A cuatro días de que venza el término legal para el registro de números telefónicos celulares, en todo el país hay aproximadamente 30 millones de usuarios que no han...
Por: Juan Sánchez-Mendoza06/04/2010 | Actualizada a las 22:44h
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Hoy seguramente el Senado decretará prórroga Son más de 30 millones los usuarios sin registro Usted ni se preocupe si se diera el aplazamiento Lo mejor, hasta ahora, es mostrar lealtad al jefe A cuatro días de que venza el término legal para el registro de números
telefónicos celulares, en todo el país hay aproximadamente 30 millones de
usuarios que no han cumplido la ordenanza.
Y no creo que lo hagan en escasas 96 horas –incluido el tiempo
transcurrido hoy desde el primer segundo--, aun cuando en un solo día, el
jueves 25 del mes que nos antecede, se haya alcanzado la cifra récord de 837
mil 970 números dados de alta, según cacaraquea la Comisión Federal de
Telecomunicaciones (Cofetel).
Insisto en el hecho porque ni siquiera registrándose un millón de
números diariamente podría conformarse un padrón confiable, con todo y la baja
de las líneas que pudiera ocasionar la morosidad de quienes las usufructúan.
Por tanto, el mentado Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil
(Renaut), admitámoslo o no, tiende al fracaso, pese a los más de 50 millones de
números que ya están identificados con el nombre y los apellidos de sus
tenedores.
Así lo advirtieron en tiempo y forma los diputados federales que
aprobaron prorrogar un año más el plazo para el registro de números telefónicos
celulares, por lo que deduzco que hoy, seguramente, la Cámara alta haría lo
propio en sesión extraordinaria de las comisiones unidas de Comunicaciones y
Transportes y de Estudios Legislativos del Senado de la República.
No para cuidar los intereses de los usuarios –que esto quede bien
claro--, sino en común acuerdo con el Gobierno Federal y, lo peor, con las
empresas que tanto se han enriquecido con la telefonía móvil --como Iusacel,
Unefon, Telefónica, Telcel y Nextel--, que el 12 de marzo próximo pasado
exigieron a la Cofetel que gestionara, en el Congreso de la Unión, aplazar un
año el registro de sus líneas, pues de otra forma con la cancelación de éstas
perderían hasta 500 millones de pesos al día. ¡Cuánta aberración! Disciplina, ante todo Hay una sabia conseja popular que advierte: “en boca cerrada... no
entran moscas”.
Pero la sentencia no la entienden ni atienden puntualmente ciertos
burócratas de primer nivel que, seducidos por el canto de las sirenas,
acostumbran dar rienda suelta a su locuacidad.
Así, algunos titulares de distintas áreas han buscado los reflectores
declarando cuanto se les ocurre por el simple placer de considerarse noticia,
sin entender que lejos de fortalecer su imagen lo único que provocan es poner
en entredicho su presencia en el gabinete.
La falta de sensibilidad política, en ellos, ha sido una constante.
Igual que la imprudencia y la emisión de juicios a la ligera, por lo que
se hace indispensable que al alto mando tome cartas en el asunto y de una vez
por todas les haga saber que en su régimen, por salud del mismo sistema, ningún
funcionario puede ni debe manejarse por “la libre”.
Esto quiere decir que todos, absolutamente todos los servidores públicos
del nivel que fuere, obligados están a conducirse en una misma línea –la que
marque el Gobernador--, a menos que en el fondo su compromiso sea con otra
gente y con un proyecto político distinto.
La disciplina, bien lo sabemos, en cualquier actividad es necesaria para
alcanzar el éxito. Y no es jugándole las contras al jefe o navegando a la
deriva como se llega a buen puerto, sino atendiendo las directrices del timonel
que sí sabe a dónde va y a dónde lleva el navío.
