Tamaulipas ante una nueva economía energética
La Cuenca de Burgos, el Campo Trión, los proyectos solares y eólicos y los puertos de Matamoros y Altamira pueden integrarse en una estrategia estatal de largo plazo.
El punto de inflexión es Trión, desarrollado por Pemex y la australiana Woodside Energy en aguas ultraprofundas. El campo se localiza a unos 2,500 metros de profundidad, aproximadamente 180 kilómetros de la costa mexicana, y Woodside mantiene como objetivo iniciar la producción en 2028.
En este escenario, el gobernador Américo Villarreal Anaya tiene la oportunidad de ejercer una rectoría estatal que vaya más allá de atraer inversiones: debe lograr que la riqueza energética se traduzca en proveeduría tamaulipeca, empleos especializados, transferencia tecnológica, infraestructura y bienestar regional.
El propio Gobierno estatal ha planteado que Trión debe generar beneficios económicos para Altamira, Tampico, Ciudad Madero y Matamoros.
La estrategia debe contemplar una doble plataforma portuaria. Altamira posee infraestructura industrial, petroquímica, logística y portuaria capaz de atender operaciones complejas y cadenas de suministro.
Matamoros, por su parte, puede convertirse en una puerta estratégica para servicios offshore. El proyecto del Puerto del Norte contempla servicios para la industria energética y tiene entre sus potenciales cargas el petróleo, derivados y servicios especializados para operaciones marítimas.
Aquí adquiere especial relevancia la participación de los alcaldes Armando Martínez Manríquez, en Altamira, y Alberto Granados, en Matamoros, quienes pueden convertir la coordinación municipal en una política territorial para preparar parques industriales, vialidades, servicios urbanos, vivienda, capacitación laboral y espacios para nuevas empresas proveedoras.
En este punto, la Universidad Autónoma de Tamaulipas puede convertirse en uno de los pilares de la estrategia. La UAT debe anticiparse a la demanda laboral creando o fortaleciendo programas en ingeniería petrolera, geociencias, energías renovables, inteligencia artificial aplicada, automatización, robótica, seguridad industrial, logística portuaria, oceanografía, ciencias ambientales y mantenimiento de infraestructura offshore.
La Universidad también puede impulsar investigación de frontera, laboratorios especializados, certificaciones profesionales y convenios con Pemex, Woodside, empresas proveedoras y centros nacionales e internacionales. El objetivo debe ser que una parte creciente del conocimiento generado por la actividad energética permanezca en Tamaulipas. La propia alianza Pemex-Woodside contempla capacitación de jóvenes, transferencia tecnológica y desarrollo local.
La gran propuesta, por tanto, es construir un Sistema Energético Tamaulipeco, donde gobierno estatal, UAT, municipios y empresas trabajen bajo una misma hoja de ruta. Burgos aportaría gas; Trión, petróleo de aguas profundas; el sol y el viento, energía limpia; Altamira, infraestructura industrial y logística; y Matamoros, una nueva ventana marítima hacia el Golfo.
Así, Tamaulipas no sería solamente territorio productor de energía: podría convertirse en generador de conocimiento, tecnología, empleos de alta especialización y cadenas productivas, haciendo de la transición energética una verdadera estrategia de desarrollo regional.
Jorge Alfredo Lera Mejía
Tampiqueño, Economista (ITAM), LAE, Maestro en Economía y Doctor en Administración Pública (UAT).
Asociado del INAP, Subsecretario del Exterior de la Federación del Colegio Nacional de Economistas y Vicepresidente zona noreste de la LER. Inicia su carrera en 1977 y ha desempeñado diversos cargos en la Administración Pública Federal, en Michoacán y en Tamaulipas.
Catedrático en la UNAM, ITAM, ULSA y actualmente profesor-investigador por la UAT e Instructor de la Auditoría Superior de la Federación.
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