Cuatro horas ó 378 kilómetros separan a Roma de Pisa, situada muy cerca de Livorno y el mar Mediterráneo, esta pequeña ciudad hacia el norte de Italia posee una de las postales más famosas del mundo, me refiero a su torre inclinada, la Torre de Pisa.
Aunque Italia tiene la más grande colección de monumentos en el mundo y difícilmente se puede elegir entre su belleza; la Torre de Pisa es una de sus imágenes más identitarias, cultural y turísticamente hablando.
Un trenecito recoge a los visitantes en un gigantesco paradero de autobuses turísticos, los lleva, por tres euros en un viaje de cinco minutos a la Plaza de los Milagros, compuesta por la catedral o el domo, el baptisterio, el camposanto y el campanario o la Torre de Pisa.
Hay que apuntar que si bien la torre en solitario es un icono de Italia, no solo por su belleza sino por su extraña inclinación, al estar ahí frente a ella, desmerece ante el conjunto arquitectónico del que forma parte, la belleza de todos los monumentos que componen la Plaza de los Milagros es de una majestuosidad artística increíble.
Destaca además su mantenimiento, conservación y organización para que los turistas se desplacen en ese espacio fortificado construido entre los años 1000 y 1300, totalmente medieval y de mármol sus fachadas, la construcción luce como si siete siglos no hubieran pasado por ella, el aire se respira limpio, el espacio para caminar, observar y orar es amplio y organizado.
Sin embargo, afuera el mercado ambulante espera a quien se anime a perderse un momento entre insistentes vendedores ambulantes de origen senegalés que ofrecen relojes y bolsas piratas de las mejores marcas, infinitas calles con puestos móviles que venden suvenires y calles repletas de mercancía, comida y una cantidad descomunal de turistas orientales.
Pasta, pizza y Coca-Cola, no la mejor opción para comer, pero si la de mayor oferta, se recuerda México ante el anuncio multiplicado en todos los restaurantes del cartel de cocacolero que ofrece la pizza y el refresco por pocos euros, acá, en vez de pizza se ofertan las gorditas.
Sin duda, el extraordinario placer de caminar y disfrutar la Plaza de los Milagros contrasta con este mercado, dividido por una muralla, dos mundos opuestos, uno producto del otro, pero que inteligentemente han sabido separar quienes resguardan este patrimonio cultural italiano.
Pisa no es la torre, ni la torre es Pisa, aunque sea un referente identitario como el Coliseo romano, la Torre Eiffel en Paris o la Puerta de Brandemburgo en Berlín, más allá de su imagen infinitamente multiplicada en la memoria del mundo, la torre solo es un campanario medieval, el más pequeño monumento del complejo arquitectónico de Pisa conocido como la Plaza de los Milagros o Plaza de la catedral. E-mail: claragsaenz@gmail.com