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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Amenaza de colapso

Aunque Felipe Calderón Hinojosa se niega a reconocer que la economía nacional vive la peor crisis de su historia y que la...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 22/04/2010 | Actualizada a las 23:16h
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La crisis económica es más grave de lo que dice Calderón
Él no reconoce el quebranto, por temor a mayores críticas
Culpables del fenómeno han sido los últimos mandatarios
El poder absoluto, dice Acteon, ¡corrompe absolutamente!
 
Aunque Felipe Calderón Hinojosa se niega a reconocer que la economía nacional vive la peor crisis de su historia y que la reparación del daño no habrá de darse durante su régimen presidencial, hay analistas que sí saben del tema y a través de estudios objetivos, sin ningún tinte partidista ni ideológico, se han encargarlo de advertirle al señor de Los Pinos que hable con la verdad.
 
Que no trate de tapar el sol con un dedo. Sobre todo cuando aduce que los cerca de 106 millones de mexicanos estamos en franca recuperación.
 
Incluso, hay quienes adelantan que si este año no se revierte la tendencia negativa, México caería en un colapso económico, por lo que tendrían que tomarse otras medidas para tratar de mantener el barco a flote, como serían una drástica devaluación de nuestra moneda, la venta de más empresas (todavía) propiedad del Estado y/o un nuevo y mayor endeudamiento externo.
 
De otra forma, advierten expertos que trabajan como investigadores en algunas de las instituciones más destacadas del país, la economía nacional continuará en picada y el actual régimen presidencial, como los últimos seis que lo antecedieron –encabezados por Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada--, estaría destinado al fracaso y no podría cumplir con ninguno de sus programas de gobierno.
 
Como hasta ahora, cuando el sexenio actual ya rebasó la primera mitad de su gestión constitucional.
 
Excesos de gasto
La situación económica que padece México es, ciertamente, en buena parte consecuencia de la crisis mundial, pero igual contribuyen al quebranto el excesivo poder burocrático, la inversión especulativa, el gasto desorbitado de nuestros gobernantes y el pillaje de algunos funcionarios públicos que las últimas cuatro décadas han devaluado el peso en múltiples ocasiones –directamente o disfrazando el hecho con el deslizamiento de nuestra moneda frente a otras más fuertes, como el dólar y el euro--, convirtiendo el circulante en una divisa poco atractiva para el mercado mundial.
 
De ahí recobra capital importancia la sentencia del filósofo inglés Locke Acteon, que así reza: “Todo poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente”.
 
Y en efecto, aquí en México los programas económicos del Gobierno Federal han fracasado a pesar de tantos planes y estrategias sexenales; y han fracasado porque los servidores públicos han hecho con la riqueza nacional los que se les ha dado su regalada gana; porque han gastado ofensivas cantidades de dinero en los procesos electorales, en los viajes presidenciales, en su promoción mediática y hasta en el sostenimiento de empresas fantasmas o, en el mejor de los casos, improductivas.
 
Un claro ejemplo de esto es que nos dicen que el petróleo es nuestro, cuando el llamado oro negro solamente ha enriquecido a determinados funcionarios.
 
Y todo ese saqueo, obvio, lo han cubierto elevando impuestos, contratando deudas (interna y externa), fabricando dinero o de plano provocando inflación y devaluaciones.
 
Por eso la economía del país ha fracasado sexenio tras sexenio, aun cuando a ese deterioro también contribuya el hecho de que los burócratas tengan mucho poder y en sus manos tengan el manejo presupuestal.
 
Tan sólo en las últimas siete administraciones presidenciales –incluida la actual--, se han implementado diversos programas económicos, pero estos no han funcionado quizá por falta de continuidad o tal vez porque no ha existido voluntad para apostarle a un fortalecimiento sostenido y sustentable en la materia.
 
Culpables del fenómeno
 
Luis Echeverría Álvarez fue quien le empezó a dar en la torre al milagro mexicano.
 
