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López Gatell: Político o científico

Por: Alberto Rivera El Día Domingo 28 de Junio del 2020 a las 10:18

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En 1919 el sociólogo alemán Max Weber dictó una conferencia a jóvenes estudiantes que aspiraban a convertirse en científicos: “La ciencia como vocación”. Ahí recomendaba a sus oyentes: “…en el terreno de la ciencia sólo posee personalidad quien se entrega pura y simplemente al servicio de una causa”.

Era una carrera dura, y el aspirante debía tener un temple singular para sobrellevar las numerosas adversidades a las que se enfrentaría en su carrera. Requería, también, de una decidida resistencia: “dondequiera que un hombre de ciencia permite la introducción de sus propios juicios de valor, renuncia a tener una comprensión plena del tema que trata”.

Es un extraño amasiato el que ocurre entre el político y el científico. El político es un ser que existe para la política, no vive de ella. No es que se sirva de ella para otros fines, reflexiona Weber. “Quien hace política “aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines ya sean idealistas o egoístas o al poder por el poder, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere”.

Quien vive para la política “hace de ello su vida en un sentido íntimo; o goza simplemente con el ejercicio del poder que posee, o alimenta su equilibrio y su tranquilidad con la conciencia de haberle dado un sentido a su vida, poniéndola al servicio de algo”. Ocurre una cosa muy distinta con el científico.

En efecto, se pregunta Weber: “¿cuál es la actitud interior del hombre de ciencia con respecto a su profesión? siempre que se dedique a ella, claro está. Él afirma que está consagrado a la ciencia por la ciencia.

Las relaciones irregulares entre políticos y científicos son particularmente devastadoras para los científicos. Producen su desnaturalización. La política transforma y coloniza al científico. Este deja la vocación de la ciencia para abrazar otra ajena, es decir, se convierte en un político. Nada malo hay en ello, pues numerosas profesiones y disciplinas son semilleros de políticos.

Nada censurable hay pues en que haya políticos con formación científica. El problema ocurre cuando la metamorfosis ocurre de tal forma que el personaje se niega a mudar su piel vieja para asumir a cabalidad su nuevo ropaje. Se crea un Frankenstein que presume una supuesta naturaleza híbrida; ahora científico, ahora político.

Eso es exactamente lo que le ha ocurrido al Doctor Hugo López-Gatell, subsecretario de salud. No es un científico, sino un político que utiliza el manto de la ciencia, su vocabulario, su contundencia, su complejidad, para justificar sus decisiones políticas. El político no requiere de estas estratagemas.

No tiene que apelar a la neutralidad valorativa de la ciencia, al método científico. Por eso el político disfrazado de científico confunde y distorsiona la discusión pública. Cuando hace declaraciones públicas no es él quien habla, sino la “ciencia”, la “evidencia”, el “modelo”, la “estadística”. Nada de eso tiene se supone signo político. De esa forma esconde tanto la voluntad de poder como los valores que en realidad animan esas decisiones. Es la política embozada de ciencia.

Me interesa trazar las estaciones del viaje que llevó al epidemiólogo a convertirse en político. La primera fue el contraste entre el consejo, producto de la observación de la pandemia mundial, de restringir la movilidad en el país para disminuir los contagios y el actuar político de su jefe, el Presidente.

El científico pudo haber renunciado o censurado oblicuamente el proceder del político. Ese habría sido, muy probablemente, el fin político de López-Gatell. Decidió no hacerlo. La metamorfosis se aceleró a partir de ese punto. Una vez andado el camino de la política no hay marcha atrás.

La contradicción entre el consejo de tomar distancia y la realidad de un Presidente que besaba y abrazaba niños fue tan evidente que era imposible que los medios no confrontaran a López-Gatell. Y ahí hizo su primera profesión de fe en la política: “la fuerza del presidente es moral, no de contagio”.

Palabras impecables de un político en defensa de fines políticos. Fue en ese momento que el manto de la ciencia cayó por los suelos y el personaje reveló su nueva identidad.

Los efectos del político disfrazado de científico son insidiosos. Su actuar erosiona el principal activo de una sociedad frente a una emergencia: la confianza. La confianza es un bien invaluable cuando reina la incertidumbre y las decisiones tienen que tomarse sobre la marcha.

La confianza es crítica para la implementación de cualquier política pública de contención de la pandemia. Para un líder es esencial transmitir eficazmente dos mensajes. Por un lado, reconocer de manera realista los desafíos que enfrenta, por el otro inspirar confianza en que el país saldrá adelante.

@Alberto_Rivera2

Alberto Rivera

Construyo procesos de comunicación siendo y haciendo cosas diferentes, provocando emociones y moviendo conciencias hacia la participación social y política.

Ayudo a potenciar marcas de proyectos políticos y gubernamentales a través del descubrimiento de insights, arquetipos de marca y estrategias de comunicación política.

Soy consultor, catedrático y speaker en Estrategias de Campaña Política y de Gobierno. Director General de Visión Global Estrategias.

Soy originario de Tampico, Tamaulipas y cuento con una Maestría en Educación, Maestría en Política y Gobierno y Doctorado en Filosofía; además de tener diversas especializaciones en Comunicación Política, Consultoría Política e Imagen.


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