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Tiempos de Unidad

Por: Juan Rodríguez El Día Domingo 29 de Enero del 2017 a las 15:56

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De niño viví en la colonia Zaragoza donde recuerdo bien que había un tipo de nombre Eduardo al que casi todos los integrantes de la “palomilla” de nuestro barrio odiábamos porque sin querer nos insultaba, nos retaba a golpes y en ocasiones hasta nos pegaba.

Hacía con nosotros lo que ahora se conoce como “bullyng”, pero que nosotros llamábamos “baño”. Lalo era pues un “bañista”. Nosotros al ser más chicos que él, aguantábamos la “carrilla”, nosotros teníamos entre 12 y 14 años, y él andaba ya por los 16-17 años.

Aparte era un tipo alto y corpulento, pues hacía mucho ejercicio. Decían incluso que sabía artes marciales y era muy bueno para los camorrazos. Difícilmente alguien se le enfrentaba, pues para acabarla de amolar se juntaba con otros tipos que iban por él en un carro, y que eran como él, fantoches, fastidiosos y odiosos, y juntos eran una terrible pandilla.

Tenía lo que conocíamos como “esquinas”. Así pues, cada vez que en el barrio lo veíamos salir a la calle, ya fuera porque iba a la tienda o a cualquier otro sitio, nos hacíamos a un lado, nos escondíamos, o nos metíamos a nuestras casas, y él al vernos nos gritaba “coyones”, “zacatones”, cobardes, y demás cosas, que también nos calaban, y nos calaban porque era realidad, éramos unos “coyones” ante él. La forma de desquitarnos era ponerle apodos, inventar cosas de él y hacerlo quedar mal ante los demás.

En aquellos tiempos mi Nuevo Laredo estaba muy marcado por los barrios. Cada quien defendía el suyo, y era raro que te juntaras con los de otros barrios. Tú eras de un barrio y tenías que estar en el tuyo, jugar con los que ahí vivían y coquetear con las chamacas del mismo barrio. Era una regla no escrita, pero que se respetaba. Cierta vez uno de nuestros amigos andaba de noviecito con una chamaca de un barrio vecino y al ir a acompañarla a su casa, los de aquel sector le dieron una correteada por ese simple hecho.

Nuestro amigo llegó como un gamo donde nosotros estábamos pidiendo “esquina”, pues eran varios los que lo perseguían. Nosotros, que ya nos habíamos propuesto demostrar que no éramos “coyones”, o al menos no con los que eran casi de nuestra misma edad, les hicimos frente y terminamos enfrascados en una pelea a golpes, piedras y palos, de la que salimos victoriosos, al ser más, pues habían llegado a nuestros terrenos. Los peleoneros se fueron, pero al día siguiente volvieron con más gente. Eran como 20 y nosotros éramos a lo mucho unos 15.

Aparte nos dimos cuenta que eran un de un barrio conocido como peligroso, y la verdad nosotros no éramos de pleito. No pasaba nunca de que nos diéramos unos “catos” entre nosotros mismos para dirimir las diferencias por malos juegos de canicas, trompos, “beis” y demás. Evidentemente le “zacateábamos” a la situación, pero también no podíamos dejar que vinieran a nuestro barrio a insultarnos.

Fue entonces cuando Lalo, el odiado del barrio, salió a confrontar al grupo. “¡Órale coyones”!, nos dijo, “vamos a darles”. Y con Lalo al frente, a quien también ellos conocían como muy desgraciado, los hicimos correr, para ya no volver. Desde entonces Lalo pasó de ser nuestro odiado sujeto, a nuestro héroe, nuestro líder. Y no se me olvida aquella vez que nos dijo, “ustedes me caían mal por agachones, pero ahora que ya demostraron ser fuertes, ya me caen bien”. Desde entonces ya no temimos más a Lalo, mucho menos a los de los demás barrios. Ya estábamos unidos y fuertes.

Toda esta historia viene a colación por lo que hemos estado pasando en nuestro México en los últimos meses, y que se ha ido agudizando en los últimos días. Los mexicanos nos hemos dedicado por mucho tiempo a odiar a nuestro Presidente Enrique Peña Nieto, a mofarnos de él por sus errores y a criticarlo a más no poder.

Sin embargo nos olvidamos que lo queramos o no, es nuestro líder, nuestro representante, y como tal tenemos que apoyarlo, unirnos a él para así fortalecernos nosotros mismos y afrontar las amenazas de Donald Trump, cuyo objetivo son perjudicar a nuestro país, y por ende a nosotros los mexicanos. Igualmente Peña Nieto tal vez en un inicio no mostró interés por defender la soberanía del país, al ver que su pueblo no lo quiere, lo critica, lo insulta, pero por lo visto en los últimos ha estado sacando la casta y eso le ha generado cierto respeto de la clase política, pero sobre todo de la sociedad.

Hoy por primera vez en la historia del país los mexicanos estamos unidos, y curiosamente no ha sido un mexicano el que nos ha unido, sino un extranjero. No obstante requerimos de un líder verdadero para sacar la casta, pero mientras surge tenemos que apoyar a quien de momento nos lidera, con sus errores y desaciertos, y tal vez no electo por la mayoría, pero nos gobierna.

Recordemos que quien nos ataca tampoco fue electo por la mayoría de su país, y sin embargo ahí está. Tampoco lo quieren, pero ahí sigue, y tal vez no por mucho tiempo, pero el tiempo que esté lo tendremos que aguantar, lo mismo que sus embates.

Es lo mismo con Peña Nieto, mientras esté tenemos que apoyarlo. Indudablemente ya vendrán tiempos mejores, pero por mientras y por lo tanto hay que rescatar nuestra dignidad, y sobre todo rescatar al país de los enemigos. Seamos unidos, y sobre todo no seamos “coyones”. Tenemos nuestro “Lalo” y tenemos que luchar a su lado.

 

Juan Rodríguez Contreras

Ha sido dirigente de la Asociación de Periodistas de Nuevo Laredo.
Es columnista del periódico El Líder de Nuevo Laredo. Colabora para el portal de noticias HOYTamaulipas y para el periódico El Gráfico de Ciudad Victoria. Es además editor del portal Revista La Neta (www.revistalaneta.com.mx) Es periodista desde hace 28 años y ha trabajado en los periódicos Laredo Ahora, El Diario y Última Hora de Nuevo Laredo, así como ha sido comentarista de varios noticieros radiofónicos en Nuevo Laredo.

 

 

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