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Conveniente extraño enemigo

Por: Sandro Cappello El Día Miercoles 25 de Enero del 2017 a las 08:19

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Nadie minimiza el enorme reto que representa el gobierno del presidente Donald Trump en EE.UU. Es incuestionable las consecuencias negativas que traerá el cambio radical de su ideología económica. Siendo el principal predicador del libre mercado, de manera abrupta y con un discurso estridente, decide emigrar a un modelo proteccionista. La historia reciente ha probado más de una vez que dicho modelo económico es una utopía, sin embargo, el mensaje popular reditúa buenos dividendos electorales y políticos.

El Tratado de Libre Comercio (TLC) ha tenidos pros y contras en la economía mexicana desde su inicio. Con el paso del tiempo, México supo aprovechar las condiciones del tratado para estimular la  economía manufacturera con la capacidad de exportar al vecino del norte de manera simple y asequible. Esta cuestión detonó de manera considerable la inversión extranjera.

Al tiempo que esta estrategia económica prosperó en conjunto con la industria petrolera nacional, los responsables del desarrollo económico descuidaron otras industrias como el desarrollo rural y el mercado interno. Asimismo, confiaron que las tendencias positivas continuarían por tiempos indefinidos y jamás concretaron la estimulación de industrias nacientes como el desarrollo tecnológico o la implementación de un sistema educativo de calidad que generara un círculo virtuoso que al cabo del tiempo impactará el crecimiento económico de la nación.

La clase gobernante también actuó de manera negligente con la aplicación de los ingresos excedentes al incrementar el gasto público sin que esto significara crecimiento económico, al contrario, cuando disminuyeron los ingresos, irresponsablemente adquirieron deuda para mantener el excesivo tren de gastos. Si al contrario de éste proceder los excedentes se hubiesen utilizado exclusivamente para la creación de fondos para el desarrollo económico e infraestructura, hoy los factores externos no nos afectarían en la misma dimensión.

Tampoco la clase gobernante encontró tiempo, recursos o voluntad para solucionar los grandes lastres de México para alcanzar el bienestar de los ciudadanos: impunidad y corrupción.  Esta degeneración del servicio público ha dilapidado infinidad de recursos mediante “ingeniosas” asignaciones disfrazadas de “concursos públicos”  para obras, adquisiciones y servicios del Estado. Asimismo otorga prerrogativas y privilegios que inexplicablemente goza la clase política. Éste cáncer igual intoxica la tan necesaria autonomía de los poderes, garantizando el monopolio del poder a un reducido grupo “élite”.

La sociedad fatigada de los constantes abusos sistemáticos que han sufrido por parte de la clase gobernante, han comenzado a actuar al constituirse como organizaciones civiles contra la corrupción y la impunidad. Ejemplo de ellos son las distintas manifestaciones simultáneas a nivel nacional en contra del gasolinazo y el impulso de iniciativas como ‘3de3’ y ‘Sin voto no hay dinero’.

Ahora que por fin se empieza a apreciar la participación ciudadana en el quehacer político, ahora que se ha vencido la apatía política y que se ha superado las distintas estratagemas para desprestigiar los movimientos civiles, parece ser que la clase gobernante sede ligeramente a sus privilegios, sin embargo, el pueblo exige la totalidad, y esto significa extirpar prístinas prácticas corruptivas.

Mientras la mayoría de los mexicanos identifican a Donald Trump como una amenaza para la economía nacional y los derechos humanos de los mexicanos en EE. UU. o simplemente un rechazo por las despectivas declaraciones generalizadas en contra de lo mexicanos, el gobierno en turno comienza a reconocer en él (Donald) la oportunidad de recuperar la gobernabilidad e incluso recuperar un poco de terreno en su desgastada popularidad (un 88 % de ciudadanos rechaza la administración federal).

La última estrategia del gobierno federal para apaciguar el malestar social (en su contra) consiste en exhortar al pueblo mediante una campaña de publicidad institucional a mantener la unidad ante el enemigo común representado por el cuadragésimo quinto presidente de EE.UU. Siendo que los ciudadanos nunca habían estado tan unidos como al día de hoy para exigir al gobierno actual el respeto a las leyes y el buen gobierno que merecen.

El plan “B” consistiría en llevar a cabo una renegociación del Tratado de Libre Comercio que de manera “milagrosa” resulte favorable para México, y así se minimice y se digiera cuestiones como el gasolinazo.

Esperemos que la voluntad y determinación del pueblo no sucumban ante estas distracciones.

Sandro Cappello

Es Director de Investigación Político Sociales en Consultores y Asociados ESTATAM, con presencia en el noreste de México. Además es docente a nivel Maestría.

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