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Sección: Editoriales / V de vendetta

De chocolates y dinosaurios

Por: Elsa Celis 16/08/2012 | Actualizada a las 00:44h
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La ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos fue una demostración de la supremacía inglesa; mandó un mensaje subliminal de la gran influencia del pueblo inglés en varios contextos. Nos dejó ver claramente cuánto le ha dado al mundo.
 
Su espectáculo -plagado de alta tecnología- fue impresionante. Nos recordó que si de letras se trata, un estadio tapizado de fragmentos de sus obras literarias no le fue suficiente.
 
En lo referente a influencia musical, dio una cátedra; refrescándonos la memoria de que la historia de la música, en gran parte está liderado desde la tierra de los palacios y los piratas. Los jóvenes que admiraron la ceremonia no daban crédito que sus ídolos provenían del Reino Unido, ya que suponían erróneamente que pertenecían al mercado estadunidense.
 
Para el mundo de la moda, los inventos, el teatro, la danza y la capacidad de organización, los  ingleses se pintan solos.
 
Mis hijos, muy impresionados por las contribuciones que Inglaterra le ha dado al mundo, me cuestionaban “Si ése evento hubiera tenido lugar en México, aparte de Vicente Fernández –ampliamente reconocido a nivel mundial- ¿Que mas teníamos para presumir al exterior?”
 
Buena pregunta; pero mejor aún la respuesta. Por principio les comenté: “Si México no tuviera tanto qué dar al mundo, no habría tanta población extranjera eligiendo -por decisión propia-  a nuestro país para vivir y disfrutar el resto de su vida, completamente enamorados de nuestra tierra”.
 
México es un país bendecido por la calidez de su gente. Es dueño de un patrimonio histórico, que ya lo quisieran muchas grandes naciones. En el libro de Bernal Díaz del Castillo “La verdadera historia de la Conquista de la Nueva España”, menciona la ‘sublime experiencia’ que vivió -en carne propia-, al ver a la Ciudad de México “desde las mismas fauces del Volcán Popocatépetl”; en una vista panorámica que enmarcaba su grandeza. Pero más hermoso fue contemplar la entrada a la Gran Tenochtitlán desde la calzada de Iztapalapa en donde la detalla “como entrar al paraíso; aves de mil colores revoloteando; agua, canoas, plantas, flores” –nunca antes imaginado siquiera- y compara su tamaño con las grandes urbes Españolas de esa época.
 
Somos herederos de la cultura que hoy tiene en jaque al mundo… Los Mayas, reconocida por sus aporte culturales y científicos; un ejemplo de esto, es su exacto calendario, que reflejaba su amplio conocimiento matemático y astronómico.
 
Por otro lado; el folclor es tan variado, porque cada Estado tiene su propia representación llena de color. La música quizá no sea Pop o heavy, pero deleitarnos con un canto purépecha, huichol o maya -entre otros- es algo bello y tan apreciado en el resto del mundo; de ahí la fama de la internacionalmente conocida Lila Downs.
 
Se podrían llenar libros de nuestro patrimonio y no acabar; sin contar cómo hemos llenado al mundo de sabor y alegría con el chile, chocolate, mole, tacos, tamales, tequila, mariachi y mil cosas más.
 
Pero mis hijos me detienen y cuestionan, “Lo que tu narras es pasado, ¿Y el presente? ¿Qué ha dado México al mundo en la actualidad?”, casi se oyó como si rayaba un disco; me atreví a decir telenovelas –y me abuchearon-, televisor a color; artistas de la pluma; la música y la pintura; ¡por suerte recordé!… el más grande telefonista –por su riqueza-, el más grande cementero, el tortillero más importante en el planeta y el panadero más rico del mundo.
 
Y me apreste a decir, “De aquí en adelante son ustedes los jóvenes quienes deben aportar más cosas buenas al mundo”; no esperen a que el azar nos alcance para hacernos famosos, recordándoles el asunto aquél de Yucatán, el lugar elegido por el destino, donde cayó el asteroide que desapareció de la faz de la tierra a los Dinosaurios.
 
Aunque todavía anda por ahí uno que -según evolucionó- dejo la piel del PRI para convertirse en “El Mesiánico Peje lagarto”. Este especimen de eslabón perdido, sólo México lo posee. Pero con gusto lo podríamos dar de regalo, con la condición de que sea sin retorno.
  

Elsa Celis

Es Licenciada en Administración de Empresas. Máster en Administración Pública

Editora de la Revista Viva Tamaulipas

Columnista de medios impresos, así como de diferentes portales electrónicos
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