Retorno fallido
La licencia por tiempo indefinido de Rubén Rocha Moya --como gobernador de Sinaloa--, tras su fallida reincorporación al cargo, acrecienta la conjetura de que (en breve) sería detenido, con fines de extradición ‘por sus vínculos con grupos criminales’.
Sobre todo, porque ya no cuenta con el proteccionismo presidencial. Y esto se deduce por el pronunciamiento de Claudia Sheinbaum Pardo sobre el tema: “Ningún interés personal puede colocarse por encima del pueblo y de México”.
Tampoco cuenta con el apoyo de sus homólogos. Ni de legisladores o la jerarquía de Movimiento Regeneración Nacional (morena), porque no les avisó que retornaría al cargo el pasado día 21.
En materia estrictamente legal, Rocha Moya no tenía por qué avisar a nadie (ajeno al Congreso de Sinaloa), sobre su decisión de reinstalarse en el gobierno estatal, aunque, por costumbrismo político, sí estaba obligado.
De cualquier forma, asumió el cargo nuevamente. Y el sábado 22 otra vez solicitó licencia (para separarse indefinidamente) --tras la batahola que produjo su reaparición--, bajo el argumento de que: “Sinaloa, la Nación y el movimiento de transformación están por encima de todo”.
Esto, en el mejor de los escenarios.
Sin embargo, pocos se tragan el cuento de que Rocha Moya ‘actúa’ de motu proprio, como tampoco lo hacen los legisladores y jerarcas partidistas que acostumbran bailar al son que les marque su jefe político.
Así que, conjeturo:
a) Ante la presión estadunidense para extraditar a Rocha Moya, el jefe verdadero de la mafia en el poder (Andrés Manuel López Obrador), ordenó la defensa de su amigo Rubén, hasta el grado que se pretextó la injerencia estadounidense en México y la violación a nuestra soberanía;
b) Pero cuando el tabasqueño reparó en que la justicia norteamericana actuaría contra sus hijos --‘El Andy’ y ‘El Chocoflán’-- decidió entregar al exgobernador de Sinaloa.
Esto, seguramente traería consecuencias graves, pues Rocha Moya al parecer cuenta con información que involucra cónclaves entre políticos y el crimen organizado.
Ignoro si a la fecha cuenta con amparos. Pero seguramente sí, puesto que, de otra forma, no habría solicitado nuevamente licencia, considerando que es uno de los eslabones más importantes para Estados Unidos en sus investigaciones sobre los mentados ‘narcopolíticos’.
Por otra parte, presumo que la declinación de Rubén Rocha Moya, a la gubernatura de Sinaloa, fue obligada, aunque no por eso acepte que él sea ajeno a las acusaciones de Estados Unidos, ante el deslinde presidencial y de la mentada clase política de morena, puesto que no advierten rechazo a las acusaciones yanquis, sino desaprobación a su investidura.
Lo más patético es que durante meses, la Presidenta, los legisladores, gobernadores y la dirigencia de morena, alzaron su voz contra la acusación gringa en contra de Rocha Moya, hasta el grado de advertir la injerencia en asuntos internos de nuestro país y una actitud violatoria a la soberanía.
Ahora, sin embargo, dejan solo a Rubén.
¿Y eso qué significa?
Supongo:
a) Las autoridades mexicanas en sus pesquisas confirmaron que sí es culpable de las acusaciones que las autoridades gringas le han fincado; y
b) En privilegio a los acuerdos binacionales, el gobierno mexicano está reconociendo su equivocación.
Sea cual fuere el motivo, el asunto deja mal parado al gobierno.
Motos, grave problema
Pulula en Ciudad Victoria, diariamente, cualquier cantidad de motociclistas.
En su mayoría son trabajadores de maquiladoras o repartidores de las plataformas Uber y DiDi, contratados por negocios locales como farmacias y refaccionarias; pizzerías y restaurantes.
Obviamente, están en su derecho.
Pero lo lamentable del caso es que no respetan el reglamento vial. Y eso pone en riesgo a los peatones y automovilistas, pues los motociclistas se lo pasan por el arco del triunfo, o lo ignoran.
Cotidianamente provocan accidentes al rebasar por la derecha y jugar carreras con sus pares.
Invaden los carriles de izquierda afectando el tránsito.
Y, lo peor: circulan sin equipo protector (cascos y chalecos) al menos. Ellos ni sus acompañantes; y sin placas de circulación, ni seguro de vida.
Al provocar ellos un accidente, lamentablemente, siempre se culpa a los automovilistas.
Quienes hemos sido víctimas de sus excesos estamos hasta la madre.
Y le refiero un hecho:
Estando aguardando el cambio de señal en el semáforo en una arteria, atrás de mi vehículo se ‘estampó’ prácticamente un motociclista, sin casco, porque circulaba atendiendo una llamada en su celular y no se dio cuenta de que estábamos en alto.
Estrelló su motocicleta sobre mi vehículo en la parte trasera, saliendo prácticamente ‘disparado’.
Bajé de mi camioneta para socorrerlo y afortunadamente ese joven no presentaba lesión alguna.
Me dijo que me pagaría el daño al vehículo, pero al preguntarle en qué tiempo y de dónde sacaría el dinero, me contestó que vendería la moto. Me dio pena su situación y le dije que así dejara las cosas y que pusiera más atención al conducir.
De la nada surgió un agente de Tránsito, argumentando que yo iba en reversa, pues quizá quiso extorsionarme.
¡Bah! Es de risa.
Correo: jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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