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De idiotas e ideotas

Por: David Vallejo El Día Domingo 26 de Marzo del 2017 a las 14:40

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Consejo: La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas, la gente mediocre habla de gente. J. Romains

Hace unos días se celebró la hora del Planeta que representa una declaración política contra el cambio climático y los combustibles fósiles. Este acontecimiento tuvo su origen en 2007 en Australia y fue concebido por la World Wildlife Fund (WWF). Alrededor del mundo mil millones de personas en 170 países apagaron las luces durante una hora y si bien, todos los días debería de celebrarse la hora del planeta, el apagón mundial puede ser asociado a un retroceso del progreso humano y esta acción no toma en cuenta que lo que necesitan las personas más pobres del mundo en este momento es luz y energía, celebro esta iniciativa por dos razones. La primera porque contribuye en la formación de cultural ambiental, y la segunda, que motiva esta columna, porque representa un buen ejemplo de cómo una idea sencilla se convirtió en la mayor campaña ambiental de la historia.

Esta idea logró poner de acuerdo a miles de personas porque contó con una buena causa y un objetivo claro que se concreta con una acción (apagar la luz durante cierta hora). Entonces por qué existiendo tantas causas en las que necesitamos generar cultura y ponernos de acuerdo para afrontar grandes retos, ¿no lo logramos?.

La segunda vuelta electoral, la Ley de seguridad Interior, la política respecto a las drogas, el Sistema Nacional Anticorrupción, la fiscalía General de la República, son sólo algunos ejemplos en los que no hay acuerdo. Algo tiene que ver la clase política, otro tanto la agenda sobre la que buscan ponerse de acuerdo y por supuesto, también nuestro papel como sociedad, nuestra cultura política. Una gran movilización o campaña necesita de narrativa, plan, liderazgo y organización en combinación perfecta, pero sobre todo de una buena idea y de convicción.

En todos los sistemas políticos tanto partidos como personas buscan preservar y gestionar el poder político, sin embargo, en sociedades con una cultura política fuerte, lo logran a través de la legitimidad que da el gobierno responsable. Mientras que en estos, el poder lo da la razón y el interés, en aquellos con una cultura política débil, todo es forma, basta con propaganda; la imagen que venda; salir bien librado de los escándalos; los monumentos y relumbrón; y la política asistencial o partidista para comprar conciencias.

En sociedades con una cultura política débil los ciudadanos dejan de ser clientes y patrón para volverse socios minoritarios cuya membrecía depende del apoyo partidista que les otorga generalmente una despensa o una all access en las ventillas de los gobiernos. Me refiero a las partidocracias, dictaduras o totalitarismos donde no se gobierna para todos, sino sólo para los que apoyan, piensan igual o a los que se quiere convencer. Eso del proyecto nación es sólo utopía o propaganda que genera consenso en la expresión pero vacío en la movilización. Aquí no importa ponerse de acuerdo en favor del resto, lo importante es mantener la clientela o arañar con estrategia a aquellos indecisos que ayuda a conservar los privilegios.

En estas sociedades no son necesarias nuevas ideas y estas solo se presentan ante modas que generalmente vienen de fuera y que resultan tan poderosas como para generar consenso en la opinión pública obligando a la firma de acuerdos o la pose sonriente de la clase política para la lente. Aquí más que el proceso, lo que importa es la inmediatez, aprovechar la coyuntura para mostrar sofisticación. Sólo imagínense qué hubiera sido de la reforma económica que impulso Carlos Salinas de Gortari con el Tratado de Libre Comercio (TLC) si hubiera contemplado también una reforma política y mayor transparencia aunque hubiera demorado más. Sin duda México sería otro.

Nuestro país aún mantiene rasgos de una cultura política débil a pesar de la transición votada que hemos vivido. Aún no se alcanza la madurez por el pesimismo ciudadano ante el fracaso de políticas públicas ocurrentes, incompletas o a destiempo que provocan desanimo e inmovilidad y porque a un sector de la clase política le va bien como están las cosas y sigue, mientras se pueda, estirando la cuerda.

Se necesitan ideas nuevas y planes que nos permitan avanzar paso a paso hacia la consecución de objetivos, sólo así estos serán sostenidos y los ciudadanos los podrán asimilar. Continúa la apuesta neoliberal de atar nuestro destino al de Estados Unidos sin contar con un contrapeso que nos pueda dar una visión independiente de cómo afrontar nuestros retos como nación. Las elites políticas apuestan a lo mismo a pesar de que la postura política y económica del vecino del norte ya cambió.

Quizás necesitamos que en la política participen más los sabios y filósofos de los que hablaba Sócrates.  Personas con convicción que se detengan a pensar, crear y proponer valorando al pueblo y esforzándose por alentar y cumplir sus sueños ante la falta de tiempo, capacidad o voluntad de la mayoría de la clase política que ocupa su esfuerzo en lo urgente y en salir bien librados de cualquier debate público o competición electoral. Ante dicho vacío, ojalá ese papel lo tomará el sector académico e intelectual que de manera coordinada generara la investigación y la reflexión pertinente para el desarrollo que necesitamos. Ojalá, incluso fueran más allá y se organizaran y dejarán sentir, sin distingos de color con el argumento científico, filosófico y la investigación como bandera, desde una perspectiva humanista y positivista. Y si, digo ojalá, consciente del acto de sacrificio que podría significar ya que actualmente es principalmente el gobierno el que los financia. Además nuestro sector académico ni siquiera se pone de acuerdo para defenderse ante la baja en el presupuesto en ciencia y tecnología que se presentó en el último presupuesto federal, el cuál es menor al .5% del Producto Interno Bruto (PIB) cuando el resto de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) invierten en promedio el 2.4%.

