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Leal Guerra, los enemigos ocultos

Por: Marco Antonio Torres El Día Miercoles 02 de Noviembre del 2016 a las 22:27

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Somos de la idea que las guerras políticas se hacen con argumentos, no con elucubraciones.

Y las batallas se hacen con ideas, no con armamento mortífero.

Las guerras en sí no deberían llevar como fondo, móviles de venganza.

Pero sabemos que esto es mucho pedir, sobre todo en un mundo tan cruel y despectivo donde al enemigo se le tira a matar, y no a lastimarlo únicamente.

También somos de la idea de que a un presidente municipal sin historial político, hay que darle tiempo de aprender, de experimentar y hasta por qué no, de equivocarse; pues no lo respalda –como a otros- la experiencia. O lo que se conoce en el argot, no lo respalda una trayectoria cuyo peso específico haya sido el aprendizaje.

No es fácil construir un andamiaje en tan poco tiempo.

Aunque nada se da por casualidad, menos el éxito ni una victoria electoral, así haya sido pírrica.

Pero en política el mundo y los destinos son tan cambiantes porque existe –como preámbulo de un cambio- lo que se llama hartazgo. Y eso fue lo que pasó aquí, en Tamaulipas, en El Mante y en los municipios.

Fue por eso que a muchos candidatos la victoria los tomó por sorpresa.

El alcalde del Mante JUAN FRANCISCO LEAL GUERRA es un esforzado hombre cuya praxis política es justamente eso, de sentido práctico. La fórmula la puede saber hasta un niño de kínder, a más trabajo, más éxito. A mayor esfuerzo, más compensación y triunfos.

Considerando que esos triunfos sean –simplemente, en el hipotético ejemplo- haber cumplido con el deber, gobernar bien.

Leal Guerra está aprendiendo formas de hacer política, las va formando, pues es imposible ser teórico nada más. Para eso necesita que los días lleguen, literalmente.

Y muchos días para él no han llegado; lleva gobernando apenas 33 días al día de hoy.

Se sabe que la política teórica no sirve de nada en tanto no se ejerce.

Por eso somos de la idea que al alcalde hay que dejarlo trabajar, permitir que sus días lleguen.

No es elucubrando como le ganarán la guerra.

De hecho él tiene mucho que ganar y poco que perder, simplemente porque su estancia en Palacio municipal es legítima, es avalada por la Constitución.

Su triunfo electoral le permite gobernar del primer día hasta el último de sus dos años.

Es un bienio para acabar pronto.

Cierto, los juegos siempre deben ir de menos a más; y la regla dice que no debe ir de más a menos.

Y hasta donde vemos, él va en plano ascendente, cual estrella en constante ascenso.

Por su parte JUAN SALDIVAR RODRÍGUEZ tiene –por lo que vemos- un brillante futuro por delante.

Y sus aspiraciones a futuro son legítimas pues se trata de un ciudadano más.

Ha ido superando pruebas paulatinamente.

Ha dejado de lado estorbos de comportamiento, volviéndose sencillo, afable, tratable y negociador con usuarios de COMAPA de pocos recursos.

Eso abona a su favor.

Y lo proyecta de cara a un futuro político prometedor. Para nadie es un secreto que una gerencia de Comapa es una pasarela natural que logra proyectar políticos con aspiraciones.

El alcalde ciertamente ha estado peleando con los números. Pues a saber son múltiples los faltantes que existen. Y hay promesa de mejores sueldos a futuro. Sobre todo para colaboradores suyos, de confianza, a los que se les prometió mejor salario en determinado momento.

Les ha pedido paciencia, diciéndoles: “Las cosas mejorarán”.

Por eso quizá el alcalde merezca más consideración de sus enemigos ocultos.

Hasta aquí con eso.

Pasemos a otro tema.

Tiempos de evolución constante se viven en Tamaulipas.

Por suerte se ve -al menos en apariencia- que las gestas y movimientos son cada vez más de índole social y no de enfrentamientos a metralleta limpia entre grupos armados.

Quizá sea cuestión de tiempo para constatar que los vientos de cambio son reales, y no mera percepción.

Aunque en política la percepción es realidad, es terreno pisado, tan válido como la percepción misma.

Lo que si visualizamos hoy es el cambio de rubro. 

Hoy son guerras o conflictos de otro tipo. Guerras sociales, gestas de orden justiciero.

Por eso la toma de calles, de carreteras; y por eso los plantones y caminatas de protesta.

Aunque el submundo existe aún.

Ese no se va, tampoco desapareció. 

Ni que fuera magia o émulos de Harry Houdini quienes dirigieran la política.