En este último año de la travesía sexenal, por cierto, el Gobernador
sabe lo importante que es reiterarle su confianza a quienes con él colaboran,
pero también está convencido de que quienes no funcionen simplemente se irán,
pero a la calle. La mesura, inexcusable El comentario surge por la necesidad inmediata que se prevé de
fortalecer algunas áreas de la administración pública, a fin de que en este
2010 puedan implementarse estrategias acordes a la realidad actual.
Por eso quienes integran el gabinete, sobre todo los de primero y
segundo niveles, harían bien en actuar con mesura e impulsar gradualmente los
cambios que se requieran en las dependencias que manejan.
Y no se trata de solapar yerros ni aceptar evidentes disfunciones en
ninguna área de la administración, sino de llevársela tranquila y corregir lo
que se requiera de manera inteligente, sin provocar innecesarias crisis y
conflictos que puedan dañar la excelente imagen que tiene el mandatario
estatal.
Usted como el que esto escribe, sabemos que hay personajes de altos
vuelos en el actual régimen que podrían tener las mejores intenciones de
cumplir a cabalidad la encomienda otorgada, pero equivocan el procedimiento en
tanto que apuestan a la fuerza y al autoritarismo, más que al convencimiento y
la toma de conciencia por parte de sus subalternos o de los segmentos sociales
que tienen qué ver con el área que representan.
Al respecto, los estudiosos de las organizaciones recomiendan el cambio
con responsabilidad, basado en liderazgos incluyentes y democráticos, donde la
persuasión y el entendimiento sean instrumentos a utilizar más que los
mecanismos de fuerza.
En el mismo sentido, los actuales funcionarios están obligados a actuar
con responsabilidad y aplicar mucho sentido común en el ejercicio de su
quehacer administrativo.
Además debe quedarles muy en claro que su presencia en el gabinete es
para resolver problemas y no para crearlos; y que la línea la marca el
Gobernador, en tanto que ellos simplemente deben aplicar correctamente la
instrucción recibida y cuanta estrategia les sea marcada llevarla a los hechos
con la habilidad adecuada.
Por tanto, valdría la pena que los indisciplinados de la administración
pública estatal abandonaran su prepotencia y altanería y tomaran el ejemplo del
mandatario, quien en cada reunión e intervención pública (que tiene) refleja
conocimiento profundo de la problemática; sencillez y talento.
Él sí sabe que los cambios a realizar no se darán de la noche a la
mañana, sino que son parte de un proceso que hay que manejar en forma gradual y
ejecutarlos este mismo año. Cavilaciones De acuerdo a textos atribuidos a Nicolás Maquiavelo, se debe considerar
que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni de éxito más dudoso, ni más
peligroso de manejar, que la implementación de un nuevo orden de cosas.
El cambio es necesario y, diríamos, inevitable, pero los individuos en
lo más íntimo se aferran al pasado.
Todos desean el cambio en abstracto, un cambio superficial, pero no un
cambio que modifique de manera fundamental sus hábitos, ya que les resulta
profundamente perturbador.
El mismo Maquiavelo subraya que:
“El profeta que predica y provoca cambios, sólo puede sobrevivir por la
fuerza de las armas; cuando las masas inevitablemente ansían volver al pasado,
sólo les queda recurrir a la fuerza armada.
“Pero el profeta armado no podrá perdurar, a no ser que genere con
rapidez una serie de valores y rituales que remplacen a los de antaño y cambien
ansiedades de quienes temen al cambio.
“Es más fácil y menos sangriento practicar una suerte de estafa. Predique
el cambio todo lo que quiera, y hasta implemente reformas, pero cúbralas con la
reconfortante apariencia de hechos y tradiciones del pasado”.
Todo esto forma parte de lo que se conoce como cultura de la innovación.
Algo que no deben ignorar los funcionarios públicos, pues su
desconocimiento podría ser el argumento de una fracaso seguro. Corolario En los días por venir, seguramente, los parlanchines serán llamados a
cuentas… y a partir de entonces, usted lo verá, hablarán menos y podrían
ponerse a trabajar en serio. Em@il: jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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