El informe del informe
Claudia Sheinbaum presentó su Segundo Informe de Gobierno desde Palacio Nacional. A 23 meses de haber asumido la Presidencia, hizo un recorrido por la economía, la seguridad, la salud, la educación, la vivienda, la infraestructura, la energía, los programas sociales y la relación con Estados Unidos.
Las cifras dibujan una parte importante del país. La economía creció 1.4 % en el segundo trimestre. La inversión extranjera directa alcanzó casi 35 mil millones de dólares durante el primer semestre. El gobierno reportó una reducción de 51 % en el promedio diario de homicidios desde septiembre de 2024. Avanzan trenes de pasajeros, carreteras, hospitales, vivienda y proyectos energéticos. Sheinbaum destacó también el aumento del salario mínimo y una relación con Estados Unidos basada en cooperación y soberanía.
Son muchos datos. Miles de acciones. Cientos de programas. Una enorme cantidad de información para responder una pregunta bastante sencilla. ¿México está mejor que hace un año?
Para eso debería servir un Informe de Gobierno.
El artículo 69 de la Constitución obliga a la persona titular del Ejecutivo a presentar cada año al Congreso un documento sobre el estado general de la administración pública. Durante buena parte de nuestra historia moderna aquello terminó convertido en el llamado Día del Presidente. El mandatario acudía al Congreso, pronunciaba un largo discurso y buena parte del país lo escuchaba por televisión y radio. Había ceremonia republicana, información y una enorme exhibición del poder presidencial.
La pluralidad política transformó aquel modelo. En 2006 Vicente Fox ni siquiera pudo ingresar al salón de sesiones para pronunciar su último Informe. Dos años después se reformó la Constitución y desapareció la obligación del Presidente de acudir personalmente al Congreso. Desde entonces entrega el documento por escrito. Las cámaras lo analizan, pueden formular preguntas y llamar a comparecer a los secretarios.
La confrontación disminuyó. También desapareció el encuentro directo entre quien gobierna y quienes tienen la responsabilidad de fiscalizarlo.
El Presidente informa. Los legisladores discuten después. Los funcionarios comparecen semanas más tarde. Los medios seleccionan algunas cifras. El gobierno destaca las favorables y la oposición las desfavorables. Al final, millones de ciudadanos difícilmente pueden responder si el país avanzó, cuánto avanzó y en qué áreas retrocedió.
En otras democracias existen fórmulas distintas. En Estados Unidos el State of the Union coloca al presidente frente a las dos cámaras y posteriormente la oposición ofrece una respuesta pública. En Reino Unido el rey presenta el programa legislativo elaborado por el gobierno y el Parlamento lo debate durante varios días. Canadá también convierte el discurso de apertura en el comienzo de un amplio debate parlamentario.
Cada sistema responde a su propia historia. La lección compartida resulta interesante. Un informe adquiere mayor valor cuando puede contrastarse.
México podría ir mucho más lejos. Imaginemos un Informe presidencial de 40 minutos construido alrededor de 25 grandes indicadores nacionales. Crecimiento por habitante, ingreso, pobreza, empleo formal, salario, inversión, productividad, homicidios, extorsión, desapariciones, esperanza de vida, abasto de medicamentos, atención hospitalaria, aprendizaje escolar, vivienda, agua, energía, deuda, déficit e infraestructura.
Cada indicador mostraría cuatro cifras. El punto de partida del sexenio, la meta anual, el resultado alcanzado y la meta final.
Verde para lo cumplido. Amarillo para lo que avanza con retraso. Rojo para lo que retrocede.
Después vendrían las preguntas. Legisladores de mayoría y oposición, periodistas y ciudadanos. Preguntas breves. Respuestas concretas. Derecho de réplica. Todo transmitido en cadena nacional y disponible posteriormente para cualquier persona.
El cambio sería mucho más profundo de lo que parece. Pasaríamos de medir acciones a medir resultados.
Construir hospitales importa. Saber cuántas personas reciben atención, cuánto esperan, cuántas encuentran sus medicamentos y cómo evolucionan los principales indicadores de salud importa todavía más.
Detener delincuentes importa. Para evaluar una estrategia de seguridad necesitamos conocer la evolución de homicidios, extorsiones, desapariciones y robos.
Invertir miles de millones en infraestructura también cuenta. La evaluación debería mostrar cuánto costó cada proyecto, cuánto avanzó, cuándo estará terminado y qué beneficio produjo.
México podría crear además un tablero público disponible los 365 días del año. El país completo, cada estado y, donde existan datos suficientes, cada municipio. Cualquier persona podría abrirlo desde su teléfono y saber en cinco minutos qué mejoró, qué empeoró, cuánto se gastó, qué se prometió y cuánto se cumplió.
La tecnología permite hacerlo. El desafío consiste en aceptar las consecuencias políticas de medir. Un sistema así también obligaría a reconocer errores. Gobernar significa decidir y algunas decisiones producen resultados distintos a los esperados. Admitirlos, corregirlos y explicar las razones también forma parte de rendir cuentas.
El Segundo Informe deja una conclusión importante. México realiza muchas cosas al mismo tiempo. Existen avances que merecen reconocerse y problemas enormes que siguen pendientes. Precisamente por eso hacen falta mejores instrumentos para distinguir unos de otros.
Nuestra discusión pública suele quedar atrapada entre quienes consideran que prácticamente todo marcha bien y quienes sostienen exactamente lo contrario. Los datos suelen contar una historia bastante más compleja.
Ahí está la reforma pendiente del Informe presidencial. Convertirlo en una herramienta para el ciudadano. Cuando lleguen las elecciones de 2030, cualquier mexicano debería poder abrir una página y encontrar seis años de resultados. Saber qué país recibió la presidenta Claudia Sheinbaum, qué prometió, cuánto gastó, qué consiguió y qué quedó pendiente. Y repetir el ejercicio con cada gobierno siguiente.
Una democracia mejora cuando las decisiones electorales dependen cada vez menos de propaganda, simpatías o percepciones y cada vez más de resultados verificables. El mejor Informe de Gobierno será aquel que permita a cada mexicano responder cuatro cosas: ¿Qué prometieron?, ¿Qué hicieron?, ¿Qué mejoró? y ¿Qué quedó pendiente?
Cada gobierno tendrá su relato, los resultados pertenecen al país.
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David Vallejo
Politólogo y consultor político, especialista en temas de gobernanza, comunicación política, campañas electorales, administración pública y manejo de crisis. Cuenta con posgrados en Estados Unidos, México y España. Ha sido profesor, funcionario estatal y federal, así como columnista en Veracruz, Tamaulipas y Texas. Escritor de novelas y cuentos de ficción. Además, esposo amoroso, padre orgulloso, bibliófilo, melómano, chocoadicto y quesodependiente.
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