La existencia de los negocios del submundo existe; pero no es el momento de mencionarlo aquí por ahora.

Luego entonces el peligro de que los demonios se desaten en cualquier momento es constante.

Las bombas sociales estallan en cualquier momento, a menos que estén sujetas a las manecillas del reloj.

Hoy los movimientos son de orden social. Al menos eso leemos.

Los reclamos sociales son por pagos atrasados de Sagarpa, por la nulidad en la entrega de apoyos de Itavu e incluso, reclamos por reinstalación laboral, injusticias sindicales y hasta por el caso de las reformas peñanietistas, etc, etc.

El cambio empieza a notarse.

Aunque no necesariamente estamos viendo vientos alisios, que son los más benévolos que existen en el planeta tierra.

Al menos el panorama actual no registra tintes de sangre. Ni el crepúsculo se tiñe de terror.

Aunque la sangre de los muertos sigue clamando justicia.

Aunque un sexenio se acaba de ir y el otro está comenzando…

Mejor pasemos a otro asunto.

Vicente Verastegui Ostos es la otra parte del poder político de su tierra, Xicoténcatl. 
La otra mitad es su hermano, César Augusto Verastegui, a la sazón actual Secretario General de Gobierno del sexenio de Francisco Javier García Cabeza de Vaca. 

Acaba de ser nombrado como tal hace exactamente un mes.

Y ahí la lleva.

Este alcalde de Xicoténcatl por segunda vez, Vicente Verástegui comenzó su Gobierno el 1 de octubre de 2016.

Lleva apenas un mes gobernando pero ya se empieza a notar su mano.

El progreso es notorio en Xicoténcatl, la tierra del mamut, un legendario animal de la prehistoria que vivió en el Valle de Xicoténcatl (rumbo a Zaragoza, Tamaulipas) hace millones de años.

Pero que dejó legado, sus enormes huesos y osamentas regadas por doquier.

Por eso se dice que Xicoténcatl es tierra de gigantes.

Es una especie de metáfora

Vicente Verastegui es un alcalde joven que se tomó el serio su papel de primera autoridad.

Ejerce un Gobierno cercano a la gente, de saludo constante, diario, cotidiano.

Ganó con amplitud y generosidad de votos las pasadas elecciones del 5 de junio; derrotó a un priista conocido, Mario Marroquín.

Xicoténcatl y El Mante son el epicentro del poder político en Tamaulipas, al menos en el suroeste de la entidad, tan dejado de la mano de Dios.

Vicente Verastegui pertenece a esa querida estirpe de políticos con oficio y vocación social.

Los Verástegui también son cañeros sumamente queridos y respetados.

Son tíos del artista Eduardo Verástegui, una estrella del espectáculo mundial que se abrió paso en esa difícil carrera y que hoy es un astro en constante ascenso.

Pero los Verástegui políticos empezaron así su carrera, siendo gestores de causas.

Hoy los dos (Cesar y Vicente Verastegui Ostos) están de nuevo en los cuernos de la luna, en la cúspide del poder político.

Como si alguna vez hubieran dejado de estarlo.

Fueron los sepultureros del PRI en la comarca. Desde El Mante, ciudad que tomaron como su epicentro para lograr sus ideales expansivos hasta Tula.

Y desde González hasta Nuevo Morelos, el municipio más septentrional del estado.

En otro asunto, la Semarnat (Secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales) debe frenar el ecocidio en Tula, Tamaulipas, sino es que la propia dependencia federal fue quien lo autorizó.

Sería interesante saber qué postura adopta la Semarnat de Tamaulipas, cuyo delegado federal es Jesús González Macías, un verde ecologista acusado de recibir el cargo por favores políticos que le hizo al PRI siendo diputado local y federal.

También fue dirigente estatal de ese partido político y el PRI lo premió dándole el cargo federal.

Él debe saber que en Tula, pueblo mágico, está cometiéndose un crimen contra la naturaleza.

Y debe meter las manos por ella.

Manos criminales están talando árboles milenarios en un parque infantil de la ciudad, que se ufana y vanagloria de ser pueblo mágico. 

La era de las cavernas ya pasó. 

El respeto a la naturaleza es obligatorio a estas alturas. Y el ecocidio se penaliza con prisión.

Un acto así es considerado un crimen.

Bien, hasta aquí por ahora, nos vemos pronto.

Marco Antonio Torres de León

Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación en CUTM, laboró en diarios como El Sol de San Luis. Inició en el diario La Opinión de Matamoros como reportero de deportes. Posteriormente trabajó como reportero de información general en Expreso de Mante en 1999, en Noticias del Sur (hoy Cinco Noticias, El Signo de Mante, El Matutino)

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