Disertan sobre la construcción contemporánea de Teotihuacan como símbolo nacional
Ciudad de México. - En el lugar donde, según la mitología nahua, fue creada la última era o Quinto Sol, el 5 y 6 de marzo de 2026, se realiza el simposio “Teotihuacan a través del tiempo. La configuración histórica de la zona arqueológica”, donde especialistas analizan cómo se construyó una idea de esta urbe, desde la arqueología y la antropología.
La Zona Arqueológica de Teotihuacan, a través del Departamento de Museos y Comunicación Educativa y el Centro de Estudios Teotihuacanos, organiza el encuentro que concita a investigadoras e investigadores adscritos al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a las universidades Nacional Autónoma de México (UNAM) y Autónoma del Estado de México, a la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, e independientes.
A nombre del equipo organizador, el comunicador Alonso Rodríguez Terán manifestó que parte de la comprensión sobre Teotihuacan, la ciudad mesoamericana por antonomasia, “pasa por conocer los procesos que han permitido su exploración, investigación, conservación y resignificación; resultado de decisiones institucionales y proyectos científicos, del trabajo de generaciones de estudiosos y la participación de las comunidades vinculadas a este territorio”.
En este sentido, un personaje que figuró en las conferencias de la primera mesa, “Factores históricos y configurativos”, fue Leopoldo Batres. La restauradora Elvira Pruneda Gallegos, bisnieta del llamado arqueólogo del porfiriato, dijo que los estudios de Batres en Teotihuacan se remiten a 1884, cuando descubrió el primero de dos murales en el Templo de la Agricultura.
Resaltó que su ancestro, más allá de su formación militar, fue anticuario y el primer mexicano en cursar en el Museo de Etnografía del Trocadero, en París, lugar clave para el Congreso Internacional de Americanistas, del que formó parte.
En su exposición, la doctorante del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Lorena López Jáuregui, abordó la manera en que las discusiones de estos congresos configuraron una visión de Teotihuacan como “La Pompeya mexicana”. El grupo lo integraron las y los expertos de casi una treintena de nacionalidades, y su primera reunión se celebró en la ciudad francesa de Nancy, en 1875.
“Esta red académica trasnacional marcó la pauta en los estudios americanistas en una época de conmemoraciones, concretamente 1910, al cumplirse el primer siglo de los movimientos de independencia de Argentina y México. De ahí, la urgencia de que el 17 Congreso se efectuara en nuestro país, para mostrar los trabajos en la Pirámide del Sol, revelando con ello una nación moderna con un pasado monumental”, dijo.
López Jáuregui señaló que, antes de que Batres presentara la propuesta arqueológica para intervenir a gran escala el sitio, “el paisaje del valle de Teotihuacan era un conjunto de cerros cubiertos de tierra, piedras y magueyes. Ese panorama vendría a cambiar en 1905, al aprobarse el proyecto para develar la Pirámide del Sol”.
En su intervención, el historiador del arte Omar Ramírez Casas expuso un tema desconocido del proyecto de Batres: la construcción de un jardín paisajístico en el costado sur de la gran edificación, cuya existencia comenzó a rastrear por el hallazgo de un miniálbum fotográfico, fechado en octubre de 1948.
En tres de las seis imágenes que lo integran —realizadas por don Fernando del Río González, en un paseo familiar—, se constata la presencia del parterre (un diseño de jardín formal) en el área de descanso para visitantes, en torno al museo local, campamento y otros edificios que dieron apoyo a la expedición arqueológica.
Comentó que la construcción de ese espacio, conformado por un pabellón octogonal, el jardín y un lago, inicio en 1907, año en que se integró la Comisión Nacional del Centenario de la Independencia. El hecho de imaginarlo y trazarlo responde a dos líneas sobre la apreciación del espacio público, promovidas por el régimen porfirista: La creación de parques, paseos y jardines como indicadores del grado de civilización y cultura de los pueblos; y la recreación de la vista y el embellecimiento de los sitios que estos suponen.
En su estudio, también identificó un álbum, resguardado en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, fechado el 18 de octubre de 1908, posible obsequio de Leopoldo Batres al presidente Porfirio Díaz. En las fotografías, capturadas por Agustín Barraza, sobresalen tres del área de museo y jardín.
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