El “sospechosísmo” en su máxima expresión
Santiago Creel, el ex legislador y ex aspirante presidencial introdujo en el lenguaje político el concepto de “sospechosísmo”.
El término ha pasado a ser de uso común, sobre todo para cuestionar las cosas ocultas que puede haber en las acciones de quienes viven y lucran con la política.
Surge el “sospechosísmo” cuando se pretenden matizar o esconder hechos. O más aún, cuando se buscan palabras o se llevan a cabo acciones que tienen como fin bajar el ruido -sobre todo mediático, o desviar la atención.
Ya no se dice descarrilamiento, sino que el Tren Interorceánico se movió, pero no se salieron los vagones por completo.
Se le separa del cargo -no por probables irregularidades que se le adjudican en medios- sino porque en una evaluación de desempeño se encontró que tuvo malos resultados, al referirse al ex subsecretario de Bienestar de Tamaulipas, Samuel Badillo.
O, a los poco más de tres meses de haber sido designada, la que fue secretaria de Salud de Tamaulipas, Adriana Marcela Hernández Campos, presentó su renuncia y en su lugar fue nombrado el médico Ricardo Guerrero, quien se desempeñaba como Jefe de la Oficina del Gobernador.
Pero también la salida de Norberto Barrón de la Secretaría Particular del Gobernador y de Jacobo Batarse, de la dirección de administración de la oficina del gobernador, supuestamente también por su desempeño.
Todas son posiciones clave, no simples espacios burocráticos.
Son cargos desde los cuales se manejan decisiones, recursos y acuerdos.
Brinca el “sospechosísmo” porque la Secretaría de Salud ha sido una de las dependencias donde se ha mencionado más de una ocasión la práctica de irregularidades en el suministro de medicamentos e insumos -tan igual como los del pasado que dijeron que iban a combatir.
Lo mismo en la Secretaría Bienestar -donde igual que con los del pasado a quienes fustigaron y llevaron hasta el ámbito penal- las despensas para la población no sólo han sido para el uso político electoral, sino una fuente de enriquecimientos, componendas y corrupción.
Ahora sí que da lo mismo el pinto que el colorado.
La corrupción y las irregularidades permanecen en esas dos secretarías del gobierno estatal. Documentadas unas, omitidas o escondidas otras.
Las acusaciones que recientemente hizo el empresario Israel Alejandro Valdez, sobre una supuesta petición que le hicieron para que entregara 110 millones de pesos, a cambio de mantener la concesión de las despensas, parece haber explotado en varias vías.
Le pega a la Secretaría del Bienestar. Pero el mismo empresario -se ha dicho en medios como artículo 7- era proveedor de medicamentos e insumos.
Brota hasta el subsecretario de gobierno Jorge Beas -esposo de la Magistrada Presidenta del Supremo Tribunal de Justicia, Tania Contreras. A él se le acusa de haber exigido al empresario que callara el asunto.
El empresario se dice intimidado y amenazado de muerte. Debió sacar a su familia del país.
La vieja conseja de las abuelitas decía que “cuando el río suena es que agua lleva”. Son muchos asuntos que se entrecruzan ahora.
Hay deslindes, pero poco claros.
Y eso da espacio a un “sospechosísmo mayor”.
No es propio de Tamaulipas.
El enredado caso del piloto apodado El Jundo, a quien se atribuye haber participado en el operativo de extracción del Mayo Zambada, también ha abierto frentes de sospecha sobre si realmente se sabía que fue el operador aéreo principal en esa acción del FBI, o se supo después. Y si hubo omisiones para encubrir.
Cortinas de humo, explicaciones a medias que abren más dudas. E intentos de desvío de la atención son ya parte del panorama nacional.
El “sospechosísmo” en su máxima expresión.
Luis Alberto Rodríguez Juárez
Desarrolló una amplia carrera en medios periodísticos por 18 años; en oficinas de comunicación social de gobierno durante 12 años y ha proporcionado consultoría externa –desde hace más de 20 años- a agencias de comunicación y relaciones públicas así como a empresas de diversos sectores.
Ha colaborado en el diseño de estrategias, elaboración de materiales y está especializado en gestión de la comunicación en situaciones de crisis, análisis de tendencias en medios de comunicación tradicionales y digitales, así como capacitación para fortalecimiento de habilidades de comunicación y vocerías.
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