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Todos los niños son nuestros niños

Por: Magdalena Moreno Ortíz El Día Viernes 07 de Febrero del 2020 a las 16:13

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De acuerdo con UNICEF la equidad, protección y construcción de paz, son factores que moldean los derechos de niños y niñas; y son los que garantizan su bienestar para el resto de su vida. En este sentido, el papel de la escuela y del núcleo familiar son dos de los ejes rectores que establecen los cimientos para la formación de un ciudadano.

En las últimas décadas países latinoamericanos como Argentina, Chile y Colombia, superaron etapas de descomposición del tejido social que traspasaron los muros de sus escuelas y sus familias, cimbrando su conformación; acontecimientos que obligaron, no sólo a las instituciones de gobierno sino a la sociedad en su conjunto a asumir papeles activos en la protección y la restitución de la paz.

Para ello fue menester repensar a la escuela y a la familia desde una perspectiva comunitaria, solidaria, y de respeto al otro, haciendo a un lado el personalismo (Lipovetsky, 2006). Para lograrlo no fue necesario que los policías, funcionarios públicos o maestros llevaran a cabo licenciaturas en psicología, trabajo social o psiquiatría; sino, que bastó asumir con responsabilidad el ser ciudadanos adultos interesados en lo que les sucede a los niños y niñas en las escuelas, en la vía pública, en el núcleo familiar, en lo que producimos y consumimos en las redes sociales, en lo que escuchamos (la apología a la cultura del narco en Colombia quedó nulificada, por ejemplo) en crear condiciones para que los niños, niñas y jóvenes estuvieran protegidos y seguros sin importar su origen social, su género o los estigmas que carguen por vivir en determinado barrio, o por provenir de tal o cual familia.

¿Cuál fue el reto que asumieron dichos países? Hacer de las escuelas comunidades de aprendizaje y entornos protectores donde se privilegien los derechos humanos, la convivencia, la conciliación social y sobre todo, promover espacios que involucren activamente a padres y madres de familia en la vida escolar de sus alumnos, no como una opción, sino como un deber moral y ético

Argentina, Chile y Colombia, están logrando colocar al centro a las niñas, niños y jóvenes, han consolidado modelos educativos y han trascendido partidos políticos y presidentes, gobernantes o alcaldes en turno. ¿Por qué en México vamos tan lento?, ¿por qué si contamos con los mejores cimientos teóricos (Enrique Rébsamen, Melchor Ocampo) y los mejores ejemplos institucionales (José Vasconcelos)?, ¿por qué no hemos logrado entender que la educación del Siglo XXI tiene que pensarse de forma transversal y crítica? ¿por qué no hemos podido superar el modelo anquilosado de la escuela del siglo XX?, ¿qué nos detiene no sólo como autoridades gubernamentales, sino como sociedad en su conjunto?

Recordemos que la escuela es el principal punto de apoyo en la ardua tarea de restituir el tejido social, donde el primer paso debiera ser trabajar para recuperar a la familia como agente educador y que de manera conjunta tomemos acción para atender las necesidades de niñas, niños y jóvenes que van mucho, mucho más allá de sólo ser buenos estudiantes; necesitamos mejores seres humanos y mejores familias para una mejor sociedad.

Magdalena Moreno Ortiz

Socióloga. Maestra en Trabajo Social.

Promotora de la inclusión, equidad, cultura y derechos humanos de la infancia y juventud.

Actualmente subsecretaria de Educación Básica en Tamaulipas.


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