Kennedy, Trump, psicodélicos y salud mental
Durante años te dijeron que sanar era obedecer.
Tomar la pastilla.
Seguir el protocolo.
No cuestionar.
Hoy, esa narrativa empieza a fracturarse.
Y no por rebeldes… sino por el propio poder.
El 18 de abril de 2026, Donald Trump firmó una orden ejecutiva para acelerar la investigación de psicodélicos como la ibogaína.
No es menor.
Se asignaron 50 millones de dólares a investigación
Se abrió la puerta a tratamientos experimentales
Y se legitimó una conversación que durante décadas fue criminalizada
Esto no es moda.
Es un cambio de paradigma.
¿Por qué ahora?
Porque la salud mental está colapsando.
Más de 49,000 suicidios anuales en EE.UU.
Más de 6,000 veteranos se suicidan cada año
Más de 100,000 muertes por opioides en su punto más crítico
Y cerca del 30% de los pacientes con depresión no responde a tratamiento
No es una falla menor.
Es una crisis estructural.
Y no es solo una percepción aislada.
Encuestas globales como el estudio “What Worries the World” (Lo que le preocupa al Mundo) de Ipsos, que mide las principales preocupaciones en más de 30 países, muestran un cambio claro: la salud mental ha escalado de forma sostenida hasta convertirse en la principal preocupación a nivel mundial, incluso por encima de enfermedades como el cáncer, el estrés, obesidad, drogadicción o el alcoholismo, entre otros.
No es solo un dato.
Es un síntoma de época.
Ahí entra Robert F. Kennedy Jr., actual Secretario de Salud de Estados Unidos, impulsando una conversación incómoda:
que terapias como la psilocibina, MDMA o ibogaína podrían lograr en sesiones lo que años de tratamiento no han conseguido.
Los datos empiezan a respaldarlo.
Instituciones como el Johns Hopkins Center for Psychedelic and Consciousness Research, uno de los centros médicos más prestigiosos del mundo, han documentado avances relevantes en el uso de psicodélicos para tratar depresión, ansiedad y trauma.
La MDMA ha mostrado mejoras de hasta 67% en PTSD severo
La psilocibina ha demostrado efectos significativos en depresión resistente
No es magia.
Es evidencia que el sistema ignoró demasiado tiempo.
Pero esta conversación no se quedó en los laboratorios.
También llegó a los micrófonos.
Joe Rogan, uno de los comunicadores más influyentes del mundo, ha llevado estos testimonios a millones de personas, a través de su podcast “The Joe Rogan Experience". Incluso ha afirmado que compartió directamente información sobre ibogaína con el propio Trump, quien mostró apertura casi inmediata al tema.
No es un detalle menor.
Es una señal de cómo hoy la narrativa ya no se mueve solo desde las instituciones…
sino desde plataformas que moldean la conversación pública en tiempo real.
Pero aquí está el punto clave:
Los psicodélicos no encajan en el modelo.
No son tratamientos crónicos
No generan consumo constante
No sostienen mercados a largo plazo
En otras palabras:
no son buen negocio… y por eso incomodan.
Y en política, el “qué” importa…
pero el “cuándo” lo es todo.
En medio de cuestionamientos sobre liderazgo, capacidad y rumbo, la irrupción del tema psicodélico no es casual.
No necesariamente como distracción…
pero sí como reconfiguración de la conversación.
Porque cuando un sistema se tensiona,
no solo responde:
reordena lo que importa.
Lo que estamos viendo no es solo una discusión médica.
Es una disputa por el modelo de salud mental.
Uno basado en el consumo constante…
o uno basado en la transformación profunda.
Y entonces la pregunta deja de ser técnica.
Se vuelve incómoda.
Se vuelve política.
Si hoy reconocemos que la salud mental es clave para el bienestar de las personas…
¿por qué sigue ausente en la evaluación de quienes aspiran a gobernar?
En un mundo donde líderes toman decisiones que afectan millones de vidas, economías completas y el rumbo de sociedades enteras, la salud mental no debería ser un tema tabú.
Debería ser un estándar.
No como ataque.
Como responsabilidad.
Quizá ha llegado el momento de preguntarlo en serio:
¿deberían existir evaluaciones formales de salud mental para quienes buscan ejercer el poder?
La conversación ya cambió.
La pregunta es:
¿vas a seguir el modelo… o vas a cuestionarlo?
Tema del día: Playlist del Johns Hopkins Center for Psychedelic and Consciousness Research https://www.youtube.com/watch?v=JYsn76ALfrw&list=RDJYsn76ALfrw&index=1
Para escuchar con los ojos cerrados… y la mente abierta.
Jorge Alejandro Torres Garza
Es internacionalista con una maestría en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Durante su carrera realizó un intercambio en España y ha trabajado en los tres niveles de gobierno tanto en México como en Estados Unidos, incluyendo en un consulado de México en la zona de Los Ángeles, California. También ha participado en campañas políticas en México, colaborando con candidatos a alcaldes, diputados locales y gobernadores, así como en la campaña del senador de la República y precandidato presidencial del Partido Demócrata, Bernie Sanders, en Estados Unidos.
Recibió el reconocimiento "30 Under 30 Award" por la Asambleísta Eloise Gómez Reyes del Congreso del estado de California, un galardón que distingue a jóvenes líderes menores de 30 años por su dedicación, innovación y servicio a la comunidad.
Su pasión por el bienestar y la transformación social lo llevó a fundar Vibra/TAM, una asociación civil que promueve la salud mental de jóvenes a través de la música y las artes. Actualmente, brinda consultoría en desarrollo económico, turismo y salud mental, integrando enfoques holísticos y sostenibles.
Es amante de la música, disfrutando géneros como el rock clásico, jazz, electrónica, folk e indie. También es un practicante comprometido de yoga, meditación y senderismo, actividades que inspiran su conexión con la naturaleza y el bienestar integral.
Correo electrónico: jatorresgarza@gmail.com
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