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Entre pupitres y reformas

Por: Ricardo Hernández El Día Viernes 26 de Junio del 2026 a las 23:40

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Volver a un salón de clases después de varios años fue una experiencia que esperaba con entusiasmo. No solo iniciaba el curso de inducción a la carrera de Derecho; también concluía una etapa marcada por los exámenes interno, psicológico y del CENEVAL.

Tal y como lo había imaginado, casi todos los estudiantes con los que compartí el salón eran jóvenes de 18 años o un poco más. Mentalmente estaba preparado para que eso ocurriera, pero mi atención estaba enfocada en el aprendizaje, no en quién podía estar sentado a mi lado o a mi alrededor.

Quiero comentarles también que mi idea era sentarme hasta atrás, en esas filas donde antes se decía —no sé si todavía se siga creyendo lo mismo— que se sentaban los más desordenados o los menos participativos. Con esa idea crecí, pero rompí con ese prejuicio al ocupar un asiento pegado a la pared, en la última fila. El salón estaba lleno: 55 estudiantes, entre hombres y mujeres. La verdad, ya quería volver a sentirme dentro de un aula, y qué mejor que hacerlo compartiendo el estudio del Derecho.

Las tres maestras que impartieron el curso eran jóvenes, muy atentas y bien preparadas. Es normal que el primer día de clases exista cierto temor a hablar; por lo general hay mucha seriedad y silencio. Sin embargo, conforme comenzamos a conocernos, esa tensión fue desapareciendo.

Durante el curso de inducción vimos qué es el Derecho, qué es una norma, qué es la Constitución e incluso analizamos algunos artículos relacionados con cada uno de los temas. El curso me pareció interesante. Las dos semanas intensivas transcurrieron muy rápido. Considero que también fue una buena oportunidad para confirmar si realmente nos interesa estudiar esta carrera.

¿Qué faltó?

Los tiempos actuales son exigentes. El Sistema Penal Acusatorio requiere debates, oralidad y capacidad de argumentación. Por eso considero que la teoría es indispensable, pero desde el inicio también debería existir una capacitación práctica, aunque sea dentro del curso de inducción. La realidad exige aprender a participar, debatir y defender nuestros puntos de vista. Debemos perder el miedo a hablar frente a los demás, aunque al principio sea mediante ejercicios sencillos.

Tal vez algunos piensen que exijo demasiado, pero es lo que creo.

Una de las maestras hizo una pregunta al grupo:

—¿De qué año son ustedes?

Por supuesto, se refería a los jóvenes y a su año de nacimiento.

La respuesta fue prácticamente unánime:

—Somos del 2008.

Inmediatamente me llamó la atención la respuesta de la maestra:

—Ustedes nacieron con la reforma.

Aquella frase me dejó pensando. Era cierto: muchos de los estudiantes nacieron el mismo año en que comenzó una de las reformas más importantes que transformó el sistema de justicia penal mexicano.

Recuerdo que, en alguna ocasión, le pregunté a una inteligencia artificial si la mentalidad de quienes imparten justicia había cambiado junto con la reforma. La respuesta también me hizo reflexionar. Me explicó, en esencia, que las nuevas generaciones, al no haber conocido el sistema inquisitivo o tradicional, tienen mayores posibilidades de comprender el nuevo modelo de justicia desde su origen y, con el tiempo, contribuir a perfeccionarlo.

Esa idea me recordó un pasaje bíblico. En el libro de Números se narra que la generación que salió de Egipto no entró en la Tierra Prometida. Serían las nuevas generaciones las que llegarían a ella. Más allá del sentido religioso del relato, siempre me ha parecido una metáfora interesante: quienes crecen en un contexto diferente también pueden mirar la realidad con una perspectiva distinta.

Llevando esa reflexión al estudio del Derecho, pienso que las nuevas generaciones ingresan a la carrera en un contexto marcado por las reformas constitucionales y legales de los últimos años. Ellos desarrollarán su formación con una visión distinta, no solo en materia penal, sino también en las áreas electoral, civil y en muchas otras que seguirán transformándose.

Por eso una de las maestras nos recomendó mantenernos atentos a las reformas que existen y a las que vendrán. Nos insistió en consultar constantemente la página de la Cámara de Diputados para conocer las actualizaciones legislativas. Asimismo, nos recomendó visitar la página de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde pueden consultarse libros, sentencias y diversos materiales de gran utilidad para quienes estudiamos Derecho.

De hecho, ya he descargado algunos libros de esa plataforma. Uno de los que nos recomendaron fue Libre desarrollo de la personalidad, una obra que, sin duda, tengo interés en leer.

Al finalizar estas dos semanas comprendí que el curso de inducción no solo fue una presentación de la carrera. También fue una invitación a entender que el Derecho cambia constantemente y que quienes decidimos estudiarlo tenemos la responsabilidad de mantenernos aprendiendo. Entre pupitres y reformas apenas comienza un camino que promete ser tan exigente como apasionante. Espero recorrerlo con la misma ilusión con la que volví a sentarme en un salón de clases.

Ricardo Hernández Hernández
Poeta y columnista

Colaborador del portal:” Hoy Tamaulipas” hasta la fecha.
Actualmente estoy cursando un “Diplomado en Creación literaria” en la Biblioteca del Centro Cultural Tamaulipas, con el maestro José Luis Velarde.

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