Por: Juan Sánchez-Mendoza11/11/2012 | Actualizada a las 22:22h
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Uno de los temas
que más preocupan a Barack Hussein Obama II, es el migratorio, tomando en
consideración que en la Unión Americana existen actualmente cerca de 12.5
millones de compatriotas “ya arreglados” o en carácter de indocumentados. Ese flujo
migratorio, sin embargo, no podrían frenarlo los muros de la muerte que se
levantan en la frontera sur de Estados Unidos, pues los latinos son gente osada
que se van de sus países de origen sin que les importe arriesgar la vida en su
búsqueda de trabajo. El tema obliga a
recordar que hace algunos meses, al realizar una visita a Tamaulipas, el mayor
de McAllen, Texas, Richard F. Cortez –el equivalente a alcalde mexicano--,
reconoció estar avergonzado de que su país erija muros para tratar de frenar la
inmigración, que en los últimos años se ha multiplicado considerablemente. “Lo que ocurre –dijo en aquella
ocasión--, es que Estados Unidos le tiene miedo al terrorismo, le tiene miedo a
la cuestión de drogas… (pero) ello perjudica las relaciones binacionales…”. De ahí que un
plano estrictamente personal insista, otra vez --como siempre lo he manifestado
cuando de abordar el tema se trata--, que es difícil, por no decir imposible,
que construyendo más muros a lo largo de su frontera con México la Unión
Americana pueda evitar el cruce ilegal de migrantes a su territorio. Lo prueba la
inutilidad de su barda metálica levantada en suelo californiano, frente a
Tijuana, por donde miles de indocumentados burlan cotidianamente a la Patrulla
Fronteriza en su “brinco” a San Isidro, de donde se trasladan a Chulavista para
luego internarse a San Diego, en su recorrido hacia Los Ángeles o San
Francisco. Aún así, se ha
insistido en amurallar los 3 mil 200 kilómetros de la frontera, pues para la
Casa Blanca es la única forma de aminorar el flujo migratorio estimado en cinco
millones de cruces ilegales anualmente. Esta posición
surgió luego de las manifestaciones de trabajadores de origen mexicano que
ganaron la calle para mostrar su repudio a la xenofobia mostrada por algunos
representantes y senadores gringos, y, por supuesto, en respuesta a las
millones de voces que acá de este lado se pronunciaron en contra de la
ignominia, que ni el mismo señor de Los Pinos supo cómo abordar en su momento,
en descargo de sus paisanos migrantes. Sin embargo Barack
Obama maneja el asunto con harto sigilo. Y más desde que
fue reelecto Presidente estadounidense con el apoyo de la comunidad latina. Autoridad burlada En el contexto de
la globalización y dada la cercanía de México con los Estados Unidos de
Norteamérica, el respeto a nuestra soberanía pasa a ser un asunto sólo de
derecho porque en el hecho bien sabemos que los gringos no respetan a México
como nación libre --aunque persiste la legítima aspiración de sobresalir y
dejar de ser un país del tercer mundo--, porque en la práctica ésta es burlada
una y otra vez por el imperialismo yanqui, so pretexto de las múltiples y variadas
relaciones establecidas de manera necesaria con sus vecinos cercanos y lejanos,
en aras de la conveniencia mutua. Ahora el clima de
violencia despierta el apetito intervencionista del Tío Sam. También existe una
serie de mecanismos e instituciones que se han consolidado en la era de la
globalización y están al servicio de las naciones ricas: el Banco Mundial (BM)
y el Fondo Monetario Internacional (FMI), por ejemplo. Estos organismos
marcan la pauta a seguir y son el brazo diplomático de la fuerza imperial. La
otra cara es la intervención abierta. Sometimiento México, no
obstante haber diversificado sus relaciones con las naciones del orbe a lo
largo de su historia, sigue moviéndose en la órbita estadounidense. Su condición de
país subordinado propicia que los “americanos” insistan en apropiarse de
nuestros recursos naturales, merced a su voracidad, a la vez que incrementan su
influencia sobre diversas áreas de la economía nacional. No se puede negar
que el mexicano es un pueblo dependiente de los vecinos del norte en
tecnología, inversión y comercio. De igual manera
estamos subordinados en lo que respecta a las importaciones de nuestros
productos primarios. Esto demuestra que
la balanza comercial es a favor, en mucho, de los gringos. Y lo peor del caso
es que ya exhibieron la tentación de querer intervenir en asuntos de política
interna y exterior, con el pretexto de la defensa de sus intereses –sobre todo
en lo que se refiere a la seguridad de sus compatriotas y de su territorio
mismo--, arrogándose así la facultad de ser árbitros de la “democracia y la
libertad” en cualquier parte del mundo, o de patrullar con sus fuerzas armadas
las zonas fronterizas más peligrosas de acá de este lado de su frontera sur. Es algo que
no toleramos los mexicanos, pese a las evidentes diferencias que existen entre
las fuerzas políticas que se mueven al interior del país. Con todo y los
tropiezos que tenemos y las evidentes carencias que impiden un justo desarrollo
a nivel nacional, al momento en que se percibe en riesgo la soberanía, la paz y
la libertad, las diferencias internas se atenúan y se antepone el interés
superior de México. Tampoco se puede
soslayar el hecho de que en casa tenemos fuerzas retrógradas que trabajan
denodadamente para entregar la plaza a intereses externos. Afortunadamente
son una minoría de apátridas que no han podido contaminar a la gran mayoría de
los mexicanos. Ante este
escenario se dará el encuentro entre Obama y Enrique Peña Nieto, a celebrarse
el próximo día 27 en Washington. Recortes presupuestales Por salud del propio sistema político
mexicano, el Gobierno Federal está obligado a reintegrar a los estados y
municipios los miles de millones de pesos que arbitrariamente les ha recortado.
Y no digamos los de años anteriores, sino del que está en curso. Sobre todo cuando esos recursos los
contempla el Presupuesto de Egresos de la Federación; y para los 2 mil 438
ayuntamientos de la República Mexicana significarían un soporte adecuado para
enfrentar la crisis económica sin necesidad de recurrir al endeudamiento con la
usura bancaria. Sin embargo las autoridades de la
Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP) no han dado visos de querer
resarcir el recorte y, por el contrario, avivan la crisis avalando incrementos
a la canasta básica, aun cuando en su acometida (contra el pueblo) aticen el
fuego de la hoguera que ya alcanza a Felipe Calderón Hinojosa. Por si fuera poco, los incrementos a
los precios de la leche y combustibles; los abusos en las tarifas de la
Comisión Federal de Electricidad (CFE); la despiadada persecución que contra
los empresarios realizan el Sistema de Administración Tributaria, el Instituto
Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el Infonavit, cuando menos, animan el
descontento hacia el Gobierno Federal, cuyos jerarcas torpemente sigue
agrediendo a los contribuyentes, como si ello resarciera el repudio en su
contra. Lo peor del caso es que hay un rumor
que empieza a cobrar fuerza, refiriendo la posibilidad de que a manera de
despedida Calderón Hinojosa autoriza ignominiosos incrementos a las gasolinas,
el diesel, el gas y la energía eléctrica. Sólo pa’ que no lo olviden. Em@il:jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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