Hoy es Sabado 25 de Julio del 2026


Salvavidas

Por: David Vallejo El Día Sabado 25 de Julio del 2026 a las 18:10

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Pocas playas disfruto tanto como Miramar. Cada visita despierta recuerdos de infancia, cuando las dunas parecían interminables y el verano duraba lo mismo que una vida. Aquellas montañas de arena quedaron atrás, aunque la playa conserva una belleza difícil de encontrar. La arena continúa siendo fina, casi blanca. El agua, aquella tarde, tenía una transparencia poco común. Caminaba junto a mi esposa y mi hija, cerca del hotel Maeva, agradeciendo encontrar una playa limpia, familiar y una de las más seguras de México.

Bastó un grito para romper la tranquilidad de la tarde. A unos treinta metros, un hombre agitaba desesperadamente los brazos. Antes de que muchos alcanzáramos a comprender lo que ocurría, dos guardavidas corrían hacia el agua. Un poco más adentro apareció la verdadera emergencia. Una mujer y un joven luchaban contra el mar con movimientos desesperados. Desde la orilla parecía una distancia corta. Para quien pierde el control dentro del agua, unos cuantos metros pueden convertirse en un océano.

Los rescatistas llegaron con una rapidez impresionante. Durante algunos instantes pelearon por controlar la situación mientras otros compañeros se incorporaban al operativo. Uno de ellos consiguió sacar al joven con ayuda de un flotador, estaba inconsciente. Para rescatar a la mujer hicieron falta dos guardavidas. El mar, tranquilo para casi todos, acababa de mostrar el respeto que siempre exige. Pensé en lo sencillo que resulta confiarse. Miramar suele ofrecer aguas poco profundas y un oleaje amable.

Lo que más me impresionó ocurrió sobre la arena. Mientras unas personas peleaban por conservar la vida, la playa seguía su ritmo habitual. Un grupo de jóvenes continuaba jugando con una pelota. Varias familias conversaban. Apenas unas cuantas miradas seguían el rescate. Ignoro si las pantallas terminaron acostumbrándonos a observar tragedias o si simplemente dejamos de sorprendernos ante la fragilidad humana. Aquella escena resultó tan inquietante como el propio rescate.

En la orilla apareció de inmediato el equipo de paramédicos. El joven permanecía sentado apenas unos segundos antes de desvanecerse nuevamente. Repetía que se sentía mal. A la mujer la colocaron de costado. Permanecía inconsciente. Durante cerca de diez minutos la angustia dominó el lugar. Cada movimiento tenía un propósito. Cada indicación respondía a un entrenamiento. Cada segundo podía marcar la diferencia.

Cuando llegó la ambulancia comenzaron a aparecer las primeras señales de esperanza. El joven consiguió mantenerse incorporado. La mujer empezó lentamente a reaccionar.

Aquella tarde dos personas regresaron con sus familias. Algunos dirán que esos salvavidas simplemente cumplían con su trabajo. Jamás compartiré esa idea. Pocas responsabilidades exigen tanto. Una decisión equivocada cuesta una vida. Un segundo perdido puede convertirse en una ausencia definitiva. Mientras la mayoría corre para ponerse a salvo, ellos avanzan hacia el peligro. Mientras otros observamos con angustia, ellos mantienen la serenidad. Mientras todos esperan un milagro, ellos construyen la posibilidad de que ocurra.

Esta columna lleva nombres propios porque el reconocimiento también debe llevarlos:

Álvaro Balleza, jefe de playa.

Julio Ramírez y José Bernardo Grimaldo, guardavidas.

Javier Muñoz, paramédico de playa.

Mishel Fernández y Jesús García, paramédicos de la unidad 132.

Felicidades también al ayuntamiento de Ciudad Madero, al presidente municipal, Erasmo González Robledo, quien debe sentirse orgulloso de contar con esta clase de héroes.

Ellos regresaron esa tarde a sus casas después de cumplir su turno. Dos familias, en cambio, regresaron completas gracias a ellos.

Vivimos rodeados de personas cuya grandeza pasa inadvertida. Admiramos a deportistas, artistas, empresarios o políticos. Muy pocas veces dedicamos unos minutos a quienes permanecen bajo el sol observando el mar durante horas, atentos a un silbido, a un brazo levantado o a un grito que casi nadie alcanza a escuchar. Su mejor jornada termina sin noticias porque todos regresan a casa. Su éxito consiste precisamente en impedir que ocurra una tragedia.

La vida posee un valor imposible de calcular. Todo cambia en unos cuantos minutos. Una madre vuelve a abrazar a su hijo, un hijo regresa con sus padres, una esposa evita una llamada que habría dividido su existencia entre un antes y un después. Una familia conserva intacto su futuro gracias a personas que jamás habían visto.

Si algún día visitan Miramar y se cruzan con alguno de ellos, deténganse un instante. Denles la mano, felicítenlos. Sus familias también merecen sentirse profundamente orgullosas. Detrás de cada uniforme existen incontables historias que nunca aparecerán en los periódicos porque terminaron del mejor modo posible.

Aquella tarde presencié algo extraordinario. Vi a varios seres humanos impedir que otros dos dejaran de existir. Pocas grandezas alcanzan esa dimensión y merecen ser reconocidas. 

¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y quienes cuidan de nosotros lo permiten. 

Placeres culposos: Lo nuevo de Bryan Adams y en libros El Pozo de Hye-Young-Pyun.

Jaibas a la Frank para Greis y rellenas para Alo. 

 

David Vallejo


Politólogo y consultor político, especialista en temas de gobernanza, comunicación política, campañas electorales, administración pública y manejo de crisis. Cuenta con posgrados en Estados Unidos, México y España. Ha sido profesor, funcionario estatal y federal, así como columnista en Veracruz, Tamaulipas y Texas. Escritor de novelas y cuentos de ficción. Además, esposo amoroso, padre orgulloso, bibliófilo, melómano, chocoadicto y quesodependiente.

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