En otros países más desarrollados surgen de manera sigilosa esfuerzos de la comunidad científica, como el movimiento SOLVE del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que tiene como objeto movilizar las mentes más brillantes del mundo y combinar sus ideas para crear una colación global que permita distribuir mejor la prosperidad de aquí al 2050. En este mes celebraron en las Naciones Unidas (ONU) un evento en el que participaron distintos equipos de todo el mundo para presentar soluciones a la crisis de refugiados, el cambio climático y las enfermedades crónicas. Por su parte, la ONU a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible consciente de que las universidades son eslabón y catalizador para encontrar solución a los principales retos de la humanidad ha pedido a universidades y empresas que apoyen sus luchas. Al respecto Jeffrey Sachs, director de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible considera que los grandes soluciones requiere que los gobiernos miren a largo plazo y no suelen hacerlo porque les preocupa su poder, "Si esperamos a que un gobierno sea el que resuelva los problemas, mal vamos"..."los objetivos de desarrollo son el viaje a la luna de esta generación".  

Se imagina que aquí hiciera lo mismo que el MIT la UNAM, el ITAM, el Tecnológico de Monterrey, o mejor, todo unidos a través de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) que invitarán a participar y estimularan a su comunidad científica para que con métodos administrativos de gestión se coordinaran y propusieran una ruta con su respectiva agenda para que la clase política la lleve a cabo, la socialice y sea vigilante de su cumplimiento en estados y municipios. Se los imagina trabajando en proyectos que nos permitieran atender la pobreza, la desigualdad, la corrupción e inseguridad, las finanzas públicas, los recursos humanos y la disgregación geográfica. Y si de soñar e imaginar se trata, que también propusieran campañas con sus especialistas en mercadotecnia para generar conciencia contra la corrupción, en favor del medio ambiente o la aceptación del prójimo mediante una buena idea, sencilla y orientada a acciones simbólicas y concretas como lo es apagar una hora la luz en favor de la sustentabilidad. Quizás una hora al año o un día para leer en familia los sentimientos de la nación, calcular la huella ecológica o hacer labora comunitaria.

Ojalá también los sabios y filósofos mexicanos se atrevieran a ser disruptivos, sin miedo al escarnio, invitando a la reflexión y al complemento como apuesta de algo que pueda cambiarlo todo para bien. Actualmente en Europa principalmente, surgen nuevas ideas, algunas viables y otras no tanto, pero todas dignas de reflexión. Solo por citar algunos ejemplos, tenemos desde el Movimiento Federalista Global con sus propuestas y estudios de un parlamento y una constitución global con separación de poderes también mundiales y las naciones estado como entidades federativas, hasta el holandés Rutger Bregman quien en su ensayo Utopía para realistas propone sacudir el capitalismo con una renta básica universal vista como inversión y para sustituir algunas partes de la sociedad del bienestar, con el argumento de que la pobreza es enormemente cara y que las pruebas científicas demuestran que sería más económico erradicarla que combatir sus síntomas, así como que es mejor dar el dinero directamente en lugar de hacerlo a través de inspectores y burocracia.

En México los debates de la clase política siguen siendo los mismos desde hace 30 años sin acuerdo alguno. Presidencialismo vs. semi parlamentarismo; el modelo neoliberal vs. una tercera vía; libertades vs. restricciones en materia de salud pública; financiamiento público vs. privado para los partidos políticos; mas o menos diputados; en fin, si no hay acuerdo deben ser otros quienes planteen la agenda nacional o de plano se debe proponer un debate diferente, con ideas distintas para salir del estancamiento en el que se está.

La palabra idiota proviene del griego y se refiera a aquel que no se ocupa de los asuntos públicos, sino de sus interés privados. Dicho esto, en México ya basta de IDIOTAS se solicitan IDEOTAS.

Placer culposo:

Para las feministas y para todos los hombres que queremos comprender mejor a las mujeres, leer a Rupi Kaur una joven poeta y artista, dulce, inteligente y valiente. De la india para el mundo.

Para empezar con energía la semana, escuchar el segundo disco de Art of Anarchy ahora con Scott Stapp (Creed) sustituyendo al fallecido Scott Weiland (Stone Temple Pilots y Velvet Revolver). También la nueva canción Humanz de The Gorillaz que sigue haciendo buen pop.

David Vallejo

Nació en Tampico, Tamaulipas en 1979.  Es licenciado en Ciencia Política y Administración Pública por la UDEM, cuenta con maestrías en Política y Gobierno por el Colegio de Tamaulipas y Administración Pública por el INAP - IOUG. Actualmente estudia la maestría en Comunicación política y Gobernanza y es doctorando en Ciencias Sociales. Ha sido funcionario y profesor, comprometido con la buena política y la naturaleza, hombre de familia, melómano y lector.

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