Por: Juan Sánchez-Mendoza05/12/2011 | Actualizada a las 22:35h
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El electorado nacional de ningún modo
pretende encontrar en la boca de los aspirantes a la Presidencia de la
República y al Poder Legislativo una oferta de resultados mágicos. Pero sí un mensaje coherente que evidencie
compromisos viables y conocimiento acerca de la responsabilidad que éstos
habrían de atender si acaso lograran su propósito de instalarse en las carteras
que buscan con tanto ímpetu. Me explico: si se trata de combatir la
delincuencia, lo más indicado es que digan cómo planean hacerlo, pues no basta
con echarle la culpa a las instituciones o a las actuales autoridades, sino ir
al fondo del caso que amenaza la tranquilidad familiar tanto en las zonas
fronterizas como en el centro y sur del país. Por tanto, el reclamo ciudadano es vigente
y válido, en virtud a que han transcurrido administraciones presidenciales y
legislaturas federales sin que se puedan desterrar los vicios en el ejercicio
del poder, dada la incapacidad de los funcionarios que justifican su ineficacia
arguyendo no haber tenido tiempo suficiente para lograrlo. Igual es entendible que la población se
sienta agraviada y exija algo más que su buena y noble voluntad, ya que de
promesas está cansada. Merced a lo anterior, el cuestionamiento es
elemental: ¿Por qué la gente tiene que creerle a tal o
cuál aspirante, si en más de una ocasión ha escuchado brillantes piezas
oratorias sobre la problemática que sufre y al respecto, en el mejor de los
escenarios, poco se le resuelve? La turbulencia Hoy, como ayer, a la incredulidad ciudadana
contribuye (sin lugar a dudas) la terquedad de quienes aspiran al poder y
pretenden devastar lo que ahora construyen los funcionarios federales que por
cierto enfrentan el último año de su gestión. De ahí que la continuidad sólo resulte
discursiva, al menos hasta la fecha, y en lo que respecta a los planes de largo
alcance, estos pasan a engrosar el archivo de los sueños milenarios. Por eso y por mucho más, los aspirantes
están obligados a emplearse a fondo y establecer sólidos compromisos con los
grupos sociales, en vez de enfrascarse en un intercambio de acusaciones y
descalificaciones que sólo enturbian el panorama electoral. Si no quieren ser disciplinados en las
contiendas interpartidistas, que no lo hagan, porque lo más importante, ahora,
es ir al encuentro con las comunidades que buscan representar y escucharla, a
fin de cumplir con la obligación de mostrar en público sus proyectos. Justamente eso es lo que podría inclinar la
balanza el día de las designaciones. Por tanto, no basta con privilegiar la
cultura del pendón, los mensajes cortos en medios electrónicos o andar como
saltimbanqui, de un lado a otro, haciendo como que se está en precampaña de
posicionamiento, pues las candidaturas no están en juego y ello seguramente así
lo saben, sino definidas. Sería irresponsable pasar por alto el hecho
de que las estructuras partidistas que soportan a los contendientes son
bastante limitadas, bajas en mística y viciadas, debido a la contaminación
pragmática que les endilga el sistema de control “institucional”. Y es que nadie en su sano juicio puede
ignorar que, en conjunto, los individuos que deciden pertenecer a un partido
político con dificultad llegan al 10% del electorado total –está comprobado--,
aun cuando hagan alarde de su posicionamiento mediático. Ello significa que el grueso de los
ciudadanos no ha encontrado la suficiente motivación para expresar su
pertenencia hacia algún membrete de los que participan en el actual proceso electoral. La experiencia también señala que las
tendencias que permanecen latentes e inactivas, una vez que palpan la mentira y
el engaño o la seriedad y justeza de las propuestas, salen de la pasividad e
imponen su voluntad en las urnas. Recomendación Aún es tiempo de que los partidos políticos
y todos los aspirantes a la silla presidencial y al Congreso de la Unión eleven
la mira y expresen con claridad cómo y cuándo piensan transformar la
problemática actual. Ellos tienen la palabra y la obligación de
hacerlo. No hay de otra, si es que juegan a
convencer y ganar. El triunfalismo, la perversión, el
sectarismo y las bravuconadas, así como la tentación manipuladora, deben quedar
al margen. Y es que la
sociedad, más que circo y pan, merece respeto. Los protagonistas El protagonismo es característica inherente de los sujetos
obsesionados en mostrarse como las personas más calificadas y necesarias para
desempeñar cierta actividad --independientemente de que posean o no méritos que
así lo justifiquen--, y esa misma actitud protagónica los hace sentirse dueños
absolutos de la verdad. Pero el protagonismo también es una enfermedad que padecen los
que no pueden ni quieren reconocer más talento que el suyo, por estar casados
con su misma persona y enamorados, hasta el paroxismo, de sus atributos y
cualidades. Hago esta referencia porque cuando un ser protagónico está
cierto de que la posición anhelada no le será concedida padece una doble crisis
moral, pues mientras sopesa irse a la oposición o abandonar por completo su
carrera política (como militante efectivo de algún partido) para refugiarse en
el ostracismo, se plantea a sí mismo la oportunidad de sabotear a quienes cree
enemigos, por el simple hecho de que estos se niegan a secundarlo en la
satisfacción de su voracidad. Un claro ejemplo lo podemos observar en las filas del Partido
Revolucionario Institucional (PRI), donde muchos aspirantes a las candidaturas
al Congreso de la Unión se creen con méritos suficientes para adjudicarse los
primeros lugares en los roles que ya elabora Lucino Cervantes Durán. Otros le apuestan a la imposición, y algunos más son los que
empujan y pujan por rescatar del ostracismo a ciertos emisarios del pasado,
pues en ellos fincan sus anhelos y probabilidades. De cualquier forma habrá berrinches en cuanto más cercana esté
la fecha de definir las candidaturas. O sea, entre hoy y enero del 2012. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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