Por: Alejandro de Anda03/09/2012 | Actualizada a las 09:10h
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Despegados ‘un poco’ de
la pasión política que el hombre tiene en su naturaleza instintiva, como las
demás herramientas de supervivencia que le permiten alimentarse y vivir, algo
podremos opinar acerca de los nuevos ‘tiempos y movimientos’ del gabinete
–recargado- de tiempos ‘egidistas’.
El nuevo hombre número dos del gobierno estatal, representa los asuntos
políticos y la nueva travesía del barco que comanda el del tercer piso de Gobierno.
Herminio Garza es quizá el hombre de la corriente ‘torrista’ más probado en
circunstancias de todas, a todas.
La cercanía a Rodolfo en su momento, le hizo ser el primero en incorporarse al
proyecto del doctor y renunciar a la comodidad de la nómina en su trascendente
paso al frente del Registro Público del Estado; tras la profunda reforma que
hacía de un espacio donde ser fedatario. Antes de la reforma, el RPP daba
muchas dudas por las irregularidades. La nueva cara de esa dependencia, es una
carta que avala la entrega del hoy Secretario de Gobierno.
Sin embargo, es poco conocido que el nuevo encargado de la política, también en
su momento era considerado a ser quien ayudase al entonces alcalde de la
capital, Egidio Torre Cantú; quien por diversas causas, Herminio finalmente
cedió su magnífica oportunidad a Rolando Guevara, hoy jefe de asesores.
En manos de un personaje de su confianza, la política interior del Estado. No
hay sombras de duda acerca de la decisión.
Ahora, demos rienda a la ‘praxis de relajación de la cara’; es decir, a perder
la solemnidad y tomar la vida con desenfado.
Nada de bullying.
Desobediencia civil. Es la terminología que pretenden emplear quienes quieren
las cosas por la fuerza. Al diablo las instituciones.
Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, fue emperador de México. Y de los
hechos poco conocidos, es que el hombre tuvo descendencia que no abandonó el
país tras su efímero paso por el trono tricolor.
Agustín de Iturbide Green (vivía bajo la tutela de su protector, Maximiliano)
tenía 27 años de edad cuando fue enjuiciado y procesado por el delito de murmuración
y crítica pública contra el gobierno establecido de Porfirio Díaz.
Finalmente en la reyerta por las críticas del joven heredero, la purga de su
castigo fue conmutada por el destierro donde en 1926 culminó su vida en
Washington, recluido en un convento.
La pregunta es ¿qué esperan las autoridades establecidas para imponer orden
contra el desacato de la llamada ‘desobediencia civil’, de la que no serán
responsables de revueltas o de actos vandálicos de los represores, a los que no
les gusta la decisión de los millones de mexicanos que imploramos ya un poco de
paz?
Y lo peor del caso; los implicados alegan a pie juntillas que no buscan
confrontar a nadie, salvo defender sus derechos. Claro, los que no ganaron con
votos.
Tal cual, le sucedió recientemente a una chiquilla de escasos años, que en el
jardín de niños donde atienden sus primeros ‘escarceos con la vida’, las
maestras no hayan tampoco la paz, ante la inquietud y energía desbordante de la
pequeña.
La que seguramente en un futuro será lideresa de algún sindicato de maestros, o
algo así, es ‘infractora regular’ de las normas de la institución. Lo que
obliga a la presencia constante de la afligida madre para recibir las
recomendaciones tutelares.
La directora, al colmo de sus límites, atina a decir a la pequeña “¡Criatura de
Dios! ¿No te da pena que tu pobre madre tenga que venir casi todos los días por
lo que haces? ¿No te da pena?” y claro, la respuesta era mejor aún “¡No! ¡Hay
más gordas que ella!”