Antes de que el asumiera la jefatura del Poder Ejecutivo federal, nuestro país crecía a un ritmo del siete por ciento anual en promedio. Era la tasa de crecimiento más alta a nivel mundial. Ni Japón ni Corea ni nadie la tenían. Pero uno de sus principales errores fue el populismo. Querer resolver todos los problemas de un plumazo, por decreto y gastando cantidades fabulosas de dinero.
 
Otro de sus yerros fue creer que a través del gobierno, a través del control de la vida nacional, podrían resolverse los problemas. Y a lo único que nos condujo fue a la crisis sexenal adornada con escándalos de corrupción.
 
José López Portillo fue un gran ilusionista, un gran utópico.
 
Ese señor creyó que con exportaciones de petróleo iba a convertir a México en otra Arabia, pero en cuanto se desplomaron los precios del llamado oro negro el mentado “Perro llorón” (qepd) contrató una pavorosa deuda externa.
 
Es decir, le aumentó 40 mil millones de dólares, en seis años, a la ya existente, dizque para aprovechar los auges del petróleo, pero se cayeron los precios y abajo se vino todo el teatro.
Entonces, su sexenio fue de pura fantasía.
 
Recordemos una de sus frases célebres, cuando dijo: “voy a defender el peso como perro”, terminando perdiendo hasta los colmillos, ya que provocó tres devaluaciones; en 1982 la fuga de capitales, la estatización de los bancos y la moratoria de la deuda externa, entre otros desmanes.
 
Miguel de la Madrid Hurtado tuvo un sexenio gris. Pecó de omisión. El señor nunca funcionó ni para bien ni para mal. Él, como Presidente Constitucional de México, no se movía. Dejaba que todo se fuera deteriorando.
 
Con De la Madrid México alcanzó la inflación más alta de su historia; el monto de deuda externa también más grave desde la existencia de nuestro país, y una de las recesiones más fuertes de la nación contemporánea.
 
Entonces, el pecado de Miguel de la Madrid podría circunscribirse simple y llanamente a la omisión. Su omisión en torno a los acontecimientos financieros del momento.
 
Carlos Salinas de Gortari fue otro gran ilusionista, parecido a José López Portillo.
 
Así me lo comento mi amigo Erick Guerrero Rosas durante una charla –en corto le comento que es él, Erick, uno de los analistas financieros más influyentes de México--, pues se podría decir que el mentado JoLoPo era demagogo de izquierda, mientras Salinas se mostró como demagogo de la derecha.
 
 Salinas confió demasiado en el capital especulativo, en su manipulación del mercado cambiario; en meterle mano negra, en mantenerlo barato artificialmente.
 
Y bueno, en cuanto se fugaron los capitales especulativos, se vino abajo toda la aparente bonanza.
Ernesto Zedillo Ponce de León inició su régimen heredando crisis económica. Pero tampoco hizo nada correcto para sortearla.
 
Quizá él siga echándole la culpa a la crisis financiera del sureste asiático, pero no fue así, porque si esa crisis nos hubiera pegado tres años atrás, nadie pudiera siquiera haberse imaginado lo que pudiera haber ocurrido.
 
Tal vez la crisis de ese momento habría sido de mayor magnitud.
 
 
Panistas en el poder
Vicente Fox Quesada, por su parte, exhibió sumisión ante los excesos desorbitados de su segunda cónyuge, Martha María Sahagún Jiménez, quien gastó a manos llenas y permitió que su hijos –que no son hijos de Vicente--, se enriquecieran escandalosamente al amparo del Gobierno Federal, y por esa misma razón nada pudo hacer para controlar a sus colaboradores más cercanos que hacían cuanto les viniera en gana en materia económica-financiera, a grado tal de que la política en este rubro la dejó en manos de quienes le juraron lealtad y disciplina, pero su fracaso nos sigue pegando fuerte.
 
Con Felipe Calderón Hinojoza las cosas sí han cambiado, para mal, pues aparte de que su gobierno fue golpeado por la crisis económica global, no ha sido capaza de resarcir el daño en lo doméstico, aun cuando nos cobra impuestos más elevado y casi por todo lo que hacemos.
 
En fin, esta es la triste situación que padece México en materia económica.
 
Y eso quiere decir que estamos al borde del colapso.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx  

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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