Referéndum de gobierno
Estados Unidos tiene 340 millones de habitantes, 50 estados, 435 distritos electorales y 100 senadores. Sin embargo, el próximo 3 de noviembre el futuro político de Donald Trump podría terminar decidiéndose en 18 distritos y media docena de estados.
Son las elecciones intermedias. Trump seguirá en la Casa Blanca, pero se renovará toda la Cámara de Representantes y 35 escaños del Senado, en una elección que determinará su capacidad para gobernar durante los últimos dos años de su presidencia.
La primera cifra explica casi todo, 218, el número necesario para controlar la Cámara. Actualmente hay 218 republicanos, 212 demócratas, un independiente y cuatro vacantes, una mayoría mínima. Cook Political Report calcula que, considerando los nuevos mapas electorales, los republicanos parten con ventaja en 212 distritos, los demócratas en 205 y solamente 18 están realmente empatados. De 435 elecciones, apenas 18 pueden decidir quién controla Washington.
La segunda cifra es 34, el porcentaje de estadounidenses que aprueba la gestión de Trump en la última medición de Pew, mientras 64% la desaprueba. Más revelador aún, 42% de los votantes dice que su sufragio en noviembre será, en alguna medida, un voto contra Trump y 22% afirma que será un voto a su favor. Los demócratas tienen además seis puntos de ventaja en la intención nacional de voto al Congreso.
Hay una razón particularmente peligrosa para los republicanos, la economía. Durante años fue uno de sus mejores argumentos, pero Reuters Ipsos acaba de encontrar algo que llevaba aproximadamente una década sin ocurrir, 37% de los votantes registrados confía más en los demócratas para manejarla y 36% en los republicanos. Es apenas un punto de diferencia, aunque políticamente representa un cambio enorme porque inflación, vivienda, gasolina y costo de vida están desplazando la discusión electoral.
La guerra con Irán agregó otro problema. Apenas 35% de los estadounidenses la apoya y 50% piensa que las acciones militares estadounidenses están haciendo más caótica la región. El conflicto ha costado ya 37,500 millones de dólares y ha presionado los precios de la gasolina, convirtiendo un asunto de política exterior en un problema que termina llegando directamente al bolsillo de los votantes.
Trump aparece así en la boleta sin aparecer en ella, y la Cámara representa hoy la mejor oportunidad demócrata. The Cook Polítical Report considera a ese partido favorito para recuperarla, aunque existe una peculiaridad extraordinaria, los republicanos ganaron la batalla de la redistribución electoral. Los nuevos mapas les proporcionan un colchón equivalente a ocho o nueve distritos, por lo que para llegar a 218 los demócratas necesitan ganar prácticamente tres de cada cuatro de los 18 distritos considerados Toss up, es decir con empate técnico, si los demás resultados siguen las inclinaciones actuales.
El Senado es mucho más complicado. Ahí la cuenta comienza 53 a 47 en favor de los republicanos y los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños mientras defienden los suyos. La elección se reduce entonces a un pequeño mapa formado por Carolina del Norte, Ohio, Alaska, Maine, Georgia y Michigan, mientras Texas e Iowa han empezado incluso a aparecer en conversaciones que hace un año parecían improbables.
Carolina del Norte ofrece quizá el dato más contundente. Roy Cooper, exgobernador demócrata, enfrenta al republicano Michael Whatley y el promedio reciente coloca a Cooper en 49.3% frente a 42%, una ventaja de 7.3 puntos. Cooper además jamás ha perdido una elección y ha recaudado alrededor de 20.7 millones de dólares frente a 3.5 millones de Whatley.
Ohio ofrece otra historia. Sherrod Brown quiere regresar al Senado dos años después de perder su escaño y conserva una rara capacidad entre los demócratas para conectar con trabajadores de un estado que Trump ganó cómodamente. Enfrente está el republicano Jon Husted y la elección se ha movido hacia la categoría Toss up. Una victoria de Brown demostraría que todavía existe espacio para un populismo económico demócrata dentro del territorio trumpista.
Alaska es todavía más extraña. Mary Peltola intenta derrotar al republicano Dan Sullivan en un estado donde una victoria demócrata parece una contradicción electoral, aunque ella ya demostró que puede conseguirla cuando ganó su asiento como representante federal. Los analistas han movido también esta carrera a Toss up.
Georgia puede decidir si el sueño demócrata de conquistar el Senado sobrevive. Jon Ossoff defiende su escaño frente al republicano Mike Collins en uno de los laboratorios electorales más interesantes del país, con elecciones cerradísimas, una enorme población afroamericana, los suburbios de Atlanta en transformación y poderosas estructuras de movilización de ambos partidos. Ossoff y Raphael Warnock demostraron en 2021 que los demócratas podían ganar ahí, ahora necesitan demostrar que aquello representó una transformación política y no una excepción.
Michigan presenta otra elección dentro de la elección. Abdul El Sayed acaba de derrotar en la primaria demócrata a Haley Stevens por menos de un punto. Médico, musulmán, progresista, respaldado por Bernie Sanders y Alexandria Ocasio Cortez, sobrevivió a más de 60 millones de dólares de gasto externo en su contra, recorrió 110 ciudades, realizó más de 500 eventos y construyó una red de 12,000 voluntarios. Ahora enfrentará al republicano Mike Rogers.
Michigan responderá hasta dónde puede la izquierda económica del Partido Demócrata conquistar votantes independientes y obreros que migraron hacia Trump. Reuters Ipsos encontró que 64% de los independientes apoya aumentar los impuestos a ricos y corporaciones y 60% respalda un sistema de salud proporcionado por el gobierno, pero 43% sería menos proclive a votar por alguien identificado como socialista democrático. Las políticas progresistas gustan bastante más que la etiqueta progresista.
Y entonces aparece Texas, donde el republicano Ken Paxton enfrenta al demócrata James Talarico y una encuesta colocó a Talarico 45% contra 40%, mientras otra medición lo situó 47% contra 45%. Ninguna convierte todavía a Texas en un estado demócrata, pero ambas transforman una elección que debería ser rutinaria para los republicanos en una carrera que exige dinero, organización y atención. Si Texas realmente llegara competitivo a noviembre, el problema republicano habría dejado de ser regional para convertirse en nacional.
Todo esto ocurre bajo una peculiaridad que ayuda a entender el sistema político estadounidense. Los demócratas pueden ganar claramente el voto popular nacional y aun así perder el Senado, también pueden obtener millones de votos adicionales y quedarse cortos en la Cámara. Cada estado tiene dos senadores, de manera que California, con casi 40 millones de habitantes, tiene exactamente los mismos que Wyoming, con menos de 600 mil. En la Cámara, los mapas electorales permiten concentrar o dispersar votantes para producir ventajas partidistas.
Existen, en ese sentido, dos elecciones simultáneas, la que ocurrirá entre los ciudadanos el 3 de noviembre y la que ya ocurrió cuando se dibujaron los distritos. Los republicanos entendieron perfectamente la importancia de la segunda y la guerra de redistribución terminó proporcionándoles una ventaja estructural en la Cámara que podría permitirles sobrevivir incluso a un mal ambiente nacional.
A menos de tres meses de la elección, la numeralia permite entender su dimensión completa: 435 representantes y 35 elecciones al Senado; 218 escaños para controlar la Cámara y 51 para controlar el Senado; apenas 18 distritos prácticamente empatados; una batalla senatorial que comienza 53 a 47 en favor de los republicanos; 34% de aprobación para Trump frente a 64% de desaprobación; 42% de los votantes pensando en votar contra él y apenas 22% considerando su sufragio un voto a su favor.
La elección intermedia tendrá miles de candidatos, millones de anuncios y probablemente miles de millones de dólares de gasto político, pero su desenlace puede seguirse sobre un mapa diminuto de estados y aquellos 18 distritos de la Cámara capaces de terminar decidiendo el control de Washington.
El 3 de noviembre Estados Unidos elegirá congresistas y el resultado ayudará a comprender cuánto poder conservará Donald Trump durante la segunda mitad de su mandato, qué clase de Partido Demócrata tiene posibilidades de derrotarlo y hacia dónde comenzará a moverse el país cuando, apenas contados los votos, arranque inevitablemente la carrera presidencial de 2028.
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David Vallejo
Politólogo y consultor político, especialista en temas de gobernanza, comunicación política, campañas electorales, administración pública y manejo de crisis. Cuenta con posgrados en Estados Unidos, México y España. Ha sido profesor, funcionario estatal y federal, así como columnista en Veracruz, Tamaulipas y Texas. Escritor de novelas y cuentos de ficción. Además, esposo amoroso, padre orgulloso, bibliófilo, melómano, chocoadicto y quesodependiente.
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