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La muerte necesita descansar…

Por: Rosa Elena González El Día Domingo 01 de Noviembre del 2026 a las 22:30

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La muerte llegó a Palacio Nacional. Tremendo susto les ocasionó a los moradores del edificio, que no supieron cómo reaccionar, pues aún no la mandaban llamar para que se llevara a uno que otro de los que llegan a ese lugar.

Oronda llegó la muerte, diciendo sus verdades, y quienes la mandaron a recorrer el país, cargando con todo lo que se encontrara a su paso, sin importar que se tratara de niños, jóvenes, civiles, militares o quienes fueran, no supieron qué hacer.

Enfurecida, la parca acudía a reclamar que no tenía descanso. Se quejaba de la falta de estrategias y sensibilidad que la obligan a trabajar tanto.

“También necesito descansar”, les dijo. “Ya estoy harta de deambular con pesadas cargas, día a día, minuto a minuto y sin pago alguno, ni siquiera con la satisfacción de que llevo conmigo almas necesarias, o almas negras y malas”, remató.

Acto seguido, la muerte sacó de entre su túnica una solicitud dirigida a los vivos. Antes de desatar su furia, pidió una tregua y reclamó cómo era posible que los funcionarios sí pudieran disfrutar de un megapuente mientras ella seguía trabajando.

Doña Calaca amenazó con afiliarse a la Cámara de Diputados para ver si los legisladores podían presentar una buena iniciativa de ley que le permitiera descansar y al país tener paz. Pero de inmediato se enteró de que en ese edificio tampoco se laboró, pues los legisladores ladinos cobran y descansan sin trabajar.

La muerte exige, como cualquier burócrata, que el Día de los Fieles Difuntos sea su día de descanso. Pero como todos en Palacio Nacional y en las sedes de gobierno estaban muertos del susto, no la escucharon ni prestaron atención a sus peticiones.

Por eso, enojada, amenazó con realizar un plantón y, si no atienden sus demandas, desatar la destrucción. Total, este país así se maneja: utilizan el poder para matar de hambre, mientras unos cuantos viven del chantaje.

Luego, ya serena, sin ser morena, pues ella no distingue ideologías ni credos, se sentó a matar el tiempo y, preocupada, leía un diario donde decía que era Día de Muertos.

Ella soltó una carcajada, pues sabe que en este país es Día de Muertos todos los días.

En fin, la situación es que hoy, 2 de noviembre, es el Día de Muertos y, sí, el mexicano es el único ser humano que le canta y le hace fiesta a la muerte. Se montaron monumentales y coloridos altares, y los panteones están llenos de gente que acudió a visitar a sus fieles difuntos.

Nuestro país sigue siendo rico en tradiciones, y una de las más fuertes, que ha cruzado fronteras y llamado la atención del mundo entero, es la veneración de nuestros difuntos cada 2 de noviembre.

Es el día en que se montan los altares de muertos para esperar, según la tradición, la llegada de las almas de aquellos que se adelantaron en el camino y que, en esa fecha, se llenan de regocijo al convivir con sus seres amados.

Cada pueblo tiene una manera especial de celebrar, pero todos tienen el mismo objetivo: recordar, alegrar, alimentar y convivir con el espíritu de familiares y amigos que ya no se encuentran en el mundo de los vivos.

Aunque, a decir verdad, ya no se sabe quiénes son los que están muertos: si aquellos cuyos cuerpos permanecen enterrados en un ataúd o quienes se sienten abandonados en la oscuridad de un destino incierto, enterrados en vida en sus propias casas o entre sus tragedias.

Anteriormente, las ofrendas se montaban en todos los hogares, desde el más humilde, que con alegría ofrecía comida, vino y fiesta, hasta aquellos donde el mariachi y los grupos norteños amenizaban la celebración.

Ahora es distinto. Hay familias, incluso de clase media, que quisieran tener lo suficiente para alimentar a sus integrantes, que les alcanzara para pagar la luz y el agua. Ya no hay para grandes altares ni grandes festejos.

Lo peor es que ahora también tienen temor de acudir a los panteones a visitar las tumbas de sus seres queridos, pues no saben si ahí se encontrarán con la misma muerte.

El México de los vivos es ahora el México de unos cuantos vividores. El resto ya se encuentra muerto en vida o muriendo poco a poco, y solo espera que el Día de Muertos la muerte tilica y flaca descanse.

Que le otorguen licencia para que no salga a recorrer calles y senderos y, si es posible, que regrese a su lugar.

También necesita descansar. Es necesario que duerma y no despierte hasta que DIOS necesite de alguien, y no porque los insensibles pongan a la calaca a trabajar a cada momento.

Rosa Elena González

Es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha colaborado con editoriales en El Mercurio.
Actualmente su columna Vida Diaria se publica en el Portal HOYTamaulipas y los periódicos La Verdad de Tamaulipas, Expreso, La Extra, La Voz de Tula, El Tiempo de Mante y Astronoticias, El Bravo de Matamoros y Canal 10

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