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Tendría que ser más que gritos y pozole

Por: Jorge Alonso Infante El Día Jueves 16 de Septiembre del 2021 a las 22:27

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Cuando el llamado mes patrio arriba, se comienza a percibir un entorno que se alista para a mitad de mes celebrar el día de su independencia. Los colores verde, blanco y rojo hacen su aparición con mayor frecuencia y los paladares se alistan con ansia al saborear de antemano el delicioso pozole así como las otras comidas típicas de nuestra hermosa nación. Celebramos años después y año con año una gesta heroica por parte de hombres y mujeres tan valientes como patriotas, que decidieron hacer frente ante las injusticias sociopolíticas y para terminar con el yugo imperialista al cual como país estábamos sometidos.

Los gestores de aquel memorable acontecimiento sabían perfectamente que para que un territorio verdaderamente floreciera, tenía que tener su autonomía para después dar paso a la creación de una identidad propia. Tanto así que miles de ellos dieron hasta sus vidas por conseguir un sueño de libertad, justicia y prosperidad. Como una fecha de suma relevancia en la historia de nuestro país, es que a todos los que tuvimos o tuvieron la oportunidad de cursar algún tipo de educación escolar, estudiamos los hechos de aquel movimiento social como parte medular de la confección de lo que ahora llamamos México.

Decenas de años después, doscientos once años para ser exactos, celebramos la fecha con indumentaria, comida, reuniones, música, bebidas y un acto cívico representativo del grito de independencia. El orgullo de ser mexicano florece pero no tanto así la esencia de un amor real y genuino por nuestra patria. Podemos todos celebrar nuestra identidad cultural que nos une y convierte en mexicanos, podemos saborear platillos provenientes de una de los repertorios culinarios más ricos y variados del mundo, presumir una bandera considerada como la más bella o hasta cantar y gritar a todo pulmón hasta quedarnos afónicos, ¿pero después de eso que?

Al pasar la fecha es como levantarse con una gran resaca después de un festejo prolongado, sabemos que la algarabía de la noche anterior pudo haber llegado a altos niveles pero ahora toca reponernos y continuar con nuestra autoimpuesta realidad. Nos toca vivir en un país históricamente sometido, nos toca seguir contemplando que la independencia fue solo de un imperio pero no del yugo de aquellos que hasta la actualidad políticamente lo controlan, un territorio tan esplendoroso como bochornoso, en donde encontramos desde variadas y envidiadas riquezas naturales hasta un atraso socioeconómico brutal, fruto de una deleznable cultura arraigada de corrupción e interminable impunidad.

Y si piensan que es una postura sombría que no demuestra fehacientemente nuestra realidad, ¿entonces por qué estamos en los primeros lugares de corrupción e impunidad en el mundo, con índices de los más altos de asesinatos, violencia intrafamiliar, millones de personas pobres, sometidos por grupos delincuenciales, con gobiernos que en su inmensa mayoría son visiblemente corruptos y manejados por cúpulas políticas y por ende solo atienden a sus propios intereses, etc., etc., etc.? México es maravilloso en mil maneras pero también es maravillosamente complejo y manejado por personas que dicen querer lo mejor para todos y que solo buscan mejorarse ilícitamente a sí mismos.

Y no se equivoquen, personalmente adoro nuestra historia, cultura, nuestras bellezas naturales, soy un hombre que fervientemente ama a su país y que aprendió a amarlo aún más viviendo en el extranjero. Pero también al haber habitado y viajado a otros países, pude contemplar que nuestra forma de hacer las cosas nos ha dejado económica y socialmente estancados, mientras en otras latitudes en el mundo avanzan en tecnología, respeto a los derechos humanos, infraestructura, mentalidad, etc., nosotros parecemos estar atorados en una realidad lamentablemente perniciosa.

El amor por un país debe ser como el amor hacia una persona, no basta con solo decirlo, se tiene que demostrar, sino sería como el padre que dice que ama a su familia, pero al mismo tiempo la descuida y maltrata; nuestra nación requiere de que le regresen todo lo que nos ha dado, un hogar, un orgullo, una identidad, un amor incondicional. El ¡Viva México! debe de resonar no solo en nuestros corazones sino en nuestras mentes y espíritus, el orgullo de ser mexicano debe de provenir de un profundo amor y respeto por nuestra tierra y nuestros compatriotas y no solo por haber nacido entre las delimitaciones de un territorio.

Nuestra realidad hace pensar que insulsa fue nuestra independencia, honrar a todos aquellos verdaderos patriotas que dieron hasta su vida por México no solo es recordarlos en una fecha sino es el acto de seguir su admirable ejemplo día con día. Es obvio que en la vida nadie es perfecto, pero como mexicanos tampoco debemos de ser tan imperfectos como para dejar que sigamos en un atraso imperdonable, nuestra realidad es fruto de lo que dejamos de hacer como pueblo en combinación con lo que les dejamos hacer a unos cuantos perversos traidores a la patria. Nunca es tarde para cambiar nuestra realidad, dejemos de poner excusas y de ser tan inertes y con el corazón en una mano y el orgullo en la otra, luchemos todos por nuestra gloriosa nación. 

Jorge Alonso Infante Alarcón  

Carrera Licenciado en Relaciones Internacionales.

Maestría en Administración Pública en la U.A.M. Francisco Hernández García (U.A.T.)   


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