Familia y tradición son los pilares del café de chinos “La Nacional”
México (Notimex).- Bísquets, taquitos de piña, conchas, cuernitos, polvorones o cubiletes de queso atraen la mirada de personas que por coincidencia o rutina caminan frente al famoso café de chinos “La Nacional”, uno de los negocios familiares más antiguos ubicado en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México.
En la calle Rosales número 19 se encuentra este acogedor restaurante con mesas y taburetes rosas que reflejan los años que llevan recibiendo a las personas para que éstas disfruten de sus alimentos. Al entrar por la puerta de madera, sabes que estás en un recinto tradicional.
Con una máquina de café muy grande, terminados clásicos y lámparas redondas de papel rojo con figuras doradas adornan el techo de “La Nacional”, mientras que diferentes cuadros de dibujo y pintura con símbolos chinos decoran los muros blancos.
Por este lugar actualmente pasa la tercera generación de administradores y descendientes del fundador de este pequeño lugar a principios de 1950, Don Miguel Chao. Él inició con el Café tras migrar desde Cantón, China, por la complicada situación que vivía su país.
El primer traslado de chinos hacia el continente americano fue en el período comprendido entre 1858-1890, salían de su país porque la relación con los europeos no era la más diplomática, especialmente con Inglaterra que tras ganar la guerra de opio dio paso a una situación muy complicada para los habitantes de la región asiática.
De acuerdo con el portal “www.estudiosdeldesarrollo.mx”, los hombres del lejano oriente llegaban a Estados Unidos y México. Trabajaron en distintas áreas, entre ellas construyendo ferrocarriles o laborando en lavanderías. Tiempo más tarde, en 1921 con la creación del Partido Comunista Chino y al proclamarse la República Popular de China muchos decidieron volver.
Este cambio político consiguió la aniquilación del régimen imperialista y buscó hacer un reparto justo de los bienes pero también provocó una censura de idealistas y hambruna. Hubo personas beneficiadas con este cambio pero muchas otras optaron por salir del nuevo sistema.
Miguel Chao fue uno de ellos, salió de su ciudad de origen a los 14 años de edad para vivir una travesía difícil en mar abierto durante mes y medio, en un barco que lo llevó a Tampico, puerto donde comúnmente arribaban los hombres de Asia. Después se trasladó a la Ciudad de México, donde comenzó una nueva vida. Así lo relata emocionado, Jorge Chao Rodríguez, hijo de Miguel, quien ahora está al frente de “La Nacional”.
“Mi padre llegó a este país siendo un chamaco sin saber el idioma pero con muchos deseos de trabajar y salir adelante. De los paisanos que yo conocí de esa época todos tenían el mismo espíritu emprendedor, todos venían, más que a buscar fortuna, a buscar trabajo”, expresó.
Desde pequeños, Jorge y sus hermanos acompañaron a Don Miguel en el negocio. Siendo niños, al principio lo tomaron como juego pero les gustaba estar en el lugar y ayudar a su papá, con el tiempo se contagiaron de esas ganas y amor por el trabajo para después ellos transmitirlas a sus hijos.
“Tuve la experiencia con la familia que formé. Mi hija mayor cursó la carrera de chef. Ahora pertenece a la tercera generación que está tomando cartas en el asunto”, compartió Chao Rodríguez, quien recuerda a su padre como el fundador de un lugar que es como su hogar.
Desde que “La Nacional” abrió sus puertas a los mexicanos, la comida era muy sencilla, el típico café con leche y pan chino. Este desayuno era muy solicitado por los trabajadores que pasaban por el lugar para tomar algún alimento que, además, no afectara tanto su bolsillo.
Paradójicamente, el café con el que los chinos se hicieron famosos en aquella época no era una bebida típica de Oriente, y mucho menos el pan que también se les atribuye. El roce de culturas dio pauta a la elaboración de almuerzo.
Al convivir por cierto tiempo con la comunidad estadounidense, los chinos tomaron ese gusto por la bebida de semillas tostadas y molidas, claro que ellos crearon su propia versión: una infusión espesa, un concentrado de café que siempre va acompañado de leche, describe la página web www.animalgourmet.com.
“El café siempre se ha preparado de manera tradicional con la percoladora. Nos gusta dejarlo muy fuerte para que con un chorrito de café y la leche agarre muy buen sabor, que es lo que nos distingue de otros lugares”, detalló compartió Chao Rodríguez.
Una de las mujeres que ayudan al servicio del lugar, coloca un vaso de vidrio con una pequeña cuchara dentro, esto para que no se estrelle el cristal mientras vierte el café muy caliente y después la leche. En medio de la mesa pone la charola con una amplia variedad de panes para que los comensales elijan.
En su charla con Notimex, Jorge afirmó que el famoso pan chino no existía en China, sino que sus compatriotas lo aprendieron con maestros panaderos franceses, quienes les enseñaron cómo hacer el bisquet, el chus, el taquito de piña que son los que continúan siento tradición en estos negocios.
El encargado de “La Nacional” explicó que el pan al vapor relleno de carne especiada sí es típico de China, así como el té de jazmín que se sirve para acompañar la comida, es un digestivo.
“Bisquets, taquito de piña, concha, cuerno, rosca y polvorón, más adelante se fueron implementando los cubiletes de queso, crema o piña, el danés de higo, el marquesote y con el paso del tiempo sumaron más de 25 variedades de pan”, aseguró.
Jorge destacó que la combinación de café con leche y pan siempre fue la bandera de batalla del establecimiento aunque también desde sus inicios se ofreció a la gente comida mexicana, como chilaquiles o milanesas. “La mayoría de las personas pedían para el desayuno frijoles con huevo, era clásico de aquel entonces”, dijo.
Desde que su padre estuvo al mando brindaba a sus comensales en la carta huevos a la mexicana, rancheros, con jamón, tocino, chorizo, a la española, o se preparaban chilaquiles verdes o rojos, con pollo, huevo, bistec o pechuga; bisteces con papa o a la mexicana.
Actualmente continúan preparando este tipo de alimentos y en el menú del día colocan cinco guisados a elegir. No hicieron a un lado la cocina tradicional china y también incluyeron platillos como chop suey o arroz frito.
“El chop suey puede ser de pollo, res, cerdo, camarones o mixto. Lo principal es calentar el wok, poner un poco de aceite con la carne de la elección del cliente y una vez que empieza a freír, se le agrega cebolla, apio, brócoli y sazón con la salsa de soya; se agrega un poco de ajinomoto, un tipo de saborizante, y listo”, señaló.
Caminando de prisa de la cocina a las mesas, Jorge se mantiene ocupado atendiendo con gentileza a las personas que entran al restaurante, mientras su hermano está detrás de la barra entregando piezas de pan al antojadizo que detiene su camino para comprar una concha o un taquito de piña.
La familia Chao es una de tantas que decidió llegar a la capital para trabajar. “Hoy en día hay muchos compatriotas que llegan al país con traje y portafolio a invertir en algún negocio, ya no tienen esa idea tradicional del trabajo, pero nosotros permanecemos en la misma línea”, finalizó.
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