La propuesta de montar un debate entre los cinco candidatos a la gubernatura estatal, hecha por José Julián Sacramento Garza (PAN) y secundada por Armando Vera...
Por: Juan Sánchez-Mendoza13/05/2010 | Actualizada a las 08:35h
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+ Propuesta de
Sacramento Garza, sólo Vera la secunda + De León Perales
rehúsa seguirle el juego al albiceleste + Almanza Armas y
Torre Cantú no se ocupan del asunto + Faltan candidatos
del mismo peso para una disertación La propuesta de montar un debate entre los cinco
candidatos a la gubernatura estatal, hecha por José Julián Sacramento Garza
(PAN) y secundada por Armando Vera García (PT), la rechaza tajantemente Alfonso
de León Perales (Convergencia) y es un tema que no aparece en las agendas de
Julio César Almanza Armas (PRD) ni de Rodolfo Torre Cantú (coalición “Todos
Tamaulipas”, encabezada por el PRI), según me han informado algunos de sus
colaboradores más cercanos.
De cualquier modo es buen momento para aclarar que un
debate es el encuentro entre pares basado en la discusión y la controversia,
cuyo propósito busca (desde el inicio) exhibir dos o más posiciones encontradas
en torno a un tema, programa o conflicto.
Su objetivo primario consiste en hacer que las partes
antagónicas en ideología, doctrina, militancia política o posición social, (de
cara al público) defiendan los supuestos que sustentan a través de la
confrontación verbal, pero esta vez guiados por un moderador que se supone debe
ser una persona neutral, equilibrada y profesional.
El valor del debate estriba en acercar a la audiencia las
formas distintas en que se concibe una realidad, permitiéndole asumir su propia
postura tras reflexionar en torno a lo expuesto.
En los procesos electorales, es indudable que el debate
podría resultar un ejercicio saludable para nuestra incipiente democracia;
sobre todo si se tratare de una contienda altamente competitiva, donde los
candidatos (en verdad) buscaran convencer al votante sobre la viabilidad y justeza
de sus propuestas.
Sin embargo es pertinente aclarar que no todo debate es
viable y constructivo para los actores involucrados; o para la sociedad, que en
menor o mayor nivel está pendiente de las diversas expresiones que se
manifiestan en torno suyo. Las condiciones
Para que un debate pueda concretarse, (primero) deben
existir las condiciones propicias de equidad en todos los aspectos; máxime
cuando se pone en juego el destino de un estado.
Es decir, antes de alentar una discusión pública de tal naturaleza,
se requiere analizar si los personajes invitados son sujetos al debate y tienen
similares posibilidades de triunfo, además de otro esencial atributo: dar
muestra de responsabilidad, ecuanimidad y compromiso hacia la población que
aspiran gobernar.
Consigno lo anterior porque de nada valdría que se
llevaran a cabo encuentros desiguales y estériles, donde algunos personajes
exhibieran falta de trabajo político, credibilidad y propuestas serias,
mientras otro asomara prendas totalmente opuestas.
Entonces, resulta obvio que la discusión pública en torno
a una problemática o proyecto, sólo sea admisible entre pares. Ello como un
acto de elemental justicia, que además significaría para el espectador la
posibilidad de enriquecer su percepción en torno a los adversarios y su
capacidad. Falta de cultura
En lo personal, estoy convencido de que en todo México
existe una incipiente cultura del debate; y cuando éste se ha dado, es porque
el escenario se adapta a favor de intereses mezquinos y reaccionarios, que nada
tienen que ver con el ejercicio de la democracia.
Por ejemplo, en este año electoral, a diario vemos cómo
los dos monopolios televisivos aparentan pluralidad al dar entrada a los puntos
de vista encontrados de dirigentes partidistas, autoridades gubernamentales y
líderes de opinión, forzando así el debate, sin que esto traiga mayores
beneficios a los destinatarios del mensaje.
Incluso, los amos de la televisión, igual que los hombres
del poder político, tienen intereses y preferencias ideológicas que manifiestan
en forma implícita al descalificar a quienes no comulguen con la visión que
defienden, o que no paguen en forma puntual sus servicios de imagen.
Por tanto, creo que las polémicas públicas, en forma
abierta y directa, deben realizarse cuando existan condiciones adecuadas y no
haya posibilidad de que uno de los contendientes se monte en la fama de otro, o
puedan tergiversarse o manipularse las posturas por demás encontradas.
Lo mejor, entonces, es coadyuvar a que los ciudadanos
eleven su capacidad de reflexión y análisis en torno a los asuntos de interés
público de manera sistemática --desde los lugares donde estudian, viven y
trabajan--, mediante esquemas y propuestas serias que frenen la tentación de
aventureros, aprendices de brujo y falsos profetas, que en toda oportunidad y
sin el menor remordimiento ni pudor faltan a la verdad. Debate doméstico
En los dos últimos días, el abanderado del membrete
albiceleste ha insistido en montar un debate donde participen los cinco candidatos
a la gubernatura del estado.
Sólo el candidato del Partido del Trabajo (PT) ha
secundado esa propuesta, pero no el gallo de Convergencia ni han hecho alusión
al tema los candidatos del partido del Sol Azteca ni de la coalición “Todos
Tamaulipas”.
Eso por razones obvias, pues con su actitud ambos se
niegan (sin aclararlo públicamente) a caer en el garlito del representante de
la ultraderecha.
Sobre el mismo tenor, sé que el priísta (que en esta
justa también representa a las organizaciones magisterial y ecologista)
privilegia su encuentro con la sociedad civil de manera cotidiana --con la que
intercambia puntos de vista y enriquece los temas de su plataforma
político-electoral e incluso su futuro programa de gobierno--, antes de pensar
al menos en discutir públicamente con sus adversarios.
Con esa su actitud, Rodolfo Torre Cantú refrenda que
posee sensibilidad política –al darse cuenta de que más que un debate lo que
Acción Nacional prepara es una trampa mediática--, y parece estar convencido de
que un encuentro de tal envergadura resultaría insulso e inútil; amén de que
podría convertirse en una cena de negros, pues si algo distingue a sus pares
es, precisamente, proclividad a la confrontación.
Además, otro motivo por el que debe negarse a debatir, es
que hay una evidente distancia en las preferencias electorales entre él (67 por
ciento) y Sacramento Garza (25%), así como en la manera de llegar a los
ciudadanos.
Rodolfo lo hace mediante propuestas; mientras el otro
utiliza el escándalo y la descalificación, tanto como temas recurrentes
(verbigracia la inseguridad) que no ha podido resolver el Gobierno Federal
(igual de extracción panista), cuando es de suyo responsabilidad diezmar a la
delincuencia organizada.
De ahí que la postura de Torre Cantú de mantener silencio
sobre la posibilidad de participar en un debate, en lo particular me parezca
correcta; y más cuando él debate todos los días con la sociedad, en las
ciudades y el campo y con los diferentes sectores, a fin de analizar la
problemática en distintos rubros y tratar de alcanzar acuerdos para solucionar
lo prioritario ya instalado en Palacio de Gobierno. Corolario
Eso y más me lleva a suponer que el mentado debate
propuesto por José Julián y secundado por Armando, en realidad sólo es una
trampa cuyo perverso fin sería atraer los reflectores. Se hace camino al andar *** Considero un acierto gubernamental que la Cruz Roja
cuente con instalaciones modernas, más amplias y con mayor capacidad de
atención a los pacientes, pero de ahí a que el nuevo albergue ya esté
concluido, como se asegura, hay un mar de diferencia. *** Basta visitar la obra para confirmar esta
apreciación. *** Las protestas públicas siguen a la alza en contra de
Víctor de León Orti, pues en su calidad de secretario de Desarrollo Rural nada
ha hecho para indemnizar a los productores agropecuarios que perdieron
semovientes y cosechas hace unos meses. *** Aún así presume a todo aquél que quiera escuchar que
repetirá en el cargo en 2011. ¿Será? Em@il: jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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