De las benditas redes al Tribunal de las redes
Idealizar las redes sociales, como vehículo simplemente noble para la transmisión de mensajes que incidan en la percepción favorable es, quizás, un error de enfoque estratégico.
Hoy en día, las redes sociales son espacio de entretenimiento masivo -con todo y la sorna que se impulsa- y son el sitio donde convergen la difusión pública y privada institucional, las opiniones de todo tipo, pero esencialmente son arma política y lugar de escrutinio popular.
Es la plaza pública que antes estaba reservada a ciertos grupos en los espacios mediáticos tradicionales y los foros legislativos o gremiales.
Estamos en la Aldea Global que conceptualizó hace 12 lustros Marshall McLuhan. Nos encontramos en el mundo al instante, donde toda la comunidad participa, donde todos opinan, donde todos juzgan.
Dejaron de ser las benditas redes sociales que tanto pregonó Andrés Manuel López Obrador, cuando contribuyeron al avance vertiginoso del movimiento político que impulsó -sobre todo en la época del Presidente Enrique Peña Nieto, a quien se golpeó sin misericordia (válido o no)- para convertirse en las pinches redes.
Las redes sociales son hoy el caldero, el banquillo por donde pasan todos: políticos, artistas, policías, empresarios, clérigos… ciudadanos que rompen -con sus hechos turbios- la moral pública para convertirse en los #lord o las #lady…
Todos pasan por la lupa de una moral pública cargada de percepciones múltiples, donde lo que se cuestionan son los hechos... y remarco: los hechos.
Las crisis en redes sociales no se controlan sólo inundando con comentarios para generar un balance, a través del uso de las famosas granjas de bots o individuos favorecidos por algún bono.
Si los hechos que originan los comentarios no se aclaran, precisan o desmienten de manera contundente, las redes sociales y su anonimato seguirán siendo implacables.
Las redes sociales ya no son benditas. Andrés Manuel López Obrador se quejó de ellas porque -a pesar de las grandes inversiones para contrarrestar los golpes- quedó en medio de un escrutinio público, unos a favor y muchos en contra.
Por muchos años, la gente pública se quejó de que el tribunal mediático estaba en Chapultepec 18, el domicilio donde se encuentra Televisa. Muchos cayeron cuando la emisora señalaba hechos -inducidos o no.
Cierto. El máximo tribunal está hoy en las redes sociales donde interactúan todo tipo de ciudadanos y donde la contienda política/electoral se exacerba desde el anonimato o la plena identidad. El Presidente Donald Trump lo sabe bien. Un tuitazo/post de él genera impactos. Son arma política.
Hay mentira y manipulación, ni duda cabe. La misma receta aplicada en los tiempos de Peña Nieto por el movimiento que hoy gobierna en la gran mayoría del país.
Repensar la estrategia pasa no sólo por querer acallar lo negativo. Pasa, necesariamente, por responder a los hechos terrenales que dan pie a los comentarios de todo tipo y el morbo público.
Las redes dejaron de ser hace muchos años el gran espacio para ver, aprender y compartir, que contribuía a la alimentación informativa.
Su uso político contaminó mucho. La mensajería como Whatsapp cambió más aún las dinámicas, al acercar en tiempo real textos, videos, fotografías, documentos…
La infodemia es la excesiva cantidad de información que circula hoy en día, no sólo la negativa, sino la positiva, la cierta o la falsa. Las redes sociales son el gran glotón informativo. Y así como traga, desecha. Lejos de convertirse en una infocracia.
Sí, es un Tribunal y por tanto hay que revisar los medios de defensa ante los hechos que activan a las redes sociales, si realmente se quieren desvirtuar los dichos.
Hechos que demandan ser aclarados, no sólo acallados.
Luis Alberto Rodríguez Juárez
Desarrolló una amplia carrera en medios periodísticos por 18 años; en oficinas de comunicación social de gobierno durante 12 años y ha proporcionado consultoría externa –desde hace más de 20 años- a agencias de comunicación y relaciones públicas así como a empresas de diversos sectores.
Ha colaborado en el diseño de estrategias, elaboración de materiales y está especializado en gestión de la comunicación en situaciones de crisis, análisis de tendencias en medios de comunicación tradicionales y digitales, así como capacitación para fortalecimiento de habilidades de comunicación y vocerías.
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