Ni tan joven ni tan viejo
Joaquín Sabina tituló una canción Ni tan joven ni tan viejo, uno de esos encuentros en los que los años importan menos que todo lo vivido. La frase sirve también para mirar al México de hoy. Seguimos siendo un país joven frente a buena parte del mundo, pero cada vez lo somos menos.
Esta semana que termina, el INEGI publicó los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, construida a partir de más de 7.3 millones de viviendas. Somos alrededor de 131 millones de personas, cerca de cinco millones más que en 2020. El número impresiona, aunque el dato de fondo está en nuestra edad y en los niños que están dejando de nacer.
En 1995, la mitad de los mexicanos tenía 21 años o menos. En 2000 eran 22, en 2010 llegamos a 26, en 2020 a 29 y hoy la edad mediana es de 32 años. En tres décadas, el mexicano situado exactamente a la mitad de la población envejeció once años. Al mismo tiempo, la tasa global de fecundidad cayó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a apenas 1.2 en 2024, muy lejos de los 2.1 asociados con el reemplazo generacional.
La población que vemos hoy cuenta la historia de los hijos que tuvimos durante las últimas décadas. La fecundidad cuenta la historia de los mexicanos que vendrán.
Dentro del país conviven realidades muy distintas. Chiapas tiene una edad mediana de 26 años y Ciudad de México llega a 37. Once años de diferencia dentro de las mismas fronteras. Tamaulipas está en 33. En fecundidad, Chiapas registra alrededor de 1.8 hijos por mujer y Ciudad de México apenas 0.8. Ninguna entidad alcanza ya el nivel de reemplazo.
México continúa siendo joven frente a países como España y Corea del Sur, cuya edad mediana ronda los 47 años, Italia, cercana a 50, o Japón, que supera esa cifra. Estados Unidos está en 38.5, Chile en 36.9 y Brasil en 34.8. México, con 32, está también cerca de la edad mediana mundial, que ronda los 31 años. Las comparaciones internacionales provienen de las estimaciones de Naciones Unidas y tienen una metodología distinta a la medición del INEGI, pero permiten dimensionar nuestra posición. La diferencia con los países más envejecidos sigue siendo amplia, pero México tardó quince años en pasar de una edad mediana de 21 a 26, diez más en llegar a 29 y cinco en alcanzar 32. La dirección merece atención.
Durante décadas pensamos el crecimiento de México desde otro problema. Éramos muchos, nacían millones y había que construir escuelas, viviendas, empleos, carreteras y ciudades para recibirlos. “La familia pequeña vive mejor” terminó convirtiéndose en una de las frases más conocidas de la política poblacional mexicana. Medio siglo después, la conversación comienza a invertirse.
Ahí aparece el bono demográfico. México disfrutó durante décadas de una proporción creciente de personas en edad de trabajar frente a niños y adultos mayores. Esa estructura ofreció una oportunidad para crecer, ahorrar, invertir y elevar la productividad. El bono nunca fue dinero depositado en una cuenta. Era tiempo, y ese tiempo comienza a agotarse.
Un país con menos niños necesitará menos lugares escolares en algunas regiones y podrá invertir mejor en cada alumno. Con menos jóvenes entrando al mercado laboral tendrá que producir más con cada trabajador. Automatización, inteligencia artificial, educación, capacitación y una mayor participación económica de las mujeres adquieren entonces una importancia distinta.
También están cambiando nuestras casas. México pasó de aproximadamente 35.2 millones de viviendas particulares habitadas en 2020 a 39.7 millones en 2025, mientras sus ocupantes promedio disminuyeron de 3.6 a 3.3. Una población que crece menos puede seguir demandando millones de viviendas porque los hogares son cada vez más pequeños.
Las condiciones materiales también avanzaron. El agua entubada llega a 97.6 % de las viviendas y en 82.4 % se encuentra dentro de ellas, frente a 77.6 % en 2020. Las viviendas sin drenaje bajaron de 4.4 a 2.5 %. Al mismo tiempo, aquellas con tinaco aumentaron de 64 a 70.6 % y las que tienen bomba de agua de 30.3 a 36.7 %. La infraestructura se extiende mientras millones de familias siguen equipándose para almacenar y administrar el agua por su cuenta.
La transformación digital es igualmente visible. Las viviendas con internet pasaron de 53.9 a 75.7 % en cinco años y 94.5 % dispone de celular. Computadora, laptop o tableta apenas pasó de 38.4 a 39.3 %. México entró masivamente al mundo digital por una pantalla que cabe en el bolsillo.
La Encuesta también permite observar ingresos monetarios provenientes de fuentes distintas al trabajo, como pensiones, jubilaciones, programas sociales y remesas. La ENIGH, que mide el ingreso completo de los hogares, calculó para 2024 un promedio mensual de 25,955 pesos. Cerca de dos terceras partes provenían del trabajo y alrededor de 18 % de transferencias. Conforme aumenta la edad de una sociedad, pensiones, jubilaciones, patrimonio y transferencias adquieren mayor peso en la economía familiar.
Después vienen la salud y los cuidados. Una sociedad con pocos hijos y vidas más largas modifica la familia. Habrá menos hermanos, tíos, primos e hijos disponibles para acompañar a generaciones numerosas de adultos mayores. Crecerán los hogares pequeños y las personas que envejecen solas. Cuidar será uno de los grandes desafíos económicos y sociales del país.
Japón, Alemania, Italia, España o Corea del Sur comenzaron a enfrentar este proceso después de alcanzar niveles elevados de ingreso, infraestructura y protección social. México tendrá que recorrer una parte importante del mismo camino con recursos considerablemente menores.
Los grandes cambios poblacionales parecen lentos mientras ocurren, pero cuando los advertimos llevan décadas avanzando. Un niño que deja de nacer hoy faltará en un salón dentro de seis años, en una universidad dentro de dieciocho y en el mercado laboral alrededor de dos décadas después.
Por eso considero que la cifra que merece mayor atención de la Encuesta Intercensal 2025 puede ser 1.2 y no 130.9 millones.
Durante nuestra historia reciente, México aprendió a administrar una población que crecía. Ahora tendrá que adaptar sus ciudades, fortalecer los sistemas de salud y cuidados, elevar la productividad y aprovechar mejor a cada nueva generación.
El bono demográfico tenía fecha de caducidad. México todavía es joven frente a buena parte de las economías desarrolladas. Como cantaba Sabina, ni tan joven ni tan viejo. La diferencia es que ahora sabemos hacia cuál de los dos extremos estamos caminando. A los 32 todavía pueden faltar los dolores en las articulaciones, pero de manera natural inicia la pérdida gradual de masa muscular.
¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto, si la IA y los problemas de la edad lo permiten.
Placeres culposos: ver algunos juegos de la NFL y 100, habilidades físicas en Netflix.
Un Jamonscillo para Greis y una Gloria para Alo.
David Vallejo
Politólogo y consultor político, especialista en temas de gobernanza, comunicación política, campañas electorales, administración pública y manejo de crisis. Cuenta con posgrados en Estados Unidos, México y España. Ha sido profesor, funcionario estatal y federal, así como columnista en Veracruz, Tamaulipas y Texas. Escritor de novelas y cuentos de ficción. Además, esposo amoroso, padre orgulloso, bibliófilo, melómano, chocoadicto y quesodependiente.
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