Navidad
La Navidad llega cuando uno ya ha aprendido a contar ausencias.
No se aprende joven. Se aprende con los años, cuando los nombres empiezan a faltar en la mesa y las voces viven mejor en la memoria que en el presente.
Cada Navidad es distinta porque uno ya no es el mismo.
Crecimos.
Nos volvimos más cuidadosos con lo que decimos y más conscientes de lo que callamos.
Entendimos que el tiempo no se detiene y que amar también es aprender a despedirse.
Esta noche pensamos en quienes se fueron.
En los que dejaron una silla vacía, una receta incompleta, una risa que todavía aparece sin aviso.
Pensamos en ellos sin tristeza absoluta, porque la tristeza madura se parece más a la gratitud.
También pensamos en quienes se irán.
No por fatalismo, sino por lucidez.
Crecer enseña que todo encuentro es finito y que precisamente por eso importa.
La Navidad no es una negación del mundo.
El mundo sigue siendo áspero, injusto, ruidoso.
Pero esta noche elegimos otra cosa.
Elegimos bajar la voz.
Mirarnos con más paciencia.
Escuchar sin interrumpir.
Perdonar sin discursos.
En alguna casa alguien prende una luz sencilla.
En otra, alguien se anima a llamar después de mucho tiempo.
En otra más, alguien decide quedarse un poco más.
Nada extraordinario.
Nada heroico.
Y, sin embargo, profundamente humano.
Las ilusiones ya no son ingenuas.
Son más pequeñas, más reales, más valientes.
Consisten en cuidar, en acompañar, en seguir adelante sin endurecerse.
Crecer no significa perder la magia.
Significa aprender dónde habita.
Habita en la memoria que no olvida.
En el amor que permanece.
En la mesa compartida.
En la pausa.
Esta noche el tiempo afloja un poco su presión.
Mañana seguirá su curso.
Pero ahora, en este instante breve, recordamos quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seguimos intentando ser.
Eso también es Navidad.
Placeres culposos:
David Vallejo
Politólogo y consultor político, especialista en temas de gobernanza, comunicación política, campañas electorales, administración pública y manejo de crisis. Cuenta con posgrados en Estados Unidos, México y España. Ha sido profesor, funcionario estatal y federal, así como columnista en Veracruz, Tamaulipas y Texas. Escritor de novelas y cuentos de ficción. Además, esposo amoroso, padre orgulloso, bibliófilo, melómano, chocoadicto y quesodependiente.
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