No hay fecha aún definida para que el Congreso de la Unión reforme por enésima vez el artículo 115 constitucional...
Por: Juan Sánchez-Mendoza28/03/2010 | Actualizada a las 23:48h
La Nota se ha leído 1884 Veces
Los ayuntamientos ya no tendrán preventivos
El Gobierno estatal contaría con policía
única
EU tiene errónea apreciación de sus viciosos
Victoria, llena de ‘chocolates’; Hacienda no
ve
No hay fecha aún definida para que el Congreso de la
Unión reforme por enésima vez el artículo 115 constitucional, a fin de que la
seguridad pública municipal no sea más responsabilidad de los ayuntamientos,
sino trabajo exclusivo del Gobierno Estatal. Ello vendría a coadyuvar al saneamiento de las
corporaciones cuya corrupción tanto ha exhibido la delincuencia organizada en
los días más recientes, y, por consiguiente, derivaría en la creación de una
sola policía estatal. De cualquier forma y hasta donde sé, la Secretaría de
Seguridad Pública (SSP) prepara un proyecto encaminado a “limpiar” las
corporaciones policíacas que en Tamaulipas operan. En principio podrían aplicarse exámenes de evaluación a
todos los efectivos de la Policía Estatal Preventiva (PEP), policías
preventivas municipales, Policía Rural, Policía Integral y al personal de los
centros de readaptación social, a fin de relevar a los malos elementos que (se
compruebe) mantengan cualquier roce con el hampa. La medida, por donde quiera vérsele, resulta sana, pues
marcaría el inicio de un verdadero combate a la corrupción policial, y, por
consiguiente, daría un nuevo golpe a la delincuencia que tanto daño causa a la
sociedad en los más de dos mil municipios que existen en la República Mexicana. Con acciones como la aquí consignada, el gobernador
Eugenio Hernández Flores (igual) confirmaría que en Tamaulipas se ejerce
realmente una cruzada contra los transgresores de la ley; y que en tierra
cueruda no hay impunidad ni se encubre a nadie. Por si fuera poco, sé que el mandatario ha dado
instrucciones de combatir frontal, eficaz e incansablemente toda conducta
delictiva; erradicar la inmunidad; aplicar las estrategias planteadas para con
ellas elevar los niveles de seguridad; y que todos los cuerpos policiales, sin
distingo de ninguna índole, brinden el apoyo necesario a las instancias
federales en la realización de su trabajo contra la delincuencia organizada. Agresión yanqui La arrogancia con la cual Estados Unidos pretende
calificar la actuación de México en la lucha contra el narcotráfico, merece el
rechazo y la desaprobación unánime de nuestro pueblo y las autoridades
gubernamentales y legislativas, cuando menos, porque el tráfico de drogas
encuentra su origen precisamente en la enorme demanda de estupefacientes que
cotidianamente reclaman los viciosos allende el Río Bravo. Sin embargo el costo social y las consecuencias de la
“ley del narcomercado” y su solución pretenden endosarla a nuestro país,
que injustamente sufre problemas en materia de seguridad pública,
criminalidad, violencia y hasta desprestigio. Además resulta totalmente
reprobable identificar con las instituciones a los servidores públicos que de
manera individual sucumben ante la tentación de ganancias fáciles provenientes
del narcotráfico. El pueblo de México, por fortuna, se ha convertido en el
“pararrayos” que evita una mayor oferta de drogas para el ávido mercado
norteamericano. Véanse si no las estadísticas sobre los cientos de
toneladas de enervantes decomisados, destruidos e incinerados en los últimos
años; y compárense con el consumo doméstico. Más todavía: de manera dolosa el gobierno gringo ha
encontrado en las acusaciones sin fundamento un rico filón para presionar a
México porque está interesado de que sometamos nuestra soberanía a los dictados
de sus corporaciones policíacas como la DEA, CIA y FBI. ¿Y qué hace al respecto el Gobierno Federal? El poder de la información Una sociedad bien informada, como la nuestra, poco caso
hace a las injurias de quienes anhelan el poder que les está negado. Ya por no confiar en la oposición, o porque simple y
llanamente no está dispuesta a dejarse engañar, otra vez, con acusaciones
simplonas producidas al calor de la impotencia. Por ello esta ciudadanía bien informada, en lo sucesivo,
podría dar real sustento a la política y restarle poder a las camarillas, a la
filtración, al rumor y otros instrumentos de política arcaica. Los tamaulipecos ya no deseamos confusión. Todos merecemos estar enterados del alcance y los
objetivos de la acción gubernamental y de las acciones partidistas, para
enseguida dar lugar a interpretaciones responsables que remonten nuestra dañada
credibilidad. No para continuar confundidos, ni ser de nuevo presa
fácil del oportunismo que por siempre ha caracterizado a quienes son oposición,
al menos en el estado. Si usted ha observado en los últimos tiempos los aceleres
de quienes dicen mandar en los partidos Acción Nacional (PAN) y de la
Revolución Democrática (PRD), o de sus testaferros, arlequines, corifeos y
panegiristas, de inmediato se dará cuenta que sólo buscan desestabilizar a la
entidad. Por eso hay que frenarlos. Los “chocolates” La permanencia de vehículos extranjeros en territorio
nacional no es asunto privativo de Tamaulipas. Se da en casi todas las entidades del país, aunque
registra mayores índices en los estados fronterizos con la Unión Americana:
Tamaulipas, Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León. Refiero lo anterior porque según estimaciones de la
propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP), a lo largo y ancho de
la República Mexicana (1’ 972, 547 kilómetros cuadrados) circulan alrededor de
dos millones de vehículos “chocolates” irregulares (entre camionetas, camiones
y automóviles), y en el caso particular de Tamaulipas, se maneja una cantidad
superior a las 350 mil unidades. Estas cifras, sin embargo, no han podido corroborarse
porque las autoridades fiscales, como de costumbre, se muestran indolentes para
levantar un censo que nos permita conocer con mayor precisión de cuántos
vehículos irregulares estamos hablando; su procedencia, su verdadera situación
legal, y, por supuesto, en manos de quien están esos automotores que no han
sido decomisados aun cuando su presencia en el país es ilícita. Lo peor del caso es que la mayor parte de sus
poseedores no sabe manejar y menos conoce el reglamento vial, por lo que
cotidianamente provocan accidentes sangrientos y su chatarra es abandonada en
el lugar de los hechos. Sé de casos concretos en que conductores de “chocolates”
han atropellado motociclistas y peatones, se han impactado con casas-habitación
y comercios, además de otros vehículos de procedencia nacional y modelos
recientes, y en lugar de responder por su falta de pericia ante el volante, lo
menos que hacen es lloriquear su irresponsabilidad en busca de la conmiseración
humana que los saque del problema que ellos mismos ocasionaron, aunque lo más
grave es que enseguida de la colisión los poseedores de esos “chocolates”
abandonan la unidad y como viles cobardes huyen de la zona para no pagar su
delito. A muchos los puede ver en los estacionamientos de los
centros comerciales, pues suelen circular en sentido contrario, usar los
cajones destinados a los minusválidos y mujeres embarazadas y barrer con la
mira a los transeúntes que osan cruzarse en su camino. Sólo los inspectores de Hacienda no los ven. ¿Pa’ no
infraccionarlos o, de plano, evitar decomisarles la chatarra que por ley debe
recogérseles por ser evasores fiscales sorprendidos in fraganti? E-m@il golpeagolpe@prodigy.net.mx jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas