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Talentoso y desesperado

Por: Javier Rosales El Día Domingo 11 de Junio del 2017 a las 22:22

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Lo vi subir lentamente las escaleras del viejo y atractivo edificio del ayuntamiento de Ciudad Victoria, Tamaulipas, con una carpeta bajo el brazo y en realidad noté que su rostro ya no es el mismo, aquel que irradiaba frescura, satisfacción y la sonrisa que le brotaba espontánea cada vez que estrechaba sincero la mano de cada uno de los beneficiados.

Saludó a los representantes de la prensa que custodiaban el lugar y súbitamente caminó rápido hacia algunas oficinas, por lo que las dudas saltaron a la mente de varios comunicadores que siempre lo vieron como un buen amigo y como un excelente servidor público, no como esos que se les conoce como de doble cara.

Por ello entre pregunta y pregunta se llegó a la conclusión de que lo que él buscaba en ese lugar es empleo, como lo ha hecho en otros sitios que recorre lento o en ocasiones presuroso porque estar inactivo le parte el corazón sobre todo a aquellos que no les importan las horas del día para desarrollar una labor pulcra, llamativa y que refuerce el buen nombre de una oficina que tiene relación con el aparato gubernamental.

Sin ir tan lejos, a los comunicadores nos dio cosa que alguien de su tamaño se enfrente al desempleo luego de que fue director con nivel 190 y un funcionario de confianza durante tantos años, lo que hizo imposible que gestionara una base porque iría en contra de las reglas más estrictas. 

Y nos sigue dando cosa porque este hombre inteligente, propositivo, carismático y sumamente comunicativo luche a diario por encontrar un empleo, pero más importante es lo que piensan de esta situación los cientos, tal vez miles de trabajadores del gobierno estatal que recibieron de él una atención, que los salvo como una tablita a la que se aferraron en medio del inmenso mar.

Ahora todos pronunciamos su nombre, Juan Pablo González Rodríguez, ex director del entonces UPYSSET, un servidor público que no era afecto a la falsedad, claro que no, sino que por el contrario su trato era natural, algo que contribuyo mucho a que conquistara sin querer a los burócratas estatales que pelean día tras día para sobrevivir en el terreno que pisan.

Debe saber, Juan Pablo, que los trabajadores estatales, los maestros, los jubilados y otros más si pudieran colocarían su nombre en un pedestal, porque lo recuerdan como a un ser humano que se partía en dos para multiplicar la buena atención que merecen los gobernados.

Saber, debe, que se le extraña en ese campo deportivo del UPYSSET, donde muchos preguntan por él, por sus visitas para supervisar el buen funcionamiento de las instalaciones y, sobre todo, por su buena vibra, que repartió a cada paso que dio de manera muy generosa.

Pero también, ya lo sabe él, que la prensa siempre lo ha identificado como la luz que iluminaba al UPYSSET, porque fue la cabeza del organismo y una fuente informativa seria, respetuosa y confiable que colocaba la nota en primera plana.

No sabemos si ya se incorporó en algún lugar, pero si no así ojala que esto, que es muy modesto, sirva para que alguien descubra y aproveche ese talento que a Juan Pablo le brota por los poros y que deseoso está dispuesto a compartir para que una oficina o dependencia, se luzca.

Ex servidores públicos como él merecen otra oportunidad para que se siga desarrollando y solo basta con que lo tomen de la mano para que despegue nuevamente, como si fuera un cohete.

Y es que el talento y la desesperación.

Son dos palabras que, simplemente chocan.

Correo electrónico: tecnico.lobo1@gmail.com

Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.


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