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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Hablillas maliciosas

Por: Juan Sánchez-Mendoza

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07/11/2012 | Actualizada a las 22:47h
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo por más de tres décadas; es autor del libro “68. Tiempo de hablar” (que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); Premio Estatal de periodismo en dos ocasiones; escritor de los ensayos “Yo, chavo banda”, “50 años de sucesión presidencial” y “El avance de la ultraderecha en México”; reportero de investigación en medios impresos de comunicación masiva, desarrollando trabajos en toda la República Mexicana, Irlanda, Francia, Inglaterra, España, Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Cuba, Nicaragua, Jamaica y otros países, y desde 1997 radica en Tamaulipas, donde publica la columna “Golpe a golpe”, cuyo título rescata la vieja práctica de que cada letra significa, precisamente, un golpe… y no un impacto físico.


El rumor es un recurso utilizado por quienes suelen propagar versiones con la aviesa intención de distorsionar la realidad, pues sólo de esta forma los antropófagos contienen la rabia que les produce no acceder a las posiciones que por méritos propios les están negadas.
 
Es también, el rumor, un mecanismo de comunicación que se reproduce con rapidez entre los grupos formales e informales, llegando incluso a sembrar inquietud y, en ocasiones, obligando al afectado a desmentirlo públicamente.
 
Por lo general provoca inestabilidad y viene a llenar el vacío que genera la falta de información objetiva en torno a un trance o tema.
 
Su desplazamiento por el tejido social es paulatino --y en ocasiones efectivo--, por lo que una vez que ha prendido tiene que ser aclarado mediante una estrategia contundente que lo sitúe en su justa y real dimensión.
 
La fijación de los rumorólogos consiste en acuñar un mensaje o una serie de versiones que tengan consistencia y algo de credibilidad –hasta lógica, según sea el caso--, aunque partan de supuestos y sean contrarios a la verdad, ya que ellos tratan de ganar la atención de la opinión pública. De manipularla y hacerla copartícipe de sus intereses oscuros, sin el menor pudor de que en ello va implícito el engaño, porque es precisamente la hablilla malintencionada su mejor arma para buscar poder.
 
De ahí que los servidores públicos, políticos, operadores y profesionales de la comunicación, tengan que estar alertas ante cualquier expresión que falte a la veracidad y trate de dañar una imagen pública tergiversando los hechos.
 
Surgido de mentes perversas, el rumor se convierte en un arma que incluso puede llegar a afectar un proyecto político y a la persona que lo encabeza.
 
Habitualmente el rumor no tiene autoría en lo individual, pero se incuba y reproduce entre los grupos de interés que lo magnifican.
 
Sobre todo cuando se trata de nulificar a “la presa” y trazar una ruta hacia el logro de un propósito, normalmente relacionado con el poder.
 
De esta manera los funcionarios públicos son un excelente caldo de cultivo para que se propaguen verdades a medias o mentiras completas y fluyan de boca en boca hasta prender en el conjunto social.
 
Más cuando los caníbales desempleados van en pos de huesos con carnita pa’ tener ofrendas qué llevarle a su rey.
 
Eso lo saben y bien en Palacio.
 
Los “chaqueteros”
 
Sería deshonesto, desde cualquier punto de vista, que en este proceso electoral cinco de los siete partidos políticos (con registro oficial) buscaran complementar las fórmulas de candidatos con la pepena de priistas resentidos, como lo han hecho en justas anteriores para acceder a los ayuntamientos y estar representados en el Congreso local.
 
Es decir, con los escurrimientos que pudieran emanar del tricolor, merced a la frustración de quienes fracasen en su intentona de lograr las nominaciones codiciadas, ya sea por el camino de unidad o de consulta a la base.
 
Obviamente hablo de los partidos Movimiento Ciudadano, del Trabajo (PT), de la Revolución Democrática (PRD), Verde Ecologista de México (PVEM) y Nueva Alianza (Panal).
 
En el caso de quienes usufructúan efectivamente las dirigencias de estos membretes y hacia el exterior ya ofertan candidaturas, no podía esperarse menos. Y no porque bajo su mandato las estructuras de esos partidos que integran la mentada “chiquillada” han adolecido de trabajo político y sólo aparecen en la palestra en toda época electoral.
 
Fuera de esa coyuntura se la pasan en la güeva sin desarrollar ninguna otra actividad digna de tomarse en cuenta –aunque legal y moralmente estén obligados a mantener presencia constante con las bases que dicen representar--, hasta la víspera de otro proceso comicial.
 
Incluso, mientras llega el momento de animar la causa ciudadana con el propósito de capitalizar su participación en las urnas, los jerarcas y los escasas cuadros de esas organizaciones tampoco intentan arraigarse en el conglomerado social. Duermen el sueño de los benditos. Y si acaso realizan alguna gestión de beneficio colectivo, es porque los grupos que se echaron en sus manos los presionan hasta obligarlos a cumplir algo de lo que tanto prometieron cuando mendigaban su apoyo.
 
Llamando la atención
 
Algunas organizaciones conocen a la perfección la movida a realizar durante la época de invernadero político. Acostumbran meter su cuchara en las discusiones de los temas o problemas en boga y hacer ruido, a fin de proyectar ante la población una imagen distinta a su verdadero ser.
 
Incluso hasta se muestran como individuos congruentes, aguerridos y defensores permanentes de las causas que abanderan.
 
Por ello no resulta extraño que esa mentada “chiquillada” exhiba un marcado oportunismo a la hora de presentar trabajo.
 
Es decir, cuando debe mostrar a propios y extraños sus destacamentos y divisiones con los que aspiran alcanzar el triunfo electoral.
 
Sus jefes partidistas configuran planes y estrategias a partir de la fuerza de sus adversarios, cancelando así la posibilidad de brillar con luz propia y de ampliar el proyecto que defienden rumbo a la conquista del poder.
 
Bajo este entendido, tampoco es raro observar cómo al participar en un proceso electoral los guías partidistas tienden las redes esperanzados en atrapar peces grandes o pececillos, aunque estos no compartan su ideología, credo ni modo de hacer política.
 
De cualquier modo el plan a seguir tiene sustento en la búsqueda de alianzas interpartidistas. En la pepena. En los escurrimientos o rémoras que deja el partido grande, y, en menor medida, en la raquítica fuerza de que tanto hacen gala.
 
Cafres vs. Parapléjicos
 
Sé bien que en los estacionamientos privados Tránsito municipal no tiene injerencia, pero en el caso de los centros comerciales, hasta donde entiendo, existe un convenio para que los agentes viales realicen labores igual que en los estacionamientos de los inmuebles oficiales.
 
Pero en los municipios más poblados de Tamaulipas se da el caso de que los uniformados le temen tanto al influyentismo de los automovilistas que son incapaces de prohibir a estos utilizar los espacios reservados para los discapacitados.
 
En los estacionamientos de Soriana, GranD’, Wall Mart, Sam’s Club, los hospitales, aeropuerto, central camionera y otros espacios destinados al mismo fin, cuando menos, he observado falta de conciencia ciudadana, pues muchos abusivos conductores sin ningún impedimento físico –aunque sí mental, es obvio--, ocupan los cajones pintados de azul y visiblemente rotulados con el emblema de los discapacitados.
 
Afortunadamente un servidor no padece enfermedad alguna que me lleve a ocupar los espacios que le comento. Sin embargo al ver la ruindad de quienes por flojera sí lo hacen, no por estar impedidos físicamente, lo menos que pensé fue en su pobreza moral y, por supuesto, en las lesiones mentales irreparables que quizá, sin darse cuenta, padecen desde niños.
 
Em@il: jusam_gg@hotmail.com

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