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Café que embriaga y…un ecocidio anunciado

Por: Marco Antonio Torres El Día Sabado 22 de Octubre del 2016 a las 22:43

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No imagino un mundo sin café; ni mi vida sin él.

Conforme pasa el tiempo, los años, lo deseo más y más.

No sé si se deba al trabajo que tengo que es redactar, escribir, hacer periodismo cotidianamente.

Soy nocturnal desde tiempos lejanos y quizá eso me llevó a ajustar mi tiempo, espacio y la temperatura del ambiente que me rodea con el café, en tanto una lámpara de escritorio alumbra mi computadora y da un halo de romanticismo a mi sitio laboral.

La noche y una taza de café suelen ser mis compañeras nocturnales. Son mis aliadas.

Beber café está volviéndose para mí una fijación, un deseo casi incontenible.

Lo imagino antes de beberlo.

Amo los climas gélidos y fríos de invierno porque los relaciono con café, el mismo que humeante se evapora ante mis ojos.

Las veces he viajado a Colombia, las más de las veces lo hago siguiendo sueños de sentarme a la mesa de un café público y tomar pausado un café en taza, particularmente un tinto.

Los colombianos, hombres y mujeres llegan al local y dicen: "Dame un tintico".

Yo pido un café 'cargado', expresión inusual allá que nadie entiende.

Otros en calles céntricas de Bogotá o de Manizales (ciudades frías por excelencia), ante el ruido infernal de carros y motocicletas pagan 1000 o 1500 pesos colombianos (COP) a un vendedor callejero a cambio de un café tinto para llevar; las más de las veces es suave.

Aunque también hay intenso, es decir, el de la alta montaña.

El de la alta montaña es intenso. El de media montaña es suave pero fuerte. Y el de la baja montaña, ligero.

Yo simplemente pido un café americano, o a lo mucho me atrevo a pedir un "tinto" pues sé que si insisto en pedirlo 'a la mexicana', 'dame un café negro, cargado', empezarán a preguntarme mirándome como bicho raro.

Mascullan mentalmente, casi los oigo: "Este hombre no es de aquí; debe ser mexicano".
Y tras ligero titubeo acaban preguntando: "¿Verdad que usted es de México? Se le nota en la voz, habla igualito a como hablan en Cuna de Lobos, en Quinceañera y en María Mercedes". 

Los colombianos son telenoveleros por tradición.

Y telenovelas mexicanas como esas hicieron época allá.

El café es vicio, es adicción.

Suelo relacionar el café con avenidas citadinas de tráfico intenso mientras miro a la gente caminar a través de los cristales de una cafetería; en tanto doy sorbos a mi taza para enfriarlo y soplo suavemente para enfriarlo.

Mis sueños son locos y los confieso.

He llegado a imaginar que estoy -o que estaré- en remotas e ignotas ciudades donde cae nieve de invierno como en Moscú, Amsterdam o en Argentina (en Argentina el invierno empieza durante el verano mexicano, en junio o julio).

Y termino por relacionar una cosa con otra. 

Café, lluvia, frío, ver a la gente pasar, ver el tiempo transcurrir.

No cabe duda, soy un adicto y un romántico a mil.

Soy bebedor consuetudinario de café.

Me embriaga su aroma, me excita los sentidos y -pienso yo- me agudiza la mente acentuando mi inteligencia, si es que la he llegado a tener alguna vez; y por ello soy un agradecido de la vida. Un soñador.

Debo ser un loco seguramente.

Bien, por ahora los dejo.

Seguiré escribiendo en tanto aporreo el duro teclado del computador.

Mientras por favor déjenme tomar un poco más de café; no quiero que se enfríe…

Mejor pasemos a otro tema.

Plausible, realmente digno de aplauso la actitud del alcalde del Mante JUAN FRANCISCO LEAL GUERRA al poner en la mesa de discusiones el complicado asunto de la construcción del Acueducto, obra federal en pleno avance que fue ordenada desde la gestión sexenal de EGIDIO TORRE CANTÚ.

Detrás del asunto, hay un espinoso espectro que quizás tenga que ver con ecocidio, palabra sin pizca alguna de exageración que describe lo delicado del tema.

Ecocidio significa “matar”, liquidar” o “asesinar” la naturaleza, la ecología propiamente dicho.

Así como magnicidio significa asesinar a un personaje magno, de elevado rango.

Ese tema es escabroso de por sí pues nadie en su sano juicio de los 120 mil mantenses que existen deseará que le maten y destruyan su entorno ecológico, con el cual crecimos desde la fundación del Mante, y desde que los primeros nativos llegaron a estas tierras.

Cierto es, pues, que JUAN FRANCISCO LEAL GUERRA está en todo su derecho de frenar esa obra porque afectará el entorno natural y matará especies de flora y fauna que viven gracias al paradisiaco lugar donde a los mantenses nos tocó crecer.

Se necesita valor, osadía y gran sentido de justicia para impedir que este ecocidio continúe.

Estamos obligados, como especie humana, a no dejar que en aras de la modernidad se destruya nuestro entorno.

El Mante ha sido en todo Tamaulipas la ciudad más única y especial en materia de mantos acuíferos; llamamos a nuestro Mante “La Venecia tamaulipeca” porque aquí y solo aquí hay agua dulce y ríos en abundancia.

Estamos seguros que el agua que a través del acueducto quieren sustraer del manantial de El Nacimiento es para venderlo llevándoselo lejos.

Eso es muerte y acabose para El Mante.

A la ciudad la atraviesan, de sur a norte y de oriente a poniente y viceversa, cerca de 30 canales de agua pura de manantial que dan vida y belleza natural a la mancha urbana y a su gente.

Claro, se trata de un solo canal, pero que se subdivide en tramos según el sentido de calles y arterias viales.

El Mante es una ciudad única.

Y ahora sí que, podrá el alcalde Juan Francisco Leal Guerra tener un mundo de errores o deficiencias individuales, o incluso actitudes petulantes de –aparente o real- engreimiento, pero en este espinoso tema sí tiene razón.

El tema da para mucho más.

Alguien debe frenar el Acueducto, que aunque lleve un avance de más de un 50 por ciento o más o menos, puede detenerse.

Porque el Ecocidio también es castigado, incluso con cárcel.

Es un delito federal destruir el entorno ecológico.

El Mante es la última frontera, la más septentrional ciudad de cara al norte del globo terráqueo, que goza –visto desde satélites- de áreas boscosas y verdes.

De hecho hay una larguísima franja verde que comienza aquí y que cruza Veracruz, Chiapas, Tabasco, continúa por todo Centroamérica y va a acabar en Ecuador y Perú.

Es una franja de naturaleza viva de más de 3 mil 800 kilómetros lineales de extensión, sin contar su anchor.

Aquí hemos venido escribiendo esa historia. El Mante es el venero de Tamaulipas más rico que existe.

Ni siquiera los Esteros de Altamira, González, Madero ni Tampico se igualan con El Mante.

Por eso es pertinente lanzar la alerta: Frenen el ecocidio.

El tema está expuesto en Cabildo.

Fue la regidora del PAN Sheila Frida Palacios Juárez quien le puso el cascabel al gato abordando el tema.

Se desató ayer una polémica donde el alcalde Leal Guerra no quedó excluido, sino que dirigió la polémica al grado de decir: Seguiremos estudiando el tema, y si hay necesidad de echar abajo el proyecto, se echará abajo, cueste lo que cueste.

Bien por él.

Posdata:

Por último, hoy sábado no hubo descanso para el alcalde Leal Guerra ni para el Secretario de Bienestar Social, Gerardo Peña Flores pues desde temprano acudieron a Congregación La Mora para dar el banderazo de inicio de obra del que será un desayunador en la escuela primaria Emancipación del Campesino.

Créalo, nos da la impresión que esta escuela tiene más de 10 o 15 lustros de historia (unos 50 o 75 años) pues es una joya de escuela.

Por lo mismo creemos que merece ser remodelada y reparada, para que siga durando muchos años más.

Esos pueblitos –San Miguel de la Mora y La Mora- son probablemente más viejos que El Mante y están ricos en historia.

Ahí se llegaron a asentar incluso, por estar a orillas del río Guayalejo, colonias de extranjeros provenientes de Holanda, de Turquía y de la lejana Europa.

A lo largo de los años muchos nativos tuvieron que emigrar.

Pero vale la pena rescatar la enriquecedora historia de estos pueblos.

Un ejemplo de apellidos que arribaron a esas poblaciones desde Holanda en la década de los 30 o 40 del siglo pasado es el apelativo Thergot.

Hasta hoy descendientes de aquéllos migrantes viven ahí, en La Mora.

Ahora sí es todo, hasta pronto.

Marco Antonio Torres de León

Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación en CUTM, laboró en diarios como El Sol de San Luis. Inició en el diario La Opinión de Matamoros como reportero de deportes. Posteriormente trabajó como reportero de información general en Expreso de Mante en 1999, en Noticias del Sur (hoy Cinco Noticias, El Signo de Mante, El Matutino)

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