaba gustando su trato, que no me sentía cómoda, que mejor llamara a otra persona para que me atendiera, me respondió un par de cosas que no escuché porque su tono era ya un tanto altanero. Tengo por costumbre no comprar en lugares donde me tratan mal, me hace sentir como si me hicieran un favor, son groseros, antipáticos o altaneros con el cliente, donde ponen trabas, engañan o condicionan.

 El modelo era el que yo buscaba y el precio también, pero recordé que en este mundo capitalista el consumidor tiene el poder de decidir cuándo y dónde comprar y más si la oferta en el mercado es mayor que la demanda. Salí de la mueblería sin hacer la compra ante la mirada de asombro de los vendedores y reviré diciéndoles que era necesario el buen humor para poder vender.

Cuando comenté el incidente con mis compañeros de trabajo, al unísono me dijeron que ellos preferían ir a la mueblería Villarreal porque ahí el trato era mucho mejor y que los empleados siempre estaban de buen humor “a poco no sabes que ahí siempre tratan mal a la gente, además son muy hostiles cuando cobran los abonos y los precios son más caros”.

Intenté hacer la compra directa en la página web de la fábrica que anunciaba hasta 50% de descuento y envío gratis a toda la república mexicana; elegí el modelo y llené mis datos pero antes de pagar me apareció un aviso señalando que no hacían entregas en el lugar donde vivía.

Y como la internet siempre nos espía, me apareció la promoción del producto en Liverpool, donde costaba 500 pesos menos la dichosa campana; así que me lancé en corto a comprarla en línea, durante dos día intenté sin éxito porque al final de la operación aparecía un anuncio que decía: “operación sin éxito, favor de intentarlo más tarde”.

Hace algunos días un compañero de trabajo nos ofreció cobijas que vende por catálogo, le pregunté por los colores y precios, me mostró una amplia gama y me ofreció facilidades de pago, le hice un pedido y a las dos horas llegó alguien a dejarle el producto que me entregó antes de la salida. Al día siguiente llegó con más, porque otros compañeros también le habían comprado; él estaba contento con la venta, nosotros por las cobijas que habíamos adquirido con toda comodidad, rapidez y facilidades.

Se ha priorizado durante la pandemia la reactivación económica sobre las acciones del cuidado de la salud y hay preocupación porque la gente no ha respondido como se esperaba en el Buen Fin, como tampoco en la apertura de los puentes internacionales, ni en la asistencia de la Feria en Ciudad Victoria y me parece después de mi experiencia de compra que muchos aprendimos durante el confinamiento, a consumir y gastar de forma más consciente y ordenada, creando una economía comunitaria, donde le compramos a los pequeños vendedores, al amigo, al compañero de trabajo, porque nos tratan mejor, el servicio es más expedito y mantenemos vivas nuestras comunidades, lo que se traduce en una forma también de derrotar a los grandes capitales, las corporaciones y al capitalismo salvaje.

E-mail:claragsaenz@gmail.com


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