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Nuestro “Yo” animal

Por: Jorge Alonso Infante El Día Domingo 20 de Septiembre del 2026 a las 22:48

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Una mirada a las noticias actuales en nuestro mundo bastará para ver que estamos inmersos en situaciones de conflictos armados y sociales en muchas partes. Desde el microcosmos de nuestro entorno familiar, hasta guerras que llevan años librándose. El ser humano opta por dirimir sus diferencias con acciones agresivas y lesivas en lugar de aquellas empáticas y/o de consenso.

Y no sólo son las generaciones de mayores años, sino que los jóvenes están dando muestra de una escalada notoria de actitudes agresivas. El caso del bullying y la violencia escolar se ha disparado tremendamente en los últimos años y, más allá de calmarse, parece incendiarse más, cual fuego al cual se le echa gasolina.

Lo terrible de esto es que en muchos videos que se vuelven virales cada vez se ve mayor participación de mujeres y niñas, y no sólo eso, parecen disfrutarlo al grado de hilaridad y hasta echando porras para alentar, grabando los conatos de bronca en lugar de tratar de frenarlos. Se están, tristemente, normalizando tales actitudes cuando no debería ser así.

¿Pero cómo no asimilarlo? Si los entornos de injusticia y violencia los vemos en muchas partes de nuestras vidas cotidianas: en el hogar, en el trabajo, en las escuelas, etc. Las nuevas generaciones replican lo que viven y ven. Normalizar esto y, peor aún, minimizarlo, sólo hará que sucesos de tal naturaleza sigan presentándose y aumentando.

Hay que decirlo tal cual: la laxitud, complacencia o colusión perversa de los órganos oficiales constituidos para prevenir tales incidencias, los entes públicos, universidades, escuelas, etc., han sido y son parte importante del problema. Tratar de taparlo es inútil; son momentos de aceptar la realidad y luchar duro para revertir lo que bien no se hace o lo que está faltando por hacer.

Algo así no es fruto de la casualidad, es consecuencia de años de gestación y ahora brote viral.

Estadísticamente, acorde con fuentes oficiales como el INEGI, así como otros organismos que cubren los temas de inseguridad y violencia, vemos que muchas estadísticas van al alza desde hace años. Los números son fríos y no mienten; la narrativa de pacificación y estabilidad es fútil ante estos escenarios. Decir que estamos bien o que estamos mejorando es un tremendo despropósito para la causa.

Acorde con un artículo de Excélsior, México se ha consolidado en 2026 como el país con mayor incidencia de acoso escolar a nivel mundial, una crisis que, según datos de la CNDH y organismos internacionales como Bullying Sin Fronteras, afecta a 8 de cada 10 estudiantes de educación básica. Esta estadística se traduce en aproximadamente 28 millones de menores en situación de riesgo, quienes enfrentan un entorno donde la violencia física y psicológica se ha vuelto sistémica.

El Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia reporta que, en el último lustro, las denuncias por este concepto han experimentado un incremento crítico de 205 %, concentrándose 45 % de los casos en el nivel secundaria.

La gravedad del fenómeno en este ciclo escolar también se refleja en la evolución hacia el ámbito digital, donde el Módulo sobre Ciberacoso (Mociba) del INEGI señala que 21 % de los adolescentes sufre agresiones constantes a través de redes sociales. Y se estima que 80 % de los actos de bullying no son reportados a los docentes, lo que perpetúa ciclos de violencia que derivan en graves secuelas de salud mental.

Como seres humanos terminamos siendo parte del reino animal, pero si lo que nos diferencia de los demás animales es nuestra capacidad cognitiva, estamos fritos. Quiere decir que tenemos mayor capacidad para dilucidar, asimilar, para el raciocinio y, aun así, decidimos ser violentos. En muchas especies, el enfrentarse entre sí es parte de su ritual social, por el dominio territorial, de la manada, etc. En nosotros, eso puede ser una elección, pero, por lo que se ve, las rutas pacíficas y de acuerdos no siempre son las que se toman.

Por ejemplo, ¿por qué para la CNDH y, en el caso de Tamaulipas, la CODEHT, no se genera por ley que sus recomendaciones sean con carácter de sanciones punitivas? Hacen un gran trabajo para la detección o intervención en incidencias de injusticias y, como órgano separado de los poderes, debe ser el árbitro con peso y, de ser necesario, con rigor.

El no hacerlo así genera que aquellos que gustan de no obedecer preceptos éticos, morales y de justicia simplemente hagan caso omiso a las recomendaciones. Y el engranaje seguirá igual, en lugar de ser sometido a sanciones por acción u omisión. Ya existen casos en México que generaron un precedente de ello. Entonces, ¿qué nos falta? Trabajo arduo se hace en temas de derechos humanos y me consta por parte de la CODEHT y otras instancias; es hora de darles mayor relevancia.

Como ya lo plasmamos, el incremento en el bullying escolar es otra estadística en la que, triste y lamentablemente, encabezamos ¡a nivel mundial! Si esto no es suficiente para actuar con enorme determinación y sin excusas, entonces:

¿Qué más tendría que pasar, cuántas tragedias más, cuántas vidas más?

El sentido común palidece ante nuestro sentido animalesco.

Complacencia

Un lector me pidió que emitiera mi opinión ante los infames casos en los que una persona que está muy preparada, en lugar de ser buscada y hasta peleada para contratarla, es evadida y hasta rechazada. ¿Qué puedo decir ante ello? Y créanme que lo he vivido en carne propia muchas veces.

Pues que es el mundo al revés. Esto sucede en ámbitos preferenciales a otros tantos intereses, menos a los de una congruente búsqueda de resultados cualitativos. Es estupendamente irónico e irrisorio que se diga en la narrativa que buscan o buscarán a los mejores perfiles para sacar adelante al país, estado, empresa, etc., cuando hacen totalmente lo contrario. Esto en México, lamentablemente, es algo tan común como comer tacos.

En nuestra historia universal han sido grandes pensadores y activistas los artífices de la revolución social y tecnológica de nuestra humanidad, y no los huevones o los que meten por “compromisos” o complicidades más que por aptitudes. ¿Por qué seguimos siendo un país con rezagos procesales, estructurales y sociales? Porque, igual que en el tema del bullying, todo eso por muchos años se ha permitido, se sigue permitiendo y hasta se alienta.

No queramos salir del pozo si se privilegian las pendejadas sobre preceptos de intelectualidad congruentes y/o sobre los reales académicos y pensadores. Es como si te encontraras entre la vida y la muerte y necesitaras una intervención quirúrgica muy específica, y en lugar de escoger a un doctor con especialización y años de experiencia, escoges a un mecánico.

Pareciera algo de no entenderse, anormal, estúpido, y sí, así exactamente lo es.

Complacido, mi estimado amigo y lector.

Reflexión

“Todo aquello que nos irrita de los demás puede llevarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos”.

—Carl Jung

Jorge Alonso Infante Alarcón  

Carrera Licenciado en Relaciones Internacionales.

Maestría en Administración Pública en la U.A.M. Francisco Hernández García (U.A.T.)   

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