Hoy es Jueves 11 de Junio del 2026


Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Cacicazgos anacrónicos

Los viejos caciques, cuya decadencia se percibe cotidianamente en toda la geografía tamaulipeca, en el actual proceso electoral no tienen qué ofrecer ...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 21/05/2010 | Actualizada a las 00:01h
La Nota se ha leído 1811 Veces


Los viejos caciques, cuya decadencia se percibe cotidianamente en toda la geografía tamaulipeca, en el actual proceso electoral no tienen qué ofrecer a los candidatos a la gubernatura del estado, las 43 alcaldías y 22 diputaciones locales de mayoría relativa.
 
Sin embargo los pretensos hacen como que les creen y los otrora amos y señores de las comarcas se ven ridículos pontificando con sus gastados y anacrónicos discursos, pues para nadie es secreto que en la actualidad carecen de fortaleza política.
 
Además su voto es unipersonal y ya no son capaces de manejar siquiera a los integrantes de sus propias familias, como lo demuestra el hecho de que en un mismo clan haya simpatizantes de diversos partidos.
 
Usted seguramente fue testigo, le informaron o simple y llanamente lo sabe de oídas, que antaño las fórmulas para contender por los ayuntamientos y curules (uninominales y de representación proporcional) se otorgaban casi en exclusiva a quienes recomendaban los caciques de cada región, porque era la única forma de garantizar el triunfo.
 
Fue la época en que el jurásico caciquil manipulaba el voto, alentaba el relleno de urnas, financiaba candidaturas, obstaculizaba otras, controlaba a los funcionarios de los órganos electorales, ordenaba el robo de ánforas cuando sentían que el escrutinio sería adverso a su causa, amenazaba a sus opositores, le exigía a los curas que desde sus púlpitos indujeran el voto, ponía y quitaba candidatos, y hasta se daba el lujo de administrar los recursos públicos sin que los representantes populares, “apadrinados” por ellos, osaran oponerse.
 
Ese viejo cacicazgo, si bien es discutible que en otra época cumplió una función, hoy está casi desaparecido.
 
Pero los que aún creen ejercer cacicazgos no lo entienden así y por eso se muestran irreverentes ante los políticos más jóvenes que ellos, quienes les dan coba para no pelear y hacen como que los necesitan en su aspiración inmediata, cuando en el fondo lo único que les provocan es tanta pena como diversión, pues sabido es que el tiempo no perdona y a muchos de los viejos caciques ya se les van las cabras.
 
En cualquier manifestación, mitin, reunión, encuentro, asamblea o como les llamen a las acciones proselitistas en cada caso, regularmente asisten varios caciques en decadencia –disfrazando su verdadera piel de lobo con una de oveja, y haciéndose llamar clase política--, para dizque avalar al aspirante en turno.
 
Desde su llegada al recinto donde se realiza la actividad política, el cacique anacrónico recibe atención especial, se le cita públicamente, se le aplaude --pero eso sí, con mucha simulación--, y en cuanto se va los comentarios que se vierten sobre su figura son de desprecio y pena.
 
Incluso sé de algunos candidatos que ya no los toman en cuenta, por saber que hoy nada representan; que están más devaluados que el peso mexicano y que su aportación en el terreno político-electoral vale tanto como la de cualquier otro simpatizante.
 
O sea, un voto.
 
Esta reflexión surge tras observar que en el campo todavía se dan intentos de cacicazgos, y que estos se fincan en el hecho de que los dueños del teléfono rural, que también son propietarios de la tierra, el ganado, las parcelas, los solares, la tienda, la cantina, la veterinaria, el depósito de cerveza y otros negocios, creen que igual pueden decidir por sus semejantes en la justa comicial.
Pero están equivocados, ya que los caciques, desde hace muchos años, dejaron de ser sustento en todo proceso electoral.
 
¿Qué es la unidad?
En los últimos días en todos los partidos políticos se habla de unidad, pero son pocos los que profundizan en su cabal interpretación, por lo que enseguida cito lo que el ideólogo Jesús Reyes Heroles consideraba en torno al tema.
 
En vida él decía que casi todos los seres humanos creemos en la unidad.
Y así lo explicaba:
 
“La unidad de un pueblo, de una colectividad, no supone la unanimidad ni excluye el derecho a la diferencia; por el contrario, la unidad más sólida es aquella que se funda en la diferencia, en que no existe ortodoxia ni heterodoxia. Es la unidad que proviene de la diversidad y de un denominador común amplio, de un pensamiento común, por encima de las diferencias, por encima del derecho a disentir, más allá de divergencias.
 
“La unanimidad es supuesta o es impuesta. La unidad a través de la diversidad es real y voluntaria, y es ésta la unidad que queremos…”
 
Refiero lo anterior porque hay políticos que actualmente muestran confusión entre una cosa y otra.
 
Me explico más a fondo:
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
adadasdas
HoyTamaulipas.net Derechos Reservados 2016
Tel: (834) 688-5326