El rescate de AVS
En política las coincidencias no existen. Y cuando un gobernador sale públicamente a defender a uno de los suyos, es porque el asunto ya escaló a niveles que preocupan.
Eso fue precisamente lo que ocurrió esta semana cuando Américo Villarreal Anaya salió al rescate político de su hijo, Américo Villarreal Santiago.
El gobernador que es un hombre con años de trayectoria dentro del sector público en el área de la salud, siempre ha tenido que dar la cara por su hijo, incluso desde los tiempos en los que las redes le cuestionaban por quitarle sus hijos a su ex esposa.
Luego de las denuncias públicas que han comenzado a acumularse en su contra y tras los malos resultados electorales obtenidos por Morena en Coahuila, ‘Ameriquito’ y su ‘trabajo’ es muy, muy cuestionado.
La intervención del mandatario tamaulipeco llamó la atención; no suele ser común que un gobernador responda personalmente por las acciones o cuestionamientos dirigidos a un funcionario federal, aunque se trate de su propio hijo.
El mensaje fue claro: cerrar filas y contener el desgaste, sin embargo, la operación de rescate también deja al descubierto una realidad política incómoda.
Ameriquito se ha convertido en una de las figuras jóvenes más visibles del grupo gobernante, que también deberá asumir los costos de las derrotas y de las polémicas que acompañan a cualquier proyecto político en crecimiento.
En Coahuila, los resultados electorales estuvieron lejos de las expectativas de Morena. Las críticas internas no tardaron en aparecer y varios actores comenzaron a señalar responsabilidades dentro de la estructura territorial encargada de operar los programas federales.
Fue entonces cuando apareció la defensa desde Tamaulipas, el gobernador argumentó que no se puede responsabilizar a un delegado de Bienestar por una derrota electoral, jejeje.
Tal vez tenga razón. Pero el sol no se puede tapar con un dedo y cualquiera con un mínimo índice de cultura política sabe quién es el principal operador de Morena en cada entidad con los programas paternalistas.
Y también es cierto que cuando los triunfos llegan, los operadores políticos suelen presumirlos como propios. Las victorias tienen muchos padres; las derrotas suelen quedar huérfanas.
Más allá de la discusión electoral, el fondo del asunto es otro. El apellido Villarreal comienza a ocupar demasiado espacio dentro de la conversación política regional. Y cuando eso ocurre, cualquier señalamiento, denuncia o tropiezo deja de ser un asunto personal para convertirse en un tema de interés público y los errores de Villarreal Santiago, no debería cargarlos Villarreal Anaya.
Aquí cabe cuestionar ¿el gobernador salió a defender a un funcionario federal o salió a proteger un proyecto político familiar?
Ya lo hemos dicho, en política los respaldos públicos tienen costo. Y cuando un padre gobierna un estado y un hijo construye una carrera política propia, la línea entre familia y poder suele hacerse cada vez más delgada.
Ojalá que, esa idea en la opinión pública de que cuando aprietan a Ameriquito responde palacio, pare en eso y no se llegue a más.
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