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El día que el encierro nos despertó

Por: Norberto Lacarriere El Día Viernes 27 de Marzo del 2020 a las 17:33

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¡Entren!

Por años, mi costumbre nocturna había sido encender algún dispositivo de audio, escuchar música relajante para repasar el trabajo del día siguiente, leer otra media hora algún libro y después a descansar.

Al día siguiente el quehacer laboral y personal transcurría sin alteraciones y a la hora que quería salía con las debidas precauciones habituales: Mantener la higiene diaria, no distraerme al manejar, no andar a cierta hora en la noche y comer sano.

La convivencia espontánea con amistades también era placentera. El abrazo al llegar y al despedirnos.

Así era... pero de unas semanas a la fecha los hábitos cambiaron, por un microscópico y dañino intruso que nos tomó por sorpresa, aunque no todos quisieron enfrentarlo a tiempo y es que no siempre lo desconocido causa miedo.

A veces el temor simplemente se topa con nuestra indiferencia y hoy eso le está costando caro a la sociedad.

¡Ahí están las consecuencias! Muertes, enfermos, incertidumbre, gobiernos pasivos, luchas de poder en medio de la pandemia, el despertar de las fieras internas, compras de pánico, cierre de negocios, economía paralizada...crisis.

Habemos quienes debemos salir por causas laborales o a comprar lo indispensable, ahora que en la región de Tamaulipas la cosas no se han agravado (aparentemente), como en el vecino estado de Texas o resto de Estados Unidos.

Cuando nos quedamos en casa las 24 horas, uno de los quehaceres principales es verificar en los canales serios y oficiales el avance del enemigo en común causante de una pandemia: El COVID-19.

El origen de ésta hoy le interesa más a los científicos, de ahí que resulte inútil ponerse a pensar o envenenar la mente con teorías de conspiraciones o asuntos que por muy “lógicos” que suenen ni se pueden comprobar y menos cambiar.

Es en este mismo claustro auto impuesto en el que las reflexiones han sido muy variadas y debo brindar algunos antecedentes.

Por ejemplo: al radicar en la ciudad fronteriza de Matamoros, Tamaulipas, como periodista y ciudadano viví durante 2019 el fenómeno de la migración extranjera varada en la localidad.

A ese grupo de nómadas, expulsados por la pobreza de sus países centroamericanos, la política de puertas abiertas del gobierno mexicano les hizo llegar hasta esta zona, mientras que en Estados Unidos se les cerraron poco a poco las posibilidades de asilo humanitario.

Hoy, a causa de la amenaza del COVID-19, la frontera está totalmente clausurada para ellos y restringida para los habitantes fronterizos que necesiten cruzar a Estados Unidos.

Pero, ¡Oh, ironías! Resulta que es ese mismo riesgo que ataca las vías respiratorias, mediante el contagio entre gente infectada, el que ahora lleva a millones de mexicanos a pedir que se impida el paso de norte a sur.

Ello, debido al número tan elevado de estadounidenses afectados por el coronavirus, que hace que su país esté en el peligroso segundo lugar, solo por debajo de Italia.

A varios de nada les sirve su dinero y a muchos de poco les funcionan los sistemas hospitalarios, pues no hay cura ni abasto y los enfermos y los muertos siguen.

¿No les digo? El mundo cambió y nos puso de rodillas... aunque algunos, como esos gobernantes que arriesgan a sus pueblos con reacciones tardías e irresponsables, aún no se den cuenta que la realidad los ha noqueado.

Peor para ellos. Si solo les preocupa su futuro, a nosotros únicamente nos importa el presente, pero eso sí: librando esta contingencia los veremos en las urnas.

TRÁGICO FACTOR SORPRESA

Hay una circunstancia que quisiera destacar, que es de la que (en mi opinión) parte mucho de lo que hoy vivimos: No estábamos preparados para una crisis de salud y no estoy descubriendo el hilo negro.

La verdad es que, para empezar, no supimos qué comprar, ni qué guardar qué tener a la mano.

Desconocíamos cómo reaccionar y por lo tanto no teníamos la mínima idea de qué hacer y la razón es incluso más preocupante.

¿No se imaginan cuál es? Se las diré:

En muchos aspectos (salvo honrosas excepciones) ya no nos conocíamos ni a nosotros mismos y por eso no sabíamos nuestros principales requerimientos.

Bastó ver la reacción en las compras de pánico y en el acaparamiento egoísta, con aquello que parecía “un producto de primera necesidad”.

¿O para qué tanto papel higiénico? ¿Para qué gel anti bacterias si se trata de un virus?

En fin. Tengo la secreta esperanza de quien poco a poco nos vamos a reencontrar y aunque no sé cuánto más tarde, sé que es a puerta cerrada como se va acelerar este proceso mediante la introspección.

En ella hoy se nota y más se siente que el mundo que tanto hemos destruido parece habernos dado un coscorrón.

A nivel global, lo teníamos merecido.

COLOFÓN

Días atrás mi colaboración editorial llevaba por título “No hay virus que por bien no venga”.

Hoy lo ratifico. La introspección trae muchos beneficios: han brotado la creatividad y la imaginación para mantenernos entretenidos y mucha gente no ha dejado de trabajar.

Es curioso: Ahora el tiempo es el que le ajusta las manecillas a la vida de las personas, que extrañan el ayer como si hubiese pasado hace mucho tiempo.

Por su atención, gracias. Por hoy, ¡Cierren!

Con su permiso. Seguiré reflexionando

Confesiones, réplicas y uno que otro aplauso aenterados2004@yahoo.com.mx.

NO TENGO INTERMEDIARIOS NI ASESORES.

Norberto Lacarriere Lezama

Comunicólogo de carrera y vocación.
Reportero, columnista, investigador, caricaturista político, conductor radiofónico y televisivo.
Su columna “Palabras Férreas”, se publica en diversos medios cibernéticos. Ha sido director y fundador de importantes proyectos informativos en Tamaulipas. Es director de Noticiarios y coordinador de Producción informativa en EXA FM/ Libertas Radio 89.5 FM en Matamoros y actual colaborador corresponsal de WRadio